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El gran amigo americano de Mandela fue Fidel Castro

El mandatario sudafricano se mostró siempre agradecido por la ayuda militar que prestó Cuba en la lucha contra el apartheid

Mandela con Castro, en Matanzas (Cuba) en 1991.
Mandela con Castro, en Matanzas (Cuba) en 1991. Gamma-Rapho via Getty Images

Nelson Mandela era agasajado como un héroe en todo el mundo Y Latinoamérica no fue una excepción. En julio de 1998 visitó durante tres días la Argentina del presidente peronista liberal Carlos Saúl Menem y fue recibido en el aeropuerto bonaerense de Ezeiza con una salva de 19 cañonazos. En uno de los tres discursos que pronunció resaltó que el "difícil pasado de la Argentina" le había servido de "inspiración" en su lucha contra el apartheid.

Una de las hijas de Mandela, Zenani Dlamini, fue designada en febrero embajadora de Sudáfrica ante Argentina. Zenani, de 55 años, nada más llegar a Buenos Aires, explicó en el diario La Nación que ella no tenía pretensiones de ejercer de diplomática, pero en enero de 2012, el presidente, Jacob Zuma, insistió en que convenía que una Mandela de primera generación ayudara a levantar la imagen de su país. Y la destinó a Buenos Aires. Mandela se encontraba ya muy enfermo. Zenani contó que al despedirse, su padre le sonrió y le dijo: “Estoy orgulloso de ti”.

Hay asociaciones de derechos humanos en toda Latinoamérica que llevan el nombre de Mandela. Pero el país donde más huella dejó, donde más afinidades afectivas mantuvo fue Cuba. Y la persona con quien más a gusto se encontró fue Fidel Castro. En 1991, pocos meses después de su salida de la cárcel, Mandela visitó Cuba. Recibió críticas dentro y fuera del país, pero hizo caso omiso de ellas. Hay un vídeo del encuentro entre los dos líderes en el que se ve a Mandela abrazando a Castro, llamándole “mi hermano”, Castro vestido de traje y corbata y Mandela expresándose en inglés y una traductora sumamente expresiva vertiéndole a Castro las palabras de Mandela en español:

"Una cosa antes de hablar nada nada", le dice Mandela de pie a un Fidel Castro sentado. "Antes de hablar absolutamente de cualquier tema me tiene que decir cuándo viene para Sudáfrica. Nos han visitado una gran cantidad de personas y nuestro amigo, Cuba, que nos ayudó a entrenar a nuestra gente, que nos dio recursos, que nos ayudaron tanto en nuestra lucha, que entrenó a nuestros combatientes, a nuestros médicos… Cuba no ha venido a visitarnos, usted no ha ido a visitarnos. ¿Cuándo va a venir?".

"No he visitado a mi patria sudafricana", reconoce Castro. "La quiero como a una patria. La quiero como te quiero a ti".

— "¿Pero cuándo vas a venir a Sudáfrica?"

— "Creo que va a tener que ser hoy mismo, voy a tener que volar contigo…", se excusa Castro bromeando.

A lo largo de los años la amistad y la admiración que se profesaban no decayó. “Soy un hombre leal y jamás olvidaré que en los momentos más sombríos de nuestra patria, en la lucha contra el apartheid, Fidel Castro estuvo a nuestro lado”, diría Mandela. Finalmente, Castro pudo viajar a Sudáfrica en 1994 y fue agasajado en el Senado con todos los honores. Nunca trató de disimular ante el mundo su relación con Cuba.

Cuando en 1998 Mandela recibió la visita del entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, el mandatario sudafricano le advirtió que había invitado también a Castro y al entonces jefe de Estado de Libia, Muamar el Gadafi. "Hago esto porque nuestra autoridad moral nos dicta que no podemos abandonar a aquellos que nos han ayudado durante los momentos más sombríos de la historia de nuestro país. Nos facilitaron tanto recursos como instrucción para luchar y ganar. Y aquellos sudafricanos que me han reñido por ser leal a nuestros amigos, pueden, literalmente, irse a freír espárragos", aclaró Mandela.

Por si no había quedado clara su postura, Mandela se permitió aconsejar a Clinton que convocara a sus enemigos, a Cuba, Irán y Libia para decirles “vamos a sentarnos y a hablar de paz”. Quince años después, eso es lo que Barack Obama está haciendo con el régimen iraní. Aquel día, Clinton calló ante las críticas de Mandela pero su consejero de Seguridad Nacional, Samuel Berger, declaró: "Podemos entender la lealtad de Mandela [a Cuba, Irán y Libia], pero nuestra posición también está basada en principios".

En aquel viaje, Mandela le enseñó a Clinton la cárcel de la isla de Robben donde permaneció 18 años preso y le regaló una piedra de la cantera donde cumplió trabajos forzosos. Después impuso a Clinton la más alta distinción de Sudáfrica, la Orden de Buena Esperanza. Antes que Clinton, el último condecorado había sido Gadafi.

Sin embargo, Hugo Chávez, el gran amigo de Castro y Gadafi, no cultivó la amistad con el gran libertador de los negros sudafricanos. Pero Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez, ha declarado tres días de luto nacional por la muerte de Mandela.

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