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Urnas bajo llave en Guinea Ecuatorial

El partido de Teodoro Obiang Nguema arrasará el domingo en las elecciones legislativas, donde la oposición sigue amordazada y vive en la pobreza

El presidente de Guinea ecuatorial Teodoro Obian Ngema, en una inagen de enero de 2012 durante una visita a Uganda REUTERS

Sin bienestar, ni libertades, Guinea Ecuatorial sufre penurias desde que los barcos negreros del siglo XVI zarparan hacia las plantaciones americanas con las bodegas abarrotadas de esclavos bantúes y, medio milenio después, dos dictadores locales les tomaran el relevo. La excolonia española (1778-1968) recauda anualmente billones de euros en ingresos petroleros, pero el 70% de sus 720.000 habitantes viven pobremente y sometidos al látigo del dictador de los últimos 34 años, Teodoro Obiang Nguema, cuyo movimiento, el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), arrasará hoy en las nuevas elecciones legislativas y municipales, convocadas para aparentar democracia. EE UU, Reino Unido, Francia, Noruega o España toleran o destacan los “avances” del totalitarismo familiar hacia la democracia a cambio de concesiones petroleras o de asiento en la lista de espera.

Las urnas ratificarán la aplastante victoria oficialista en la disputa por los 100 diputados de la Cámara de Representantes del Pueblo, 334 concejales de ayuntamientos y, por primera vez, 55 de los 75 miembros de Senado, la nueva Cámara creada tras la reforma Constitucional de 2011. Los 15 escaños restantes serán asignados por Obiang. La convocatoria a elecciones cumple con el ritual de la dictadura de simular pluralismo político. En la consulta del cuatro de mayo de 2008, el pluralismo fue éste: el PDGE obtuvo 99% de los diputados. Una agrupación de partidos comparsa y dos grupos prudentemente opositores, Convergencia para la Democracia Social (CPDS) y Acción Popular de Guinea Ecuatorial (APGE), socialdemócratas, participan en unos comicios precedidos por el hostigamiento y las detenciones.

Todo está atado y bien atado en Guinea Ecuatorial, pues no en vano Teodoro Obiang, de 72 años, es un experto en candados desde sus años de carcelero jefe en la prisión de Playa Negra y en la Guardia Nacional, bajo la tiranía de su tío Francisco Macías, a quien derrocó y fusiló en 1979. El sátrapa, que había aterrorizado al país durante 11 años, huyó a la selva y fue perseguido y capturado como una fiera. Las detenciones, torturas, asesinatos y saqueos fueron tan brutales que el país independizado de España en octubre de 1968 fue llamado el Auschwitz africano. Obiang, que tenía 37 años y dirigía la guardia de Macías, llamó a su sublevación “un golpe de libertad”.

Una agrupación de partidos comparsa y dos grupos prudentemente opositores, Convergencia para la Democracia Social y Acción Popular de Guinea Ecuatorial , socialdemócratas, participan en unos comicios precedidos por el hostigamiento y las detenciones

Aquel sarcasmo se ha perpetuado en un país políticamente analfabeto, lastrado por la corrupción y el injusto reparto de una renta por persona cercana a los 25.000 euros anuales que de poco sirve al guineano de a pie. Hace cuatro años, sus penosas realidades fueron observadas por este periodista en Malabo, Bata y otras poblaciones al hablar con habitantes visiblemente recelosos cuando se referían a su incomunicación y precaria existencia, o al señalar hostales y apartamentos supuestamente propiedad de la familia presidencial. “Por favor, hable bajo y no haga fotos. Por aquí se paseaba Teodorín [el hijo mayor de Obiang] en Ferrari”. La plutocracia y ciudadanía afecta al régimen era identificable por su capacidad adquisitiva y la guayabera con la imagen del presidente; también por la jactancia en la defensa del oficialismo y la suspicacia cuando el blanco extranjero inquiría sobre algún detalle. Ese 5% privilegiado vive con estándares suizos.

Las elecciones de hoy se desarrollarán sin periodistas, ni observadores internacionales fiables porque no se expiden visados a los testigos incómodos. Cuando se solicitan, el silencio administrativo o la mentira suelen ser las fórmulas elegidas para negarlos. Hace dos años, un equipo alemán de la ZDF fue detenido y todo su material borrado mientras filmaba un concierto. El objetivo no era el concierto sino la entrevista con un abogado disidente y la grabación de niños chabolistas. Los periodistas fueron expulsado porque habían recibido permiso solo para grabar a mujeres futbolistas en Guinea, el subterfugio de la productora para conseguir visado.

En la consulta del cuatro de mayo de 2008, el pluralismo fue éste: el partido del dictador obtuvo 99% de los diputados

Algunas llamadas telefónicas a Malabo y Bata bastan para comprobar que, más allá de la creación de una nueva Cámara parlamentaria, poco ha cambiado en la excolonia donde Manuel Fraga cazaba palomas, y a la que los exministros españoles José Bono y Miguel Ángel Moratinos viajan con cierta frecuencia en representación de empresas interesadas en concesiones petroleras, forestales o de otro tipo. Para conseguirlas, los cabilderos foráneos a sueldo de los consorcios silencian las críticas, ríen las gracias del dictador y aplauden sus intervenciones. Al igual que en 2008, un padre de cinco hijos dice que hoy votará para conseguir el certificado que lo acredita. El cartoncillo oficial recoge nombre, apellidos y domicilio del votante. “Lo llevo siempre en el coche porque lo suelen pedir en los controles militares. Si no lo llevas, puedes perder una beca, el trabajo si eres funcionario, o puedan multarte o pedirte dinero para dejarte ir”.

Y como a Obiang y a sus multimillonarios hijos les disgusta su reputación, contratan agencias de relaciones públicas y consultoras de alcantarilla para hostigar a quienes les denuncian. Una profesora de periodismo española cobró por “demostrar” que la investigación de un reportero de este diario sobre la corrupción del régimen no se ajustaba a las exigencias profesionales sobre juicios de valor, identificación de fuentes, etcétera. La docente objetó el formato de la investigación, pero no el dinero recibido de manos de una consultora asociada a la dictadura.