El ‘narco’ se expande a la minería

Los carteles controlan el 50% de la industria extractiva en Michoacán, el Estado que tiene las mayores reservas de hierro del país y cuyo gran cliente es China

Un soldado patrulla el puerto de Lázaro Cárdenas. REUTERS

El Ejército mexicano tomó el control de Lázaro Cárdenas, el mayor puerto de carga de México, en noviembre pasado. Asumió las funciones de 150 policías locales, que fueron destituidos fulminantemente por sospechas de estar vendidos al narco. Desde entonces patrulla las calles de la ciudad, de 80.000 habitantes, y controla el paso de las mercancías. El motivo era un secreto a voces. Su larga bahía y su cercanía a las minas de hierro, las más abundantes del país, habían convertido al puerto en presa del crimen organizado que opera en la región. Cerca del 50% del mineral que sale del Estado de Michoacán, al suroeste del país, es extraído ilegalmente. Y la mayoría es gestionado por Los Caballeros Templarios, el cartel que domina la zona, y cuya disputa por el territorio con bandas rivales, fuerzas oficiales y los grupos de autodefensa, ha sumido al Estado regional en una espiral de violencia.

Los Caballeros Templarios son un cartel con una ideología seudorreligiosa y regionalista. Son los sucesores de La Familia Michoacana, una banda que en 2005 apareció para “defender a Michoacán” de los grupos “ajenos al Estado”, que, según el Gobierno de Felipe Calderón, se disolvió en 2010. Michoacán es uno de las mayores productores de marihuana y metanfetamina del país, y un punto estratégico en el tránsito de droga hacia EE UU.

Los narcotraficantes controlan el mineral desde su extracción y se han infiltrado en todo el proceso. Obligan a los mineros a entregarles pequeñas cantidades del hierro que extraen. A los transportistas, a que lo transporten. A los empresarios, a que no les denuncien. Y a los funcionarios de aduanas, a que permitan el paso de la mercancía ilegal. Hay dos opciones: decir que sí o enfrentarse a su furia. “No llegan con una pistola en la mano, pero dejan muy claro que no hay otra opción: o trabajas para ellos, o asumes las consecuencias”, explica un empresario local.

"No hay otra opción: o trabajas para ellos, o asumes las consecuencias", explica un empresario

Las bandas criminales no titubean si hay que dejar claro quién tiene la sartén por el mango. Virgilio Camacho, un directivo de ArcelorMittal, la principal siderúrgica de la región, había denunciado por años el robo de hierro en pequeñas cantidades en los terrenos de la compañía. Los ladrones entregaban el material al crimen organizado. Camacho se cansó de denunciar el crimen a la Procuraduría (Fiscalía) mexicana. Lo levantaron —en el argot criminal, secuestraron— en 2011. No fue suficiente. Fue localizado muerto en abril de 2013. Le habían pegado un tiro en la nuca.

La minería no es el primer negocio que Los Caballeros Templarios corrompieron en Michoacán. Hay indicios de que también han infiltrado (cuando no controlado) la producción de carne, los cultivos, la tala de árboles —el Estado, en plena Sierra Madre, es una de las regiones más boscosas de la región—, la industria inmobiliaria, el transporte público y hasta los bares. “Todos pagan cuota [extorsión]”, describe un fabricante de muebles. Incluso hasta quien organiza una fiesta. Una mujer de Apatzingán afirma que su hermana tuvo que pagar un soborno a los criminales de su ciudad para que le permitieran celebrar una fiesta de los 15 años, una suerte de puesta de largo tradicional en México.

Un pelícano en el puerto de Lázaro Cárdenas, México. REUTERS

La extracción de hierro no es la única actividad “alterna” al tráfico de drogas de la mafia local, pero sí es una de las más lucrativas. El gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo Figueroa, dijo en noviembre que las ganancias de las actividades del crimen organizado en Lázaro Cárdenas suman al menos dos millones de dólares (1,4 millones de euros) al año. Y los clientes no siempre pagaban en efectivo. Las mafias chinas liquidaban sus deudas con químicos para fabricar metanfetamina, una droga que se produce con abundancia en el Estado. “El puerto de Lázaro Cárdenas es el corazón de la economía ilegal de Michoacán”, explica el analista Alejandro Hope, especialista en temas de seguridad.

“Los chinos negocian con quien se les ponga enfrente”, reconoce un funcionario local. Hasta uno de los líderes de Los Caballeros Templarios, Servando Gómez, La Tuta, advirtió de la presencia de los asiáticos en la región en un vídeo colgado en YouTube el año pasado. “Estamos inundados de chinos, y ellos también traen mafias”. China es el principal exportador de acero del mundo: en 2012 produjo 700 millones de toneladas del material. Su más cercano competidor, la Unión Europea, fabricó ese mismo año solo 169 millones. Y en Michoacán, vender hierro al mayor productor de acero del mundo es un negocio jugoso. Una investigación de la agencia Reuters calcula que la firma china Desarrollo Minero Unificado de México, en Lázaro Cárdenas, pasó de tener tres empleados hace 20 años a 600 en 2009.

La acuciante violencia de Michoacán, que atraviesa una guerra entre grupos armados que mató a 990 personas en 2013, no ha dejado indemne al puerto de Lázaro Cárdenas ni a su actividad económica. La Marina mexicana ha anunciado, a inicios de este año, que permanecerá en el sitio “por tiempo indefinido”.

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