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el futuro de europa

El auge populista prende en Alemania

Los democristianos bávaros, socios de Merkel, proponen restringir el acceso de rumanos y búlgaros a la seguridad social

El influyente diario ‘Bild’ alienta la maniobra

Un ciudadano rumano, en un control de seguridad en el aeropuerto londinense de Heathrow. REUTERS

Los democristianos de Baviera —el partido hermano de la CDU de la canciller Angela Merkel que gobierna en ese Estado y es socia en la gran coalición gubernamental en Berlín— ha decidido rescatar de su arsenal político las peligrosas armas del populismo de derecha para impedir que rumanos y búlgaros viajen masivamente a Alemania para buscar trabajo y, al mismo tiempo, disfrutar del generoso sistema social que ofrece el país a sus trabajadores. Baviera es el Estado más rico de Alemania y está en camino de alcanzar el pleno empleo.

Las restricciones al derecho a trabajar en otro país de la UE que nueve Estados miembros aplicaban a los ciudadanos de estos dos países desde su entrada en el club europeo en 2007 expiraron ayer. Ante el temor de una oleada migratoria hacia Alemania para aprovecharse de las ayudas sociales, los democristianos de Baviera (CSU) redactaron un explosivo documento con el que proponen medidas que restrinjan el acceso de los futuros inmigrantes al sistema social germano, en una maniobra que recuerda la política del Gobierno británico.

Las autoridades alemanas creen que unos 200.000 trabajadores rumanos y búlgaros llegarán al país en el curso del año, atraídos por la prosperidad económica, pero también por las generosas ayudas sociales que reciben todas las personas que tienen un permiso de trabajo en Alemania. Por ejemplo, el llamado Kindergeld, una retribución de 184 euros que paga el Estado a las familias por cada hijo.

La polémica la desató el jefe del gobierno bávaro, Horst Seehofer, quien calificó a los futuros inmigrantes como “peligrosos turistas sociales”. Bajo el lema “El que engaña debe ser expulsado”, la CSU elaboró un documento donde propone eliminar las prestaciones sociales en los primeros tres meses de estadía y hacer posible la expulsión del país de todas las personas que hayan engañado, por ejemplo con documentos falsos, a las autoridades para obtener un empleo.

El documento de la CSU causó una peligrosa polémica en vastos sectores de la sociedad que temen con razón que la iniciativa despierte una nueva ola de racismo, esta vez dirigido contra los trabajadores rumanos y búlgaros. Pero Seehofer, alentado por el periódico Bild, un medio que ya denunció que los rumanos y búlgaros solo quieren llegar a Alemania para cobrar el Kindergeld, sostuvo que las medidas que propone su partido están amparadas por los conceptos recogidos en el programa de Gobierno de la nueva gran coalición. Este, sin embargo, se limita a señalar que el Ejecutivo se opondrá al “acceso injustificado” a las prestaciones sociales y tratará, en el marco de la legislación nacional y europea, de “promover medidas que limiten el flujo de personas que solo buscan aprovecharse del sistema de seguridad social”.

“Lo que no queremos es una inmigración en nuestro sistema de seguridad social”, dijo el político bávaro, al recordar que esta idea había sido consensuada con la CDU y el SPD durante las negociaciones. El Gobierno en Berlín ha preferido distanciarse de la ofensiva bávara y señaló que la libre circulación es uno de los grandes éxitos de la UE. “Este logro de la integración europea debe ser defendido. Pero donde se demuestre que ha habido abusos, sabremos defendernos, dentro del marco legal de la UE”, dijo.

Pero el partido socialdemócrata, el otro socio del gobierno, arremetió con fuerza contra Seehofer a quien acusó de estar entonando una melodía que solo escuchan los partidos de la ultraderecha. “Es peligroso alimentar los prejuicios contra los pobres en nuestra sociedad”, dijo Aydan Özeguz, vicepresidente del SPD, mientras que el diputado, también SPD, Michael Hartmann, envió una clara advertencia a Múnich. “LA CSU debe saber que en una coalición con el SPD no puede utilizar ese lenguaje”.

El embajador búlgaro en Berlín, Radi Naidenov, reaccionó calificando de populista a Seehofer. “Quien utiliza prejuicios y argumentos populistas pone en peligro la idea europea en su conjunto y, por lo tanto, a todos nosotros”, dijo el diplomático al periódico Die Welt. “Es realmente lamentable que el populismo sea utilizado en este debate”.

La polémica está servida y la iniciativa de la CSU se suma al debate que ha envenenado la discusión política en Londres, donde el primer ministro lanzó una campaña para transformar al Reino Unido en un país “poco atractivo” para la inmigración europea.

“Tienen derecho a trabajar, pero no deberían tener derecho a venir simplemente para solicitar subsidios”, dijo al justificar una medida que obligará a los nuevos inmigrantes europeos a residir tres meses en el Reino Unido antes de solicitar ayudas estatales, además de demostrar que hablan inglés a un nivel adecuado que les permita trabajar.

Londres pretende, asimismo, limitar las ayudas a la vivienda, así como retirar los subsidios por desempleo pasados seis meses. También quiere cuadruplicar las multas a las empresas que no lleguen a pagar el salario mínimo y deportar a los ciudadanos europeos llegados de otros Estados miembros que se encuentren en la calle por falta de lugar de residencia.

En Francia, en cambio, el ministro del Interior, Manuel Valls, se ha convertido en uno de los políticos más populares del país gracias a su política de expulsión de gitanos rumanos. La política xenófoba está alimentando la popularidad de Marine Le Pen, líder del Frente Nacional.

El odioso debate puede cobrar en Alemania una nueva intensidad a causa de la campaña que está impulsando el periódico Bild, un medio influyente y que leen 10 millones de personas todos los días. “Las familias rumanas y búlgaras buscan prioritariamente el Kindergeld”, señaló el periódico y recordó con malicia que un inmigrante tiene derecho a recibir el dinero de ayuda, aun si sus hijos viven en Bulgaria o Rumania.