Los jóvenes del Parque Gezi

Gezi y la plaza Taksim se han convertido en lugares festivos, donde turcos de diferentes edades, orígenes y actitud política y religiosa exigen juntos la dimisión de Erdogan

Engin Onder, de 22 años, es uno de los activistas que ha distribuido información de las protestas a través de la red

Cae la tarde en el Parque Gezi en el centro de Estambul y Gokce Gunac, una joven de 27 años, se toma un descanso. "Al principio, fuimos tres o cuatro, vimos que la gente tenía hambre, pusimos algo de dinero y compramos simits (roscas de pan) y las repartimos", relata con voz cansada. Eso fue el sábado de la semana pasada y, desde entonces, Gunac dice que apenas ha dormido dos o tres horas al día.

Hoy, un núcleo de 15 personas y otros voluntarios que vienen y van administran el mayor puesto de distribución de comida, bebida, medicinas y otros productos en Gezi. Tienen mesas, sillas, paredes y techo de campamento y hasta cuatro frigoríficos que funcionan de noche con la electricidad del alumbrado público. Alrededor, miles de personas han ocupado y convertido el parque en un festival. En este puesto, también reparten cepillos de dientes e incluso ropa interior nueva, y tienen una lista de casas de la zona donde los acampados pueden ir a ducharse.

Todo empezó aquí, un pequeño espacio verde junto a la emblemática Plaza Taksim, centro del Estambul moderno, rodeada de hoteles y comercios y donde empieza la Avenida Istiklal, llenísima de bares, tiendas, restaurantes y turistas que la recorren a todas horas. El lunes 27 de mayo, unos pocos activistas organizaron una sentada en Gezi para protestar por su demolición y conversión en una zona comercial. A la mañana siguiente, la policía los desalojó violentamente, lo que hizo que durante el día acudieran más activistas, que de nuevo la policía expulsó con fuerza.

La tensión fue en aumento y explotó el viernes 31 de mayo, cuando miles de personas tomaron las calles para protestar contra la violencia policial y el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan. Los manifestantes intentaron ocupar Taksim y Gezi y los agentes antidisturbios realizaron cargas y usaron cañones de agua y enormes cantidades de gas lacrimógeno. Durante horas, el centro comercial de Estambul recordó a una zona en guerra hasta que el sábado por la tarde la policía se retiró de la zona.

Miles de personas han  ocupado y convertido el parque en un festival. En este puesto, también reparten cepillos de dientes e incluso ropa interior nueva, y tienen una lista de casas de la zona donde los acampados pueden ir a ducharse.

"Ocupamos el parque inmediatamente", cuenta Gunac, que participó en las protestas esos dos días, sufrió el gas y asegura que un policía le pegó cuando por la noche ella quería volver a casa. En unas horas, Taksim y Gezi fueron tomados por miles de personas, que también levantaron grandes barricadas, algunas con vehículos quemados, para cortar los accesos al parque y la plaza.

Gezi y Taksim se convirtieron en lugares festivos, donde turcos de diferentes edades, orígenes y actitudes política y religiosa exigen juntos la dimisión de Erdogan. Pero la mayoría son como Gunac: jóvenes educados y de clase media urbana que se unieron espontáneamente a las protestas y no han articulado una serie clara y unitaria de demandas. "Sabemos que no va a ocurrir (la dimisión de Erdogan), así que aquí estamos, disfrutando el momento, sabemos que esto es algo bueno, estamos todo juntos pero, ¿y luego qué? No lo sabemos", resume Gunac, que es estudiante de Periodismo y miembro del equipo nacional de esgrima.

El detonante fue la violencia policial contra los activistas de Gezi pero la razón de fondo que aducen los ocupantes del parque es el "autoritarismo" del Gobierno y especialmente del primer ministro Erdogan. Un ejemplo repetido por los manifestantes es la falta de libertad de prensa en el país. El Comité para la Protección de los Periodista y Reporteros Sin Fronteras denuncian que 47 periodistas están encarcelados en Turquía debido a su trabajo, oficialmente más que en ningún otro país del mundo. Durante los dos primeros días de protestas y violencia policial, los grandes medios turcos apenas informaron del asunto.

"Yo vi un par de tuits de fuentes creíbles, cogí un taxi y me vine", recuerda Engin Onder, un publicista de 22 años y miembro de la organización 140journos, que distribuye información a través de la red social Twitter. "Verificamos toda la información: nuestros dos criterios son que la persona que informa esté en el lugar donde están ocurriendo los hechos y que lo haga en tiempo real", explica Onder.

El detonante de las protestas fue la violencia policial contra los activistas de Gezi, pero la razón de fondo que aducen los ocupantes del parque es el "autoritarismo" del Gobierno y especialmente del primer ministro Erdogan

Tras el bloqueo informativo de los medios tradicionales, los jóvenes de Estambul y otras ciudades turcas recurrieron a fuentes como 140journos para recibir información creíble sobre las protestas. "Veo este parque como la encarnación de Twitter", dice Onder señalando a su alrededor. "La gente retuitea la información que les llega, responde a ella, se guarda lo que le gusta en favoritos…"

"Pero tengo tanta ansiedad que ni siquiera estoy disfrutando el momento", contiúa Onder, cofundador del Instituto para Mentes Creativas, que creó 140journos, y que como otros cientos de personas ha acampado en Gezi. "El escenario más realista es que la policía intervenga en el parque y la gente se enfade aun más y se enfrenten. Sería un error, pero ya ninguno de los dos bandos está actuando racionalmente".

Aunque la policía se retiró de la plaza y el parque, los enfrentamientos continuaron en otras ciudades del país y también en la zona de Dolmabahce en Estambul, donde Erdogan tiene su oficina. Otro grupo de jóvenes llega al parque precisamente desde Dolmabahce. "Somos médicos, bueno, estudiantes de medicina, venimos de ver cómo estaba la situación", explica con una sonrisa uno de ellos mientras se instala en una clínica-campamento que han montado en Gezi. "Espera, ¿vas a publicar mi nombre y mi foto? No, estoy en la universidad, podría tener problemas", dice entonces. Finalmente acepta dar sus iniciales, U.D., su edad, 26 años, y su origen, kurdo, y sólo accede a posar para una foto con la máscara de gas que lleva desde hace días.

"Todos en el Gobierno deben marcharse, todos en el AKP (el gobernante Partido para la Justicia y el Desarrollo) son iguales", dice U.D., que durante la entrevista se levanta varias veces para dar medicinas y para atender a una chica que se ha hecho daño en el tobillo. El Parlamento, en el que el AKP tiene mayoría, aprobó hace unas semanas una ley que limita la promoción y el consumo de alcohol. Ésta es las más reciente de varias iniciativas que muchos en Turquía, sobre todo los jóvenes, ven como un intento del Gobierno de modelar la sociedad de acuerdo con la agenda conservadora e islamista moderada del AKP.

"Antes, la gente en Turquía no estudiaba, no leía. En estos 10 años, Erdogan hizo cosas buenas para el país, lo ha desarrollado. Nuestra generación, todos estudiamos, todos leemos", comenta pragmáticamente U.D. "El 70 por cien de la gente en Turquía es gente joven y los jóvenes no queremos que nos cambien nuestro estilo de vida".

Avanza la noche y, precisamente, el alcohol es un elemento muy visible en el parque, donde también hay música, baile, puestos de kebabs (carne a la brasa), bibliotecas y pantallas al aire libre para ver la televisión o películas.

"El Gobierno lo jodió completamente, no teníamos derecho a expresarnos democráticamente. Erdogan llamó a todos los que están aquí çapulcu (vándalo, vago, en turco) y eso fue un error. Yo he visto por aquí a profesores, a escritores, a artistas…", asegura Isa Saglam, un realizador cinematográfico de 29 años, sentado junto a su tienda de campaña. Los manifestantes han convertido "çapulcu" en un nuevo verbo y Saglam lleva una camiseta que, en inglés, dice: "Me paso el día chapuleando". Según la web Urban Dictionary, chapulear significa "resistir la fuerza, pedir justicia, buscar lo que uno cree que es lo correcto".

"Hace dos días era una noche religiosa y en el parque no hubo alcohol, quisimos demostrar cómo todos somos iguales, los que beben y las mujeres que llevan velo", continúa Saglam mientras una chica pasa ofreciendo té y galletas. Más tarde, un chico ofrece cigarros, todo gratis.

Preguntado sobre cuáles son sus demandas como manifestante, Saglam tiene que pararse a pensar: "Primero, no quiero tener miedo de la policía. Segundo, quiero oír canciones kurdas en la radio. Soy turco, pero los kurdos tienen derecho a oír su idioma y su música. Quiero que las mujeres con velo y los jóvenes que beben puedan estar juntos. Y por supuesto le diría al primer ministro (Erdogan) que por favor haga chistes y bromee en sus discursos".

En el horizonte ya se adivinan los primeros rayos de sol y cientos de personas siguen hablando, bebiendo, comiendo y bailando en el Parque Gezi. También se ve un amago de pelea. En el mayor puesto de distribución de alimentos y otros productos, Gokce Gunac no ha dormido y está ahora cortando sandía y ofreciendo tajadas a los que pasan, aunque bromea y dice que quizá sería mejor guardarlas para usarlas como armas para cuando vuelva la policía. Algo más tarde, se oye la llamada a la oración desde las mezquitas más cercanas y el cielo sigue aclarándose. Empieza otro día en el Parque Gezi en el centro de Estambul.

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