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El reformismo resiste bajo las cenizas

La dura represión del régimen iraní ha laminado protestas y críticas públicas

El deseo de cambio sobrevive y el activismo se traslada al ciberespacio

Partidarias de Hasan Rohani, candidato moderado a la presidencia, en un mitin en Teherán.
Partidarias de Hasan Rohani, candidato moderado a la presidencia, en un mitin en Teherán. AFP

Hace cuatro años, una marea verde inundó las calles de Teherán y otras ciudades de Irán. Con ese color como bandera, y para sorpresa de la nomenclatura, un primer ministro de los albores de la República Islámica, Mir-Hosein Musaví, logró aglutinar el deseo de cambio de amplios sectores de la población iraní ante las elecciones presidenciales. Pero el entusiasmo se transformó en rabia cuando, la misma noche de los comicios, las autoridades dieron por ganador a Mahmud Ahmadineyad. El Movimiento Verde, como se conoce a la variopinta coalición que respaldó a Musaví, contestó los resultados durante meses. ¿Dónde están hoy sus simpatizantes? ¿A quién van a votar el próximo 14 de junio?

“Ya no hay protestas en las calles, pero las ideas, los deseos de cambio, siguen vivos a la espera de otra oportunidad para manifestarse”, asegura el periodista Roozbeh Mirebrahimi, en conversación telefónica desde Nueva York.

“La represión silenció ONG, periódicos, páginas de Internet y detuvieron a los activistas o les amedrentaron para que estuvieran calladitos. Incluso por hacer comentarios en Facebook o en webs. No ha quedado el más mínimo espacio para la crítica. Todos hemos oído hablar de las torturas en la cárcel”, explica por su parte desde Canadá Nasrin Afzali, también periodista y defensora de los derechos de la mujer. A sus 34 años, Afzali y Mirebrahimi son dos de los numerosos miembros de la Generación J (nacidos bajo Jomeini y educados bajo Jamenei) que se han visto obligados a abandonar Irán por sus inclinaciones reformistas. Su voto hizo presidente a Mohamed Jatamí en 1997. Luego, se desencantaron por la lentitud y falta de calado de sus reformas, pero cuando le relevó Ahmadineyad, comprendieron lo que sus ocho años de Gobierno habían significado y quisieron recuperar la esperanza bajo la enseña verde que agitaba Musaví.

La principal preocupación no es la falta de democracia sino el paro, la inflación y el precio de los alquileres

“El Movimiento Verde está abrumadoramente frustrado. Nadie está satisfecho con la situación económica o política, pero no hay espacio para mostrarlo. Existe bajo la superficie”, concurre Omid Memarian, un analista iraní que optó por el exilio nada más conocerse el triunfo de Ahmadineyad en 2005 y tras haber pasado 55 días en una celda de aislamiento por su actividad como bloguero. Memarian, de 40 años, no duda en afirmar que “Irán se ha convertido en un estado policial”.

Como resultado, el activismo se ha trasladado al ciberespacio. Todos ellos forman parte de una red informal que intenta mantener viva la llama reformista informando de los abusos que sus colegas dentro de Irán no pueden denunciar, y difundiendo esa labor anónima y arriesgada. “Internet y las redes sociales son nuestro principal instrumento de trabajo. Estamos en contacto con colegas, amigos y familiares. Cada uno tenemos 10.000 o 12.000 seguidores, así nos mantenemos al tanto y tomamos el pulso de la situación”, confía Mirebrahimi.

Gracias a esas conversaciones saben que las sanciones han agravado las dificultades económicas de sus compatriotas durante los cuatro últimos años. Ahora, la principal preocupación no es la falta de democracia sino el paro, la inflación y el precio de los alquileres. Pero los activistas que se han quedado dentro de Irán viven atemorizados. Así que ninguno de los entrevistados espera que el malestar vaya a reflejarse en manifestaciones como las de hace cuatro años.

“La intensa represión de estudiantes, periodistas y sociedad civil hace muy difícil que la gente se exprese”, señala Memarian. Sin olvidar, la ausencia de líderes. Tanto Musaví, como su mujer, Zahra Rahnavard, y Mehdi Karrubí, siguen bajo arresto domiciliario aunque no se han presentado cargos contra ellos. El expresidente Jatamí no puede salir del país y tiene limitada su capacidad para reunirse con simpatizantes y colaboradores.

El régimen ha prevenido de antemano la posibilidad de un candidato fuerte que ilusione a los ciudadanos

Además, coinciden, el régimen ha prevenido de antemano la posibilidad de un candidato fuerte que pudiera ganarse un gran apoyo de los votantes. El veto a que el expresidente Ali Akbar Hachemi Rafsanyani vuelva a concurrir a las elecciones constituye para ellos la prueba de que los gobernantes temen la fuerza subyacente del Movimiento Verde. Para Afzali, los numerosos gestos de apoyo que suscitó la candidatura de Rafsanyani “mostraron que la gente aún tiene esperanza”. Pero, como apunta Memarian, las autoridades “no se han arriesgado a que hubiera una alternativa viable en la campaña para evitar otro Jatamí, o incluso otro Ahmadineyad”.

Aún así, residentes en Teherán cuentan que han empezado a aparecer grafitis verdes y la V de la victoria que se convirtió en su signo en algunas paredes. También durante un mitin electoral de Hasan Rohani, varios jóvenes gritaron eslóganes a favor de Musaví. Al menos seis fueron detenidos.

Los dirigentes reformistas estudian estos días cómo responder a las elecciones. Solo Afzali considera que hay alguna posibilidad de que se repita el fenómeno Musaví y que “los simpatizantes reformistas voten por quien obtenga el apoyo de Jatamí, quien todavía es respetado y escuchado”. Sin embargo, Mirebrahimi descarta que “ningún candidato pueda representar a los reformistas o al Movimiento Verde”. En opinión de Memarian, tampoco es verosímil que “el voto de Rafsanyani vaya a ir a Rohani o a Aref”, los dos presidenciables aprobados que tuvieron cargos durante el mandato de Jatamí. ¿Y boicotear los comicios? Ninguno cree que funcione. Por un lado, mucha gente necesita el sello que obtiene al votar para mantener sus becas de estudios o su trabajo. Por otro, como recuerda Mirebrahimi, el régimen ha reducido esa posibilidad “convocando, por primera vez junto a las presidenciales, las elecciones a los consejos municipales que son muy importantes a nivel local”. Además, el movimiento tampoco es homogéneo. “Quienes boicotean, esperan que se les oiga, pero las autoridades iraníes ignoran a quienes se abstienen. Así que conviene ser lo más activos posible y utilizar la campaña para hacer oír nuestras voces aunque no tengamos candidato”, opina Afzali.