La introducción del salario mínimo divide a los alemanes

La medida fue la principal condición puesta por los socialdemócratas para formar una gran coalición

Deutsche Bank, sin embargo, alerta de la pérdida de un millón de empleos

Merkel y Sigmar Gabriel, líder del SPD, en octubre en Berlín. REUTERS

Sin perder vista la única mesa ocupada en el restaurante Shanti de la Oranienstrasse, Aashi Khan dudaba el sábado por la tarde del efecto que el salario mínimo podría tener en pequeñas empresas como el restaurante que lo emplea. A él le vendrá bien, porque cobra seis euros por hora, más propinas, por atender el veterano restaurante indio del barrio de Kreuzberg en Berlín.

La democristiana Angela Merkel y el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) acordaron la semana pasada que el pago mínimo por hora trabajada en Alemania será de 8,5 euros en cualquier profesión y en todas las regiones. Pese a que esto le supondrá un 25% más de ingresos brutos al mes, Khan echa unas cuentas que le inquietan: “Si sumamos 100 euros al mes por los camareros, 150 por los cocineros y 50 para la atención del bar, el salario mínimo podría obligar a reducir la plantilla”. El camarero, de 33 años, confía en que no será necesario “si el negocio evoluciona más o menos bien”, pero no las tiene todas consigo.

El pacto de gran coalición alcanzado en la madrugada del miércoles por los democristianos de Merkel y el SPD establece la introducción de un salario mínimo interprofesional a partir de 2015, que irá aplicándose gradualmente hasta 2017. Si las bases socialdemócratas aprueban la firma del acuerdo de Gobierno, la tercera legislatura de Angela Merkel romperá con la práctica alemana de dejar los convenios salariales completamente en manos de la patronal y los sindicatos, que negocian regularmente por regiones y sectores económicos. Los 8,5 euros por hora (1.360 euros al mes a jornada completa) ponen a Alemania entre los siete países con mejores retribuciones mínimas, un tanto por detrás de lo que correspondería a su potencia económica. Según el instituto económico WSI, próximo a los sindicatos, Luxemburgo, Bélgica, Holanda y Francia superan el salario mínimo alemán, pero este será sensiblemente superior al de países como Estados Unidos, y es muy por encima del español (645,30 euros al mes en 14 pagas anuales).

Fuente: Eurostat.

Hoy no llegan a los 8,5 euros por hora el 27% de los salarios en el Este alemán y el 15% en el Oeste. Los sueldos bajos se concentran (el 51%, según el instituto económico DIW) en las profesiones de servicios: camareros, peluqueros, agentes de ventas o asesoría telefónica, dependientes, cocineros o limpiadores.

El jefe de la patronal asegura que su país es ahora "un mal ejemplo para la Unión Europea"

Cobran menos de 8,5 euros los empleados de restaurantes como el Shanti y los de cafeterías como la cercana Bateau Ivre, unos cuantos números más arriba en la misma acera. David Fürst atendía en hora punta el café abarrotado. Cuenta que ahora están cobrando 7,5 euros por hora entre semana, un euro más los sábados y domingos y 9 euros en horario nocturno, cuando el café se convierte en un bar de copas. Fürst, que tiene 21 años y es el hijo del dueño, cree que el establecimiento “será capaz de encajar” la subida salarial de sus empleados. “Habrá que gastar más”, admite, pero cree “si todos los trabajadores ganan un mínimo de 8,5 euros por hora, también vendrán más clientes”. Kreuzberg es un barrio céntrico y pujante, pero de capacidad adquisitiva todavía media-baja. Un recorrido por los bares, peluquerías o tiendas de ropa de la Oranienstrasse revelará que el casi siempre abarrotado Bateau Ivre está entre los establecimientos que mejor pagan.

En los últimos meses se han acumulado las críticas internacionales al superávit comercial alemán, que entorpece supuestamente la recuperación de sus socios. La histórica aprobación del salario mínimo podría, según cree el joven Fürst —y como él muchos analistas económicos—, impulsar el consumo interno y así, también, las importaciones. Otros, como el economista conservador Hans-Werner Sinn, calculan en cambio que la medida solo encarecerá los productos nacionales.

Las baterías de liberales y conservadores abrieron fuego contra el salario mínimo desde el momento en que se anunció. Desde la patronal, el jefe de la poderosa Federación de la Industria Alemana (BDI), Ulrich Grillo, asegura que su país se está convirtiendo en “un mal ejemplo para Europa”. Alemania, dijo Grillo al populista y conservador diario Bild, “no es jauja”. Mientras los sindicatos celebran haber incluido su vieja reivindicación en un pacto de coalición con visos de llegar a aplicarse, la patronal habla de regresión a los tiempos previos a las duras reformas del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, hace 10 años. Un estudio del gigante financiero Deutsche Bank habla de la pérdida de “entre 450.000 y un millón de empleos” por culpa del salario mínimo.

Con su decisión de aceptar la demanda socialdemócrata del salario mínimo, Merkel ha iniciado un experimento de consecuencias difíciles de predecir, pero muy popular. Según una encuesta publicada el sábado, más del 80% de los alemanes aplauden el salario mínimo. Pero aún tiene que llover mucho hasta que termine de implantarse completamente en 2017. Las voces críticas ya hablan de los posibles trucos que las empresas podrían usar para esquivarlo: hacer contratos por obra, por ejemplo, para ignorar el salario base. O también obligar a hacer horas extra no remuneradas.

Más del 80% de los alemanes aplauden el acuerdo, según un sondeo

En el distrito de Mitte, muy cerca de las zonas más turísticas de la capital, un gran número 12 en un ventanal anuncia cortes de pelo a ese precio (en euros). El jefe de la peluquería, que tiene varias filiales en la capital alemana, se identifica como Öz (“solo Öz”, insiste) y prefiere no contar cuánto cobran sus empleados. Admite, no obstante, que el salario mínimo le supondrá “más gasto”. No cree que vaya a echar a nadie, pero dice sonriendo que “habrá que trabajar más duro, ser más eficientes”. Quizá, subir los precios.