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El golpe egipcio trae malos recuerdos en Argelia

Los blindadso en El Cairo recuerdan a muchos argelinos el golpe de Estado en su país en 1992

Lo sucedido en Egipto "fortalecerá la ideología del cambio a través de la fuerza", según Ennahda

Los monárquicos marroquíes dicen que queda demostrado el éxito de su modelo sin ruptura

Manifestantes tunecinos protestan a favor del partido Ennahda, en febrero.
Manifestantes tunecinos protestan a favor del partido Ennahda, en febrero.

Si hay un país en el que el golpe de Estado de los militares egipcios trae malos recuerdos, ese es Argelia. Los carros de combate en las calles de El Cairo evocan, en la memoria de muchos argelinos, a los blindados que, hace 21 años, se desplegaron en las calles de su capital. “Lo que acaba de suceder nos retrotrae a lo que pasó en 1992 en Argelia", afirma Mohamed Hennad, profesor en la Escuela Nacional Superior de Ciencias Políticas de Argel. El Ejército argelino interrumpió un proceso electoral transparente que, a juzgar por el resultado de la primera vuelta, iba a dar una mayoría absoluta en el Parlamento al Frente Islámico de Salvación (FIS). El golpe contó con el beneplácito de Occidente.

Un buen número de los militantes del FIS empuñaron entonces las armas para tratar de conquistar por la fuerza la victoria que les habían arrebatado clausurando las urnas. Empezó así una guerra civil que duró casi una década y que se cobró cerca de 200.000 muertos. Argelia todavía sufre esporádicamente el azote del terrorismo. Y la rama magrebí de Al Qaeda, que opera en buena parte del Sahel, es consecuencia de aquella conflagración civil. Aquel trauma explica probablemente, en parte, porque la primavera árabe ha pasado de puntillas sobre Argelia.

Aunque insta a “respetar las disposiciones constitucionales”, el comunicado publicado ayer por el Gobierno argelino evita condenar el golpe egipcio. Solo lo reprueban en Argelia algunos pequeños partidos islamistas como Ennahda (Renacimiento) que lo describió, en un comunicado, como “aborto sistemático de la democracia”. La toma del poder por el Ejército egipcio “conviene a parte de nuestros dirigentes, sobre todo los militares”, explica Lunes Guemache, director del diario digital Tout sur l’Algérie. “Observan que 21 años después del FIS los militares egipcios siguen sus pasos y se consideran aún más justificados”. La gran diferencia entre Egipto y Argelia es que en este último país los islamistas no llegaron a gobernar, mientras que en Egipto lo hicieron durante un año. ¿Se encamina ahora Egipto hacia una guerra civil como Argelia a partir de 1992? El politólogo Hennad así lo cree. “Pongámonos en su lugar, los Hermanos Musulmanes egipcios tienen que hacer algo”, recalca. “Me temo que al menos una parte recurrirá a la violencia. Habrá sangre y lágrimas, pero también más corrupción, como la que padecemos hoy en Argelia como consecuencia indirecta del terrorismo”.

Ese vaticinio sobre el futuro de Egipto aparece también entreverado en el comunicado que hizo publico ayer Ennahda, la gran formación islamista que gobierna Túnez, afín ideológicamente a los Hermanos Musulmanes egipcios. Su líder, Rachid Ganuchi, subraya que “un golpe contra la legitimidad democrática conduce a perder confianza en la democracia como principio y procedimiento y alimenta el radicalismo y la violencia”.

Sin hacer pronósticos tan alarmistas, los islamistas marroquíes también creen que, de una forma u otra, sus correligionarios egipcios resurgirán. El diario At Tajdid, afín al Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD), que lidera el Gobierno desde hace año y medio, sostenía ayer en un editorial que “los intentos de debilitar a los islamistas solo refuerzan su presencia (…)”. “La historia ha demostrado que los islamistas siempre vuelven”, añade. “La solución es dar a los ciudadanos el derecho a castigarles o premiarles [en las urnas]”.

El derrocamiento de Morsi ha sido bien recibido, no obstante, por los defensores de la monarquía marroquí entre los que figuran los socios de Gobierno del PJD. “Gracias a que está maniatado por el Palacio Real, el primer ministro islamista, Abdelilá Benkiran, no ha caído en los excesos de sus correligionarios egipcios”, asegura un diputado marroquí de un partido de la oposición. Recuerda, entre otros, los intentos de Benkiran de “islamizar” la televisión pública prohibiendo la publicidad de loterías y obligándo a retransmitir las cinco oraciones diarias que prescribe el islam.

La experiencia islamista en Marruecos podría acabarse pronto si la coalición de Gobierno, en crisis desde hace dos meses, saltase por los aires y se formase una nueva mayoría sin el PJD, cuya popularidad aún se mantiene alta. Será el rey Mohamed VI quién dará o no su luz verde a los nacionalistas del Istiqlal para que se mantengan o salgan del Ejecutivo de coalición con los islamistas.