Fichaje estrella en el valle de los espías

La NSA campa a sus anchas por Silicon Valley: invierte de forma secreta en empresas, compra equipos y servicios, capta ‘piratas’

En 2010 reclutó al jefe de seguridad de Facebook

John Negroponte, en la Agencia Nacional de Seguridad, en 2006. / Jason Reed

Cuando Max Kelly, el responsable principal de seguridad de Facebook, dejó la empresa de la red social en 2010 no fue a trabajar a Google, Twitter ni otra compañía similar de Silicon Valley. El hombre responsable de proteger la información personal de los más de mil millones de usuarios de Facebook contra ataques externos fue a otra institución gigantesca que procesa y analiza un inmenso volumen de datos: la Agencia Nacional de Seguridad (NSA).

El traslado de Kelly, que hasta ahora no se conocía, pone de relieve los lazos cada vez más profundos que existen entre Silicon Valley y la agencia de espionaje, y lo similares que son sus respectivas actividades. En ambos casos se buscan maneras de recopilar, analizar y utilizar enormes volúmenes de datos sobre millones de estadounidenses. La única diferencia es que la NSA lo hace para obtener información y Silicon Valley para ganar dinero.

Silicon Valley tiene lo que quiere la agencia de espionaje: enormes cantidades de datos privados y el software más avanzado para analizarlos. A su vez, la agencia es uno de los mayores clientes de Silicon Valley en lo que se conoce como análisis de datos, uno de los mercados que más está creciendo en el sector. Para tener acceso a la última tecnología informática y poder manipular y aprovechar esos grandes volúmenes de datos, los servicios de inteligencia de Estados Unidos invierten en empresas emergentes en Silicon Valley, otorgan contratos secretos y contratan a expertos en tecnología como Kelly. Dice Ray Wang, analista de tecnologías y director ejecutivo de Constellation Research, con sede en San Francisco: “Existen muchas conexiones, porque los especialistas en datos y las personas que construyen estos sistemas poseen numerosos intereses comunes”.

Aunque Silicon Valley ha vendido equipos a la NSA y a otros servicios de inteligencia desde hace muchos años, empezaron a tener en común intereses de nuevo tipo en los últimos años, a medida que los avances en la tecnología de almacenamiento informático han reducido drásticamente los costes de guardar enormes cantidades de datos, al mismo tiempo que el valor de esos datos en el mercado de consumo empezaba a aumentar. “Estos mundos se solapan”, dice Philipp S. Krüger, director ejecutivo de Explorist, una empresa emergente de Internet centrada en Nueva York. Las sumas que invierte la NSA en Silicon Valley son secretas, igual que el presupuesto total de la agencia, que, según analistas independientes, es de entre 6.000 y 7.500 millones de euros al año.

Pese a las afirmaciones de las empresas de que solo cooperan con la agencia cuando se ven legalmente obligadas a hacerlo, representantes actuales y pasados del sector dicen que las empresas, a veces, forman equipos secretos de expertos para estudiar las maneras de cooperar más a fondo con la NSA y hacer que la información de sus clientes esté más al alcance de la agencia. Lo hacen, según esos representantes, porque quieren ser ellas mismas las que controlen el proceso. Además, sufren presiones sutiles pero enérgicas de la NSA para facilitarle el acceso.

Max Kelly.

Skype, el servicio de llamadas a través de Internet, puso en marcha su propio programa secreto, Project Chess (Proyecto Ajedrez), para examinar las consecuencias legales y técnicas que tendría permitir que los servicios de inteligencia y policiales accedieran sin problemas a sus conversaciones telefónicas, según varias fuentes que conocen el programa pero prefieren mantener el anonimato para evitarse problemas con las agencias de espionaje. Project Chess, que hasta ahora nunca se había dado a conocer, era conocido por menos de una docena de personas dentro de Skype, y se desarrolló porque la empresa tenía choques ocasionales con el Gobierno por cuestiones legales, dice una de las personas mencionadas. El programa se puso en marcha hace unos cinco años, antes de que la empresa matriz, eBay, vendiera la mayor parte de la compañía a inversores externos en 2009. Microsoft compró Skype mediante un contrato de 6.500 millones de euros que se firmó en octubre de 2011. Pero Skype descubrió cómo cooperar con los servicios de inteligencia antes de que Microsoft adquiriera la compañía, según los documentos filtrados por Edward J. Snowden, antiguo contratista de la NSA. Uno de los papeles del programa Prisma dados a conocer por Snowden dice que Skype se incorporó al proyecto el 6 de febrero de 2011. Los directivos de Microsoft ya no están dispuestos a confirmar las declaraciones hechas hace años por Skype de que era imposible intervenir sus llamadas. Frank X. Shaw, portavoz de Microsoft, no ha querido hacer ningún comentario.

Para contratar a gente en Silicon Valley, la NSA envía a sus más altos funcionarios con el fin de atraer a los mejores. El verano pasado, en una de las mayores reuniones de piratas informáticos del mundo, en Las Vegas, apareció nada menos que el general Keith B. Alexander, director de la agencia y jefe del Cibercomando del Pentágono, con aspecto incómodo y poco acostumbrado a ir en camiseta y vaqueros, con el fin de pronunciar el discurso central. Su principal propósito en Defcon, la reunión, era contratar a hackers para que fueran a trabajar a su agencia.

Keith B. Alexander, director de la agencia.

Es frecuente ver distintivos de la NSA en las solapas de funcionarios presentes en otras reuniones y conferencias sobre tecnología y seguridad de la información. “Manifiestan sin reparos su interés por contratar a gente del mundo de los piratas informáticos”, dice Jennifer Granick, directora de libertades civiles en el Departamento de Internet y Sociedad en la Facultad de Derecho de Stanford.

Pero tal vez quien mejor encarna la relación cada vez más estrecha entre la NSA y Silicon Valley es Kenneth A. Minihan. Este oficial de los servicios de inteligencia de las Fuerzas Aéreas fue director de la NSA durante el mandato de Clinton hasta que se jubiló, a finales de los noventa, y luego se encargó de la organización de contactos profesionales externos de la agencia. Hoy es director ejecutivo del Paladin Capital Group, una empresa de capital riesgo con sede en Washington que en parte se especializa en financiar nuevas empresas que suministran soluciones avanzadas a la NSA y otros organismos de inteligencia. En la práctica, Minihan hace de ojeador para la NSA, que quiere aprovechar las últimas tecnologías con el fin de analizar y utilizar las inmensas cantidades de datos que circulan en todo el mundo y por el interior de Estados Unidos.

La perspectiva para el futuro es de una cooperación cada vez mayor entre Silicon Valley y la NSA, porque se prevé que el almacenamiento de datos aumente a una tasa anual compuesta del 53% de aquí a 2016, según la International Data Corporation. “Hemos llegado a un punto de inflexión en el que el valor de tener los datos de los usuarios ha superado el coste de almacenarlos”, explica Dan Auerbach, analista de tecnologías en la Electronic Frontier Foundation, un grupo dedicado a la privacidad electrónica en San Francisco. “Ahora tenemos incentivos para conservarlos eternamente”.

Traducción de María Luisa Rodríguez

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