Johnson cree que la salida de la UE no resolvería los problemas de Reino Unido

El alcalde de Londres apoya la decisión de Cameron de basar la relación del país con Europa en el "libre comercio y la cooperación política"

El alcalde de Londres, Boris Johnson, en una conferencia en la capital británica el pasado jueves. / S. ROUSSEAU (AFP)

Boris Johnson, alcalde de Londres y figura ascendente del Partido Conservador, advierte en su habitual columna en el diario The Daily Telegraph que abandonar la Unión Europea no resolvería los problemas que tiene Reino Unido. Aunque no se pronuncia específicamente ni por la permanencia británica ni por la salida, Johnson subraya que el hecho de no pertenecer al euro significa que Gran Bretaña “ya no puede decir que está en el corazón de Europa” y apoya la posición del primer ministro David Cameron de renegociar la posición británica en la UE para basarla fundamentalmente en “libre comercio y cooperación política”.

La posición de Johnson tiene peso específico porque la debilidad de Cameron y su creciente impopularidad tanto en el ala derecha del partido como entre un amplio sector de votantes conservadores le ha convertido en una alternativa cada vez más creíble al liderazgo del actual primer ministro.

Los conservadores llevan meses desestabilizados por el debate europeo y esa inestabilidad se ha acrecentado con los sucesivos éxitos electorales del Partido para la Independencia de Reino Unido (UKIP). Sobre todo después de que esta formación de corte populista, que defiende la retirada británica de la UE y restringir de forma drástica la inmigración, obtuviera la cuarta parte de los votos en las elecciones municipales del 2 de mayo.

Dos ministros de gran peso específico, el titular de Defensa, Philip Hammond, y sobre todo el de Educación, Michael Gove, uno de los ideólogos de las posiciones centristas de Cameron, han declarado en sendas entrevistas este fin de semana que si hubiera hoy un referéndum votarían por la salida de Europa. En puridad, sus declaraciones están dentro de la ortodoxia del propio Cameron, que ha puesto en marcha un proceso de negociación con Bruselas con el compromiso de poner el resultado de esa negociación a referéndum en 2017. Un plan que los dos ministros apoyaron y cuya conclusión lógica es que incluso Cameron apoyaría la retirada si las negociaciones fracasaran, que es lo que los ministros han venido a decir.

Sin embargo, el hecho de que dos pesos pesados del Gabinete se declaren partidarios de abandonar la UE da una deplorable imagen de división y confirma la enorme influencia que el auge del UKIP está teniendo en la dinámica interna de los conservadores, que llevan ya un cuarto de siglo consumidos en sus querellas acerca de Europa.

Esa imagen de división se va a reforzar el miércoles, con la votación en los Comunes de una enmienda presentada por una cincuentena de diputados conservadores que se oponen al programa legislativo anual del Gobierno porque este no incluye una propuesta de ley para legislar ahora sobre el referéndum europeo aunque este no se celebre hasta 2017. El ministro Gove ya ha adelantado que se abstendrá, una opción para los miembros del Gabinete a la que Cameron ha dado su visto bueno. Los diputados tienen libertad de voto y se espera que la enmienda tenga el apoyo de un centenar de conservadores, aunque no tiene posibilidades de prosperar porque no tiene el apoyo ni de laboristas ni de liberales-demócratas.

Boris Johnson se declara también partidario de legislar ahora “para asegurar que el referéndum saldrá adelante”. En su artículo, elabora una rápida lista de razones para quedarse y para marcharse de la UE. Entre las primeras cita la inversión extranjera directa, la capacidad de influir en la aprobación de las regulaciones del mercado interior, la influencia global y la forma en que Reino Unido es percibido en el mundo.

Entre las ventajas de la marcha cita el ahorro de dinero público, la recuperación de la soberanía, el poder de hacer de nuevo leyes propias y el hecho de que “ya no podremos culpar a Bruselas” de las carencias del país. Y asegura que esa última es quizás la más importante de las ventajas porque obligaría a los británicos a reconocer que sus problemas no vienen de Europa sino que en realidad son consecuencia “del cortoplacismo crónico británico, gestión inadecuada, pereza, falta de talento, una cultura de gratificaciones fáciles y baja inversión tanto en capital humano y físico como en infraestructuras”. “¿Por qué somos uno a uno menos competitivos que los alemanes? Esa es una pregunta que tiene ya más de cien años y la respuesta no tiene nada que ver con la UE”, advierte.

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