La economía argentina se desboca

El Gobierno de la presidenta Cristina Fernández aumenta la intervención en los mercados

El Ejecutivo sigue sin hallar la fórmula para frenar la escalada de los precios y del dólar

Fernández, el pasado 9 de julio en San Miguel de Tucumán (Argentina). / EFE

El Gobierno de Cristina Fernández no quiere ser un esclavo de las grandes corporaciones, ya sean nacionales —léase el grupo Clarín— o extranjeras. Las leyes del mercado no tienen por qué dictar la política de un país. Esa es la premisa básica de Fernández. Pero a la hora de aplicarla se producen fenómenos llamativos. El penúltimo de ellos ya se ha contado: Argentina, el antiguo granero del mundo, ha dejado de exportar trigo para que no suba el precio del pan. El pan se ha encarecido en lo que va de año un 50%, más del doble que la inflación extraoficial y cinco veces superior a la oficial. Los agricultores están obligados a vender en el mercado interno lo que hayan almacenado. El secretario de Comercio, Guillermo Moreno, impulsó la venta de un pan económico que cuesta 10 pesos el kilo (1,84 dólares). Pero ese producto solo abarca el 10% de lo que se vende en cualquier panadería. El que pretenda conseguirlo al precio reducido tiene que apurarse, porque en cuanto se acaban las existencias, se dispara el precio.

“Lo que puede pasar ahora es que muchos productores de trigo dejen de sembrar. Si saben que no lo pueden vender a un precio rentable, ¿para qué vas a sembrar?”, explica Martín Rapetti, economista y profesor de la Universidad de Buenos Aires. Con la carne pasó algo semejante. Moreno promovió desde 2006 el consumo interno. Así que el pasado mayo sobrevino el fin de un reinado: por primera vez las exportaciones argentinas de carne se situaban por detrás de Brasil, de Uruguay y hasta de Paraguay. Argentina es el último exportador de los tres socios originarios de Mercosur.

Pero el problema más apremiante ahora es el de la inflación, la palabra que ni el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, se atreve a pronunciar. Para frenarla, el Gobierno anunció en febrero un acuerdo mediante el cual las principales cadenas de supermercados se comprometían a congelar los precios de 10.000 productos desde el 1 de febrero al 1 de abril en más de mil establecimientos. Terminaron los dos meses y el congelamiento se prolongó hasta mayo. Terminó mayo y Moreno, el secretario de Comercio, le arrancó a los dueños de los supermercados un acuerdo para mantener congelados los precios de 500 productos.

La presidenta, Cristina Fernández, declaró en sus discursos que los ciudadanos debían estar pendientes para que los comerciantes no incumplieran la ley. Y desde junio, decenas de militantes kirchneristas salieron a los supermercados con la lista de los 500 productos en la mano. El 4 de julio, Guillermo Moreno, acompañado de cámaras para que propagaran lo que hacía, clausuró durante varias horas cuatro supermercados en la capital y la provincia de Buenos Aires, a los que acusó de desabastecimiento de los artículos recogidos en el acuerdo.

“A mí esas medidas me parecen circenses, no tendrán efecto sobre la economía”, explica el profesor Rapetti, también investigador económico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). “El problema es que la inflación no se frena. Y nos estamos dirigiendo hacia una crisis devaluatoria. Buena parte de los economistas pensábamos que tras vencer en las presidenciales de 2011 el Gobierno iba a anunciar una devaluación. Esa es la forma convencional de combatir una falta de dólares como la que tenemos. Pero en lugar de eso dio un giro más intervencionista. Empezaron con las trabas a las importaciones y después el control sobre la adquisición de dólares. Pero eso es tapar un agujero para destapar otros”.

Rapetti se considera un economista progresista y asume que la intención de no someterse a las leyes del mercado resulta atractiva. “Este Gobierno tuvo una retórica de favorecer a los más desventajados. Pero su política es muy cortoplacista y en el medio plazo terminará haciéndole daño a quien se dice favorecer. Porque cuando haya una devaluación los más perjudicados serán los más humildes. Y vamos hacia ese camino. No creo que se produzca una crisis como la de 2001. Pero habrá una devaluación fuerte. Cada vez hay más economistas que se unen a esta interpretación. No hemos tocado fondo, pero estamos asistiendo al último periodo de este Gobierno y esta estrategia populista que se va a intensificar”.

Por ahora, Guillermo Moreno sigue manteniendo su rumbo. Con el respaldo absoluto de Cristina Fernández.

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