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El Gobierno de Colombia reparará por primera vez a una víctima de Escobar

El hijo de una de los 107 muertos del atentado contra un avión de Avianca en 1989 consigue que su padre sea reconocido

Pablo Escobar, en una imagen de los años 80. REUTERS

Por primera vez, el Estado colombiano reparará a una de las víctimas del capo del narcotráfico, Pablo Escobar. El Gobierno ha reconocido al tenor Gerardo Arellano, que murió en el atentado contra el vuelo de 203 de Avianca ocurrido el 27 de noviembre de 1989, y a su hijo Federico, que ha peleado como abogado por el caso, como víctimas. El capo creyó que en la nave viajaba el entonces candidato a la presidencia César Gaviria y acabó con la vida de 107 personas. Según la Unidad de Víctimas, el ataque fue “un acto terrorista con objetivos políticos relacionados con el conflicto armado interno”.

“Quedan atrás 30 años de sombra y olvido, de invisibilización, de no reconocernos como víctimas. Queda atrás ese ostracismo jurídico en el que siempre nos quisieron mantener por razones, inclusive, de poder político”, comentó Arellano a este diario. Hoy, como abogado, representa a las víctimas en el proceso penal que la justicia colombiana sigue por el acto terrorista, declarado un delito de lesa humanidad y que hoy sigue en la impunidad. Arellano —que tenía 12 años cuando murió su padre y hoy tiene 36— es también el presidente de la Fundación Colombia con Memoria, que reúne a 60 de las familias que perdieron a sus seres queridos ese lunes fatídico.

El reconocimiento llega tras una larga lucha en los tribunales gracias a la ambiciosa Ley de Víctimas, una de las banderas del presidente Juan Manuel Santos y que busca reparar a los más de cinco millones de víctimas que ha dejado el conflicto en Colombia.

“Nunca nadie, ni ninguna norma, ni ningún político, ni ningún congresista, ni ningún gobierno, quiso atender los llamados que hicimos durante años”, dice Arellano. Y aunque la resolución de la Unidad de Víctimas salió a su nombre, considera que abre el camino para que todas las víctimas del narcoterrorismo en Colombia puedan tener el acceso a las garantías que establece la Ley de Víctimas, lo que significa, entre otras cosas, tener derecho al pago de una indemnización. “No solo es una indemnización –ese dinero es algo simbólico–, es ser reconocidos, que haya un perdón público, memoria histórica y garantías de no repetición”.

“Ningún político, ningún congresista, ningún gobierno quiso atender los llamados que hicimos durante años”

Sin embargo, la directora de la Unidad de Víctimas, Paula Gaviria, aclaró en la noche del miércoles que no todas las víctimas de Pablo Escobar o de un grupo armado van a ser reparadas. “En caso de recibir otras declaraciones por hechos parecidos, la Unidad tendrá que efectuar el análisis caso por caso para determinar si estos guardan una relación cercana y suficiente con el conflicto”, explicó en un comunicado.

El argumento que presentó Arellano para ser reparado como víctima del conflicto armado fue que para volar el avión de Avianca hubo una “alianza entre los hermanos Carlos y Fidel Castaño [fundadores del paramilitarismo] con Pablo Escobar. Ellos fueron los autores materiales de ese crimen, financiado por Escobar y otros cofinanciadores que todavía no responden ante la justicia”, dijo. Por su parte, la Unidad de Víctimas explicó que para su análisis tuvo en cuenta la explicación efectuada por la Fiscalía sobre los magnicidios ocurridos en Colombia durante los ochenta, “que reconoce los objetivos políticos de estas acciones criminales del Cartel de Medellín, algunas de ellas ejecutadas en estrecha relación con estructuras paramilitares”.

Federico Arellano recuerda con nitidez el día en que estalló la bomba que terminó con la vida de su padre, que en ese momento era el tenor más importante de Colombia. Acabada de llegar de Madrid, de grabar el que sería su último disco con el pianista español Zito Zelante y tomó ese vuelo a Cali porque cantaría en una misa que se realizaría en memoria de su padre. Su único hijo estaba a punto de salir al colegio cuando se encontró a su madre llorando, arrodillada en el piso, mientras en la radio leían la lista de los muertos. “Mi padre era de los primeros. Vine a entrar en razón como a las 11 de la mañana cuando llegamos al aeropuerto en Bogotá”. Su madre trabajaba como administradora del aeropuerto y tuvo que ponerse al frente de la tragedia.

No hay una cifra exacta del número de asesinatos en los que estuvo involucrado Pablo Escobar. Su lugarteniente Jhon Jairo Velázquez Vásquez alias Popeye ha aceptado que participó en la muerte cerca de 3.000 personas. Lo cierto es que el capo fue responsable de los asesinatos de ministros, candidatos presidenciales, políticos, jueces, periodistas, miembros de la fuerza pública, ex socios y civiles inocentes, que cayeron en aviones, coches bombas y a manos de sicarios.

La bomba del avión de Avianca fue el crimen más cruento y uno de los más emblemáticos durante los años más sangrientos de la violencia que protagonizó Escobar. Este año, para conmemorar los 24 años de la tragedia, los familiares de las víctimas plantarán en el lugar exacto donde cayó el avión, en Soacha, en las faldas de Bogotá, 107 árboles en su memoria.