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La ONU retira su invitación a Irán para la cumbre de paz de Siria

Teherán había exigido que no se le impusieran precondiciones

El auge del yihadismo hace imposible lograr un plan de transición claro para Siria

Martíb Nesirkym portavoz de la ONU. REUTERS-LIVE

La fallida invitación de Naciones Unidas a Irán a la cumbre de paz sobre Siria conocida como Ginebra II, que arranca el miércoles, ha abierto nuevas divisiones entre los participantes de una conferencia cuya finalidad es lograr un consenso de futuro para el país. La presión de Estados Unidos y la negativa de Irán a aceptar una transición política en Siria según los términos de la primera conferencia de paz, la de Ginebra I, celebrada en 2012, llevaron el lunes por la noche al secretario general de la ONU a retirar su invitación menos de 24 horas después de haberla extendido. Esa confusión diplomática deja en evidencia lo compleja que será una transición política en Siria, sobre todo ante el auge reciente del yihadismo entre las filas de la oposición a Bachar el Asad.

Irán aceptó inicialmente participar en la cumbre pero, según una portavoz de su Ministerio de Asuntos Exteriores, “sin precondiciones”, tampoco las de Ginebra I, lo que llevó a Estados Unidos a presionar al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para que rescindiera su invitación, algo que hizo finalmente. Su portavoz, Martin Nesirky, dijo que la retirada obedecía a la “decepción” de Ban con Irán “por declaraciones que contradicen afirmaciones previas sobre su apoyo al comunicado de Ginebra I”.

El jefe de la diplomacia norteamericana, John Kerry, llegó a llamar a Ban para explicarle que Irán “se queda corto” en el cumplimiento de los criterios para la cumbre, según el Departamento de Estado norteamericano. Su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, había dicho que una conferencia de paz sobre Siria sin Irán “será un error imperdonable”.

No hay un modelo claro de transición para Siria, cuyo régimen sigue contando con el robusto apoyo de dos potencias como Rusia e Irán, frente a una oposición cada vez más débil.

Ban ni siquiera consideró oportuno consultar previamente sobre la invitación a Irán a la opositora Coalición Nacional Siria, a la que Estados Unidos, la Liga Árabe y sus aliados consideran representante legítima de la ciudadanía siria.

Hasta el sábado ese grupo político opositor no votó a favor de acudir a la cumbre de Ginebra II, que comenzará en la localidad suiza de Montreux. Este lunes sus líderes han vuelto a amenazar con no acudir, ante la posibilidad de tener enfrente no solo a los emisarios de El Asad, sino a Irán, que ha enviado a miembros de su Guardia Revolucionaria a apoyar militarmente al régimen. “Irán debe primero retirar todas sus tropas y milicias de Siria”, dijo la Coalición en un comunicado.

El problema es que la Coalición y su brazo armado, el Ejército Libre Sirio, se representan, cada vez más, a sí mismos, ante el avance de grupos yihadistas como el Estado Islámico de Irak y Siria. Este controla la capital provincial de Raqa, al norte.

El domingo emitió nuevas directrices de comportamiento público allí, acordes con su interpretación fundamentalista de la sharía o ley islámica. Las mujeres deben llevar el velo que deje al descubierto solo los ojos, y quedan prohibidos la música y los anuncios con fotos de personas en público. Es una prueba clara de su intención de crear un Estado islámico en aquellos pedazos de Siria que controlan, muy lejos del compromiso con los valores democráticos de la Coalición.

Para el régimen sirio no podía haber mejor panorama. En el conflicto han muerto 130.000 personas y nueve millones han abandonado sus hogares. Del lado del Ejército de Damasco combaten fuerzas iraníes y libanesas.

La Casa Blanca y sus aliados han dado por acabado a El Asad en numerosas ocasiones. Y contra esos pronósticos, ahora él envía emisarios a Suiza a dialogar con ellos y con la ONU y la Liga Árabe. Como si las divisiones provocadas por la fallida invitación a Irán no fueran con él, el presidente sirio pidió este lunes a sus negociadores que “defiendan la soberanía del país” y “se opongan a cualquier injerencia extranjera”, según la agencia oficial de noticias Sana.

El régimen mantiene su guión de siempre, el de exigir que el conflicto sirio se deje en manos de los sirios, a pesar del apoyo que recibe de Irán —en forma de milicianos— y de Rusia —en forma de armas.

A pesar de la urgencia con que evitó la participación de Irán en la conferencia de paz, Estados Unidos se ha resistido a apoyar con armas al Ejército Libre Sirio, por miedo a que estas acaben en manos de los grupos yihadistas.

Sí lo ha hecho Arabia Saudí, principal aliado en Oriente Próximo de los opositores sirios, que participará en Ginebra II y que expresó su indignación por la invitación extendida a Irán. Su Gobierno dijo en un comunicado que Irán no podía tener cabida en un proceso de diálogo por “tener a fuerzas militares luchando con el régimen de El Asad”.