Castro se aferra al espíritu revolucionario y alerta contra la subversión en Cuba

Advierte contra la disidencia "político-ideológica" que pretende "desmantelar el sistema socialista"

Castro durante su discurso en el 55º aniversario de la revolución. ALEJANDRO ERNESTO (AFP) | VÍDEO: REUTERS-LIVE!

En la conmemoración del 55º aniversario de la revolución cubana, como en los naufragios, las mujeres y los niños fueron primero. Claralbis Soler Infante, pionerita de 9 años, recordó al Fidel Castro presente en las historias de sus abuelos, luchador contra la opresión y la miseria, y ausente en los festejos celebrados ayer 1 de enero en Santiago de Cuba. La estudiante de medicina de 20 años Aylen Cumbá Chávez prometió de seguidas respaldar a la dirección histórica del Partido Comunista en la política de cambios económicos y sociales emprendida por el Gobierno de Cuba durante el último quinquenio para enfrentar los apuros financieros y las demandas sociales, y llamó a los jóvenes a no dejarse confundir “por la invasión de información y el consumismo”.

Luego, en el podio dispuesto bajo el balcón donde Fidel Castro proclamó el triunfo de la revolución hace más de medio siglo, tomó la palabra Raúl Castro, presidente y viejo comandante de la Sierra Maestra, para alertar sobre las nuevas amenazas que, según él, se ciernen sobre la continuidad del castrismo: la ruptura ideológica entre la antigua dirigencia y las nuevas generaciones de cubanos, y la paulatina restauración del capitalismo en la isla.

Vestido con su uniforme de general, Raúl conjuró en su discurso el mayor peligro que él advierte en esta nueva etapa de desmontaje del sistema de controles sociales y económicos que ha emprendido su administración, empujado por la crisis económica y el crecimiento paulatino de la protesta social; a saber: los intentos del “imperialismo estadounidense” de introducir sutilmente en la isla “plataformas de pensamiento neoliberal” con el fin de desmantelar la revolución socialista desde dentro. “Se afanan engañosamente en vender a los más jóvenes las supuestas ventajas de prescindir de ideologías y conciencia social. (…) Con ello pretenden inducir la ruptura entre la dirección histórica de la revolución y las nuevas generaciones y promover incertidumbre y pesimismo de cara al futuro”, ha dicho el menor de los hermanos Castro.

Al menos nominalmente, Raúl Castro ha procurado equilibrar el peso de los años entre los cuadros dirigentes de Cuba, como repuesta política a la creciente demanda interna de renovación. Su círculo más cercano en el Gobierno está formado por los antiguos combatientes del Segundo Frente, la columna guerrillera que comandó hasta 1959, durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. Pero desde febrero de 2013, la cara visible del “socialismo próspero y sustentable”, la fórmula con la cual pretende renovar el funcionamiento del Estado, es el primer vicepresidente Miguel Díaz Canel: un ingeniero electrónico de 53 años, bien formado en el dogma marxista y eventual heredero del poder, desde que Raúl Castro anunció su decisión de no presentarse en 2018 a una nueva reelección. A esas nuevas generaciones, que tardía y paulatinamente han asumido tareas de dirección, el presidente cubano les ha pedido no caer “bajo el influjo de los cantos de sirena del enemigo” y a mantener la unidad del Partido Comunista como “único heredero legítimo del legado y la autoridad del comandante en jefe de la revolución cubana, el compañero Fidel Castro Ruz”.

El castrismo, que controla el poder con mano férrea desde 1959, se enfrenta en esta fase a una oposición interna mejor articulada, que ha dejado en segundo plano el mensaje partidista para concentrarse en la organización de la protesta social, en la denuncia de lo que no funciona. Buena parte de esta joven disidencia se ha formado en las mismas aulas, en la misma Unión de Jóvenes Comunistas, donde la revolución pretendía formar “al hombre nuevo” y la vieja dirigencia los ha segregado por la rebeldía crítica implícita en sus preguntas: por qué los cubanos —hasta enero de 2013— no podían viajar, por qué en la isla no hay libre acceso a Internet, por qué no se elige al presidente a través de elecciones directas y universales, por qué en Cuba no hay prensa libre. La lista de blogueros, periodistas, artistas, intelectuales y activistas sociales que han asumido este papel es cada vez más larga, e incluye los nombres de Antonio González-Rodiles, Guillermo Fariñas, Eliécer Ávila, Yoani Sánchez, José Daniel Ferrer, Ángel Santiesteban-Prats, entre otros.

Aunque Estados Unidos sigue siendo el gran enemigo en los discursos de Raúl Castro, la amenaza del “imperio invasor” ha perdido la fuerza retórica de antaño, en la misma medida en que ha ganado popularidad en Washington la idea de levantar las leyes del embargo comercial y financiero adoptadas en la década de los sesenta contra La Habana. La mayoría del exilio cubano-estadounidense ha descartado por completo las salidas de fuerza y pide ahora nuevas condiciones que le permitan participar como inversores de una eventual apertura económica en la isla. Para ellos, el apretón de manos entre el presidente Barack Obama y Raúl Castro durante el homenaje fúnebre a Nelson Mandela, el pasado 11 de diciembre en Johannesburgo, no es razón de alarma sino un signo de los nuevos tiempos que, más temprano que tarde, terminarán de llegar.