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Europa conmemora el centenario de la primera Guerra Mundial

Francia, con su Mission du Centenaire, acogerá celebraciones nacionales y mundiales

El rechazo a la guerra está consagrado en el artículo 11 de la Constitución italiana

Reino Unido conmemorará grandes batallas como la de Somme

Campos de batalla como escenario en el aniversario de la Gran Guerra en Alemania

Fotografía facilitada por la Biblioteca Histórica de la Villa de París (BHVP) bajo el título "Edgar Quinet Boulevard. Los niños sólo saben de juegos de guerra. Son futuros soldados esperando al enemigo" tomada en el mes de abril de 1915 por el fotógrafo francés Charles Lansiaux (1855-1939) en París (Francia) durante la Primera Guerra Mundial.
Fotografía facilitada por la Biblioteca Histórica de la Villa de París (BHVP) bajo el título "Edgar Quinet Boulevard. Los niños sólo saben de juegos de guerra. Son futuros soldados esperando al enemigo" tomada en el mes de abril de 1915 por el fotógrafo francés Charles Lansiaux (1855-1939) en París (Francia) durante la Primera Guerra Mundial. EFE

Francia, centro de dos conmemoraciones

Francia fue el principal campo de batalla de la Primera Guerra Mundial. Fue la encrucijada sangrienta en la que se enfrentaron docenas de países. Con 1,7 millones de muertos y 4,6 millones de heridos, fue la que proporcionalmente más la sufrió en sus carnes después de Serbia. Estos dos aspectos explican que, cien años después de la guerra de 1914, Francia esté en el centro de dos conmemoraciones.

Francia acogerá en su suelo a miles de descendientes de los combatientes durante la primera Guerra Mundial

Una es popular y nacional, consistente en más de 1.500 manifestaciones, exposiciones, conciertos, ceremonias, coloquios, un millar de los cuales poseen la etiqueta de la Mission du Centenaire —la Misión del Centenario—, el organismo oficial creado al respecto por el gobierno. Para no hablar de la proliferación editorial y cinematográfica que va a invadir las librerías y las pantallas durante todo el año.

Porque casi cada francés posee, en su memoria o en su desván, en sus mitos familiares o en sus recuerdos escolares, una imagen de la Gran Guerra. Con la desaparición de los últimos testigos vivos de la catástrofe, esas imágenes se instalan, cien años después, en el primer plano del relato nacional sobre la Primera Guerra Mundial. El lazo que une a cada familia con la prueba más terrible que ha sufrido jamás la existencia de Francia como nación está simbolizado en la página web de acceso libre creada por el ministerio responsable de los veteranos de guerra, en la que figuran los expedientes individuales de todos los soldados "muertos por Francia".

La segunda conmemoración es de ámbito mundial. Francia acogerá en su suelo a miles de descendientes de los combatientes, llegados de todos los países beligerantes, que también conmemorarán su suerte y sus sufrimientos de sus respectivos soldados. 31 de ellos, procedentes de Albania y Yemen, organizarán los actos gracias a la financiación de la Mission du Centenaire. Cien años después, los retos políticos, los intereses económicos y las divisiones nacionales, religiosas y étnicas que empujaron a los pueblos de Europa y, de rebote, a los de todo el mundo, a enfrentarse entre sí, parecen olvidadas o, al menos, mitigadas en comparación con la catastrófica dimensión de sus consecuencias.

Las disputas historiográficas —sobre las responsabilidades de la guerra, la capacidad de los hombres y las sociedades para encajar una violencia de tal dimensión, las consecuencias de la guerra y la paz de Versalles, las conmociones sociales, la gloria y los errores de los generales— parecen también más apaciguadas.

Por supuesto, todos los "hombres de buena voluntad" descorazonados por la gigantesca matanza, todos los dirigentes políticos en busca de un nuevo impulso para crear una verdadera Europa política unida, desean convertir esta conmemoración en una oda a la Paz. También en 1918 la Europa exangüe estaba convencida de haber aprendido la lección de la guerra que iba a acabar con todas las guerras... Pero la paz, ayer y hoy, es un combate.

POR: Antoine Reverchon (Le Monde)

Italia conmemora con actividades didácticas y de investigación

Como las palabras tienen un sentido y un peso determinados Italia, cuyo rechazo a la guerra está consagrado en el artículo 11 de la Constitución, no celebra la primera Guerra Mundial, sino que la conmemora. Es decir, se propone recoger las consecuencias de esta experiencia histórica y sus repercusiones en las vidas, la cultura, el desarrollo de las instituciones y la memoria colectiva y aprovechar las tecnologías informáticas para conservarlas, con el fin de que quienes vengan detrás de nosotros, en el futuro, puedan disponer de esa memoria. En resumen, todo muy científico, todo útil para el gran público, y nada que sea efímero.

Italia no celebra la primera Guerra Mundial, sino que la conmemora

La Presidencia del Consejo ha confiado el programa de conmemoraciones a un comité interministerial encabezado por el subsecretario Giovanni Legnini, que se apoya en una comisión de historiadores y científicos y una unidad operativa encargada de trasladar a la práctica las instrucciones recibidas y armonizar las actividades promovidas por las distintas entidades involucradas.

El inicio de las conmemoraciones será común a todos los países que intervinieron en el conflicto, y se producirá el próximo mes de junio en Sarajevo, donde comenzó la guerra. Después, el programa —perfilado pero todavía no definitivo, dado el largo tiempo en el que va a desarrollarse, 2014-2018— se dividirá en tres líneas principales. La primera consiste en una serie de conferencias con personajes que tienen iniciativas propias a propósito del centenario. Se trata de coordinar para evitar las superposiciones y la dispersión de recursos. Así, por ejemplo, se implicarán en un plan más general los ministerios de Defensa, Educación y Bienes Culturales, el Instituto de historia del Risorgimento, el Istituto Luce, el Archivo Central del Estado, la RAI, el Archivo Ligur de Escritura Popular, el Archivo de los recuerdos particulares de Pieve Santo Stefano, etcétera.

A continuación, de acuerdo con la segunda línea, se pondrán en marcha varias iniciativas destinadas a reunir los recuerdos del acontecimiento bélico y hacer que estén siempre disponibles: una labor de investigación, estudio, recolección de documentos escritos, visuales, sonoros y materiales, para que confluyan en un memorial virtual al alcance de los investigadores, las escuelas y los ciudadanos particulares.

En este sentido habrá cinco grandes proyectos: un plano de documentación fotográfica, el acondicionamiento de museos y la restauración de los 10 monumentos militares, entre ellos la Casa della terza armata, que permitirá un recorrido sensorial —visual, sonoro, táctil y hasta olfativo— por la realidad de la vida en el frente, la renovación del museo histórico del Arsenal de Venecia y, por último, un itinerario razonado por los lugares de la Gran Guerra, a lo largo de 1.500 kilómetros entre el monumento de Stelvio y el de Redipuglia.

Otra vía —la tercera— será la de la investigación científica e histórica, en colaboración con las universidades y los archivos. De estos estudios surgirán exposiciones y una colección de publicaciones específicas. Habrá también una serie de iniciativas de las regiones que fueron escenarios del conflicto: Véneto, Lombardía, Friuli y Trentino.

Asimismo, la cadena RAI Storia elaborará una programación de memoria y enseñanzas para las escuelas. Todo el proceso culminará con una película que ya se está rodando —con el título provisional de 14-18— , escrita y dirigida por Ermanno Olmi y que se presentará en el Festival de Venecia.

POR: Raffaello Masci (La Stampa)

60 millones de euros para la celebración en Gran Bretaña

En los últimos meses, a medida que se aproximaba el centenario de la primera Guerra Mundial, se han multiplicado en el Reino Unido las preocupaciones por la complejidad que caracteriza al conflicto de 1914-1918. ¿Cuál es el relato histórico que debe servir de guía —si es que debe— a los planes oficiales? ¿El gobierno tiene intención de glorificar las guerras contemporáneas? ¿La corrección política y el deseo de no ofender a los europeos actuales pueden hacer que se olviden los triunfos militares británicos?

Lo más importante de todo: ¿le interesa a la población qué estamos conmemorando?

"A la gente le interesa mucho la guerra, pese a que sabe poco de ella y, en algunos casos, la confunde o la mezcla con los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial", dice Sunder Katwala, de British Future, un think-tank que ha hecho encuestas y ha organizado seminarios en todo el país para evaluar los sentimientos sobre el conflicto. "Lo que saben es que había trincheras y barro, y que Alemania estaba en el otro bando. También es muy famosa la tregua de Navidad. Pero en general no conocen los detalles históricos, y da la impresión de que hace falta cierta ayuda para entenderlos”.

Mientras tanto, el gobierno, impertérrito, sigue adelante con sus planes para la conmemoración, que tendrán un presupuesto de unos 50 millones de libras (60 millones de euros), una cantidad nada insignificante en un país que sigue atrapado en unos planes de austeridad económica a largo plazo.

En su mayoría, la clase política británica está de acuerdo en que la conmemoración debe servir para hacer una reflexión seria, si bien ha habido alguna escaramuza después de que, el día de año nuevo, el ministro de Educación, Michael Gove, hiciera hincapié en que el conflicto fue una "guerra justa" para defenderse de la agresión alemana y que "los intelectuales de izquierda" están "inventándose cuentos" sobre el papel de Gran Bretaña.

Los ejércitos que lucharon en la Primera Guerra Mundial, seguramente, se parecían más a la Gran Bretaña de 2014 que a la de 1914

Sunder Katwala, de British Future

El homólogo de Gove en la oposición, el laborista Tristram Hunt, calificó los comentarios de "groseros", aunque los titulares se ocuparon más de las críticas dirigidas al ministro por Tony Robinson, uno de los actores de Blackadder Goes Forth, una popular serie emitida en 1989 por la BBC en la que se representaba a los jefes militares británicos como unos personajes cobardes y ridículos.

Entre las conmemoraciones previstas están el centenario del primer día de la guerra, el 4 de agosto de 2014, el del comienzo de la Batalla del Somme, el 1 de julio de 2016, y otros actos para recordar las batallas de Jutlandia, Galípoli y Passchendaele y el día del Armisticio, en 2018.

Se está distribuyendo dinero entre cientos de grupos y comunidades que planean distintos actos, unos grandes y otros pequeños; por ejemplo, una subvención que permitirá que las ciudades hermanadas de Newark en Inglaterra y Emmendingen en Alemania reproduzcan el partido de fútbol de la Navidad de 1914 que reunió a las fuerzas enemigas que ocupaban las trincheras del Frente Occidentaen en una tregua extraoficial.

Otros beneficiarios de los fondos son, para su sorpresa, los pacifistas, que van a recibir 95.000 libras para llevar a cabo proyectos que den a conocer el papel que desempeñaron los más de 16.000 objetores de conciencia de la época. Otro programa, organizado por la Royal British Legion, animará a la gente y a los ayuntamientos a comprar semillas de amapolas de Flandes para plantarlas en sus tierras, en un intento de cubrir todo el Reino Unido con la flor asociada a la conmemoración de los muertos de guerra británicos.

No obstante, hay críticas contra todos estos planes, sobre todo procedentes de los activistas contra la guerra, que se han unido en una campaña llamada No Glory (Nada de gloria), con el apoyo de personajes famosos como los actores Jude Law y Alan Rickman y la poetisa laureada Carol Ann Duffy.

No Glory afirma que el gobierno promueve cada vez más el uso de las amapolas en la solapa para disimular la falta de apoyo a las guerras más recientes e impopulares, y le acusa de ignorar que la Primera Guerra Mundial fue un conflicto entre imperios y la cuna de la maquinaria de guerra moderna.

Las encuestas, al menos por ahora, indican que ese sentimiento no está muy extendido entre la gente. En la encuesta de British Future, ante la frase de que es preocupante que se haga una gran campaña para conmemorar la guerra, porque es superfluo y puede fomentar el conflicto y el nacionalismo, solo está de acuerdo el 19%, y más del 50% está en desacuerdo.

En realidad, según indican otras encuestas, algunos aspectos de la guerra pueden ser incluso elementos de unificación en la Gran Bretaña multicultural de hoy. Un elemento que se desprende de los sondeos es que la presencia de tropas de la Commonwealth es la única cosa que la gente joven sabe con tanta probabilidad como los ancianos, y las minorías con tanta probabilidad como los blancos.

"Los ejércitos que lucharon en la Primera Guerra Mundial, seguramente, se parecían más a la Gran Bretaña de 2014 que a la de 1914", dice Sunder Katwala, de British Future.

"Es una historia muy controvertida, que habla de unos hombres que lucharon por un imperio, y antes muchos se habrían resistido a llevarla a las aulas. Pero quizá hemos llegado a un punto en el que consideramos que es importante decir que, independientemente de lo que opine cada uno, esta es la historia de este país y es más compleja de lo creíamos".

POR: Ben Quinn (The Guardian)

Campos de batalla, escenarios de conmemoración en Alemania

El año conmemorativo 2014 sigue una llamativa concepción escénica: donde más intensamente se celebra es allí donde más sangrientos y duros fueron los combates entre 1914 y 1918 y donde no quedó nada salvo paisajes arrasados: en el norte de Francia y en Bélgica, sobre todo en Flandes.

Los belgas conmemoran primero los 100 años del ataque alemán a las "ciudades mártires" y a sus habitantes, lugares que fueron destruidos premeditadamente por los alemanes, entre ellos Lovaina, cuya gran biblioteca fue consumida por el fuego en 1914. A todo esto hay que decir que Francia celebrará los actos solemnes junto a Bélgica y Gran Bretaña en una campaña conjunta bajo el lema: "Nunca más una guerra". Por el contrario, Alemania tiene dificultades con la coreografía del recuerdo. El presidente francés Francois Hollande se reunirá el 3 de agosto de 2014 en Alsacia con el presidente federal alemán Joachim Gauck en los antiguos campos de batalla donde se celebrarán numerosos actos oficiales.

Pero en la propia Alemania, la memoria de momento ha quedado atascada en la maraña de la burocracia. Es cierto que existe toda una plétora de exposiciones, proyectos y publicaciones. El Museo Histórico Alemán de Berlín dedicará una exposición especial a la Primera Guerra Mundial que se podrá contemplar del 5 de junio al 7 de diciembre de 2014. Pero todavía no hay ningún plan global organizado de eventos oficiales que se vayan a celebrar en la República Federal. Por lo que parece, en el Gobierno federal la planificación ha sido víctima del largo proceso de formación de la coalición. Ninguna instancia parece sentirse realmente responsable. Pero la situación cambiará pronto, o al menos eso dicen.

Por lo menos, la lentitud burocrática contrasta con el vivo interés de la opinión pública. Novedades editoriales sobre la historia de la preguerra ocupan los primeros puestos de las listas de libros más vendidos. En los periódicos y foros en Internet las reflexiones sobre la historia gozan de gran popularidad. Y un pequeño debate entre historiadores sobre la culpabilidad alemana en el estallido del conflicto y la confrontación histórico-política con la guerra a lo largo de un siglo también dejará huella.

POR: Joachim Káppner (Süddeutsche Zeitung)

 




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