Las dos Pussy Riot renuevan su desafío a Putin tras ser liberadas

María Aliójina y Nadezhda Tolokónnikova se encontraban en prisión desde hace casi dos años

Las jóvenes punk llaman al boicot de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi

La Pussy Riot Maria Aliokhina se dirige a los medios después de haber salido del penal de Nizhny Novgorod. Reuters-LIVE! / Reuters

María Aliójina y Nadezhda Tolokónnikova, integrantes del grupo punk ruso Pussy Riot, salieron ayer en libertad después de haber cumplido casi dos años de cárcel. Aliójina —que dejó la prisión poco después de las nueve de la mañana (dos horas menos en España)— había querido rechazar la amnistía general decretada por el presidente Vladímir Putin en virtud de la cual quedó libre, pero no tuvo manera legal de hacerlo, según explicó. Para ella, la amnistía aprobada por la Duma estatal no es un acto humanitario, sino una maniobra para mejorar la imagen del régimen. Tras salir de la cárcel, Tolokónnikova hizo un llamamiento a boicotear los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, que se celebran en febrero. “Pido que no vengan a causa del gas y del petróleo”, señaló en un llamamiento a los gobiernos occidentales.

A ambas jóvenes les faltaban solo tres meses para terminar de cumplir la condena a dos años que se les impuso junto con Yekaterina Samutsévich, otra integrante del grupo punk, por escenificar en febrero de 2012 una plegaria punk en la catedral de Cristo Salvador de Moscú en la que rezaban a la Virgen María para que echara a Putin del Kremlin.

Después de abandonar el recinto carcelario, Aliójina se dirigió inmediatamente a la oficina del Comité contra las Torturas, donde tuvo un encuentro con activistas defensores de los derechos humanos. Más tarde declaró a la prensa que pensaba dedicarse precisamente a la defensa de esos derechos y dijo que esperaba contar para ello con el apoyo de su colega, Nadezhda Tolokónnikova, que fue liberada también pasadas las dos de la tarde, hora local.

“Si hubiera tenido la posibilidad de negarme a la amnistía lo habría hecho. No creo que sea un acto humanitario, considero que se trata de una acción propagandística”, declaró Aliójina. “No lo considero una amnistía, sino una profanación”, agregó. “Estoy indignada porque no salen en libertad todos los presos políticos condenados por el caso Bolótnaya”, es decir, los que participaron el 6 de mayo de 2012 en una manifestación contra el régimen que terminó con disturbios y enfrentamientos con la policía.

La joven —que desea concentrarse en los problemas de instituciones como los campos de prisión, las cárceles, los hospitales psiquiátricos— subrayó que la amnistía apenas beneficia a un 10% de los condenados. Aliójina, de 25 años, cumplía su pena en un campo de Nizhni Nóvgorod, a unos 400 kilómetros al este de Moscú, mientras que Tolokónnikova, de 24, lo hizo en la región siberiana de Krasnoyarsk. A esta última la fue a esperar su marido, Piotr Verzílov, a la salida del hospital penitenciario, junto con un nutrido número de periodistas.

“Mi ánimo al salir de la prisión es emprender un trabajo. La línea que divide la libertad y su ausencia es muy fina en Rusia, por ser un Estado autoritario. Haré todo lo que pueda para ayudar a los presos, porque ahora estoy unida al sistema penitenciario con lazos de sangre”, declaró la joven, que coincide plenamente con Aliójina. “Mi liberación es una responsabilidad hacia los presos que recae sobre mis hombros. Sobre todo hacia los presos que quedan aquí y en Mordovia [el lugar donde comenzó a cumplir su condena, antes de ser trasladada a Siberia]”, añadió Tolokónnikova. Aseguró que el tiempo que ha permanecido tras las rejas no ha pasado en vano. “He adquirido una experiencia única. He madurado y he conocido el Estado desde dentro al ver su maquinaria totalitaria”, manifestó desafiante la joven. “No sé cómo se puede intimidar a una persona que, como yo, ha pasado dos años en prisión”, advirtió.

Las Pussy Riot fueron acusadas de “vandalismo e incitación al odio religioso”, y en el juicio sostuvieron que su acción había tenido fines políticos y que no estuvo dirigida contra los creyentes ortodoxos. El Tribunal Supremo había ordenado recientemente revisar la condena por considerar que se habían cometido una serie de irregularidades durante el proceso y no se había probado la incitación al odio religioso. En aquel rezo punk habían participado cinco integrantes del grupo, pero dos lograron escapar y luego abandonaron el país. Samutsévich fue puesta en libertad condicional en octubre de 2012 por decisión de un tribunal de Moscú.

La condena a las Pussy Riot fue muy criticada, tanto en Rusia como especialmente en el extranjero, donde le costó una importante pérdida de imagen al Kremlin. Un grupo que era totalmente desconocido, se hizo famoso en el mundo entero de la noche a la mañana y creó una intensa polémica en el interior del país. Además, el paso por prisión de estas jóvenes rebeldes contribuyó a denunciar las precarias condiciones carcelarias en Rusia. Ambas se han convertido en activas defensoras de los derechos humanos.

La amnistía que ha permitido recuperar la libertad a las Pussy Riot fue aprobada por el Parlamento ruso con motivo del 20º aniversario de la Constitución y beneficia a unas 12.000 personas, entre las que se cuentan los 30 ecologistas del buque Arctic Sunrise de Greenpeace, que fueron arrestados el pasado septiembre en el Ártico por intentar ocupar una plataforma de perforación petrolífera.

El magnate petrolero Mijaíl Jodorkovski, que fue puesto en libertad el sábado, no se benefició de esta amnistía, pero obtuvo el indulto del presidente Putin después de que le escribiera una carta en la que se lo pedía expresamente y le explicaba que su madre estaba enferma. El multimillonario viajó a Berlín en un avión privado inmediatamente después de salir de la prisión y en su primera conferencia de prensa dada en la capital alemana declaró que no tiene intenciones de recuperar los activos de la desaparecida petrolera Yukos ni de luchar por el poder en Rusia.

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