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La industria europea de Defensa podrá financiarse con fondos comunitarios

El Consejo permite que los proyectos de investigación civil-militar puedan financiarse con cargo al programa Horizonte 2020

La industria de Defensa y seguridad podrá acceder por primera vez a fondos europeos. Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE, reunidos en Bruselas, han abierto la puerta a que los proyectos de investigación en tecnologías de doble uso (civil y militar), puedan financiarse con cargo al programa Horizonte 2020. Este fondo, dotado con 70.000 millones de euros en el próximo septenio, estaba reservado hasta ahora a la I+D de carácter civil. Aviones no tripulados (UAV), ciberdefensa o satélites de observación y comunicaciones son algunos de los programas militares con tecnología dual que podrán recibir ayudas de la UE.

La posibilidad de acceder al presupuesto comunitario es una buena noticia para la industria militar europea, dependiente de unos presupuestos nacionales menguantes. También lo es que, en las conclusiones de la cumbre, se den por buenos los “apoyos fiscales [exención del IVA] que no distorsionen la competencia”.

En cambio, el afán liberalizador de la Comisión Europea –recelosa de la exclusión de los contratos militares de las normas del mercado único—parece haberse frenado. No habrá, por el momento, nuevas directivas sobre contratos de Defensa; aunque se vigilará la aplicación de las vigentes desde 2009. España, obligada por la debilidad de su propia industria a adquirir suministros fuera, asegura cumplir sobradamente. Pero no todos pueden decir lo mismo: de los 216 contratos militares que Francia adjudicó entre agosto de 2011 y marzo de 2013 ni uno solo fue para una empresa extranjera; mientras que Italia adjudicó dos de 196; y Alemania uno de 162. En todo caso, la hoja de ruta hacia una mayor liberalización no la hará la Comisión en solitario, sino acompañada por los Gobiernos, celosos de proteger su industria de Defensa como un bien estratégico.

Con estos mimbres –más una mención expresa a las pymes y el compromiso de elaborar una estrategia de seguridad marítima— España salió moderadamente satisfecha. “Hay un equilibrio entre las tres patas: estrategia, capacidades e industria”, dijeron fuentes de la delegación española. El temor era que, incapaz de avanzar en una política de defensa común (la Estrategia de Seguridad de la UE que hizo Javier Solana en 2003 no se ha actualizado por falta de acuerdo) se pusiera el acento en la liberalización del mercado, para beneficio de los más fuertes (Reino Unido, Francia, Alemania e Italia) y perjuicio de los medianos que, como España, tienen, aunque frágil, su propia industria militar.