Mejores profesores: la asignatura pendiente de Latinoamérica

Si bien el gasto público en educación subió en 50% en la última década, los esfuerzos deben concentrarse en docentes mejor formados

Escuela en la provincia de Salta, Argentina / Carolina Crerar

Es una mañana cualquiera en la escuela Elías Cáceres Lozada, en Arequipa, al sur de Perú. El salón de clases está repleto, ya que, como todos los días, un 95% de los niños asiste a clase, un gran logro para una escuela rural.

Pero la sola presencia de los chicos no significa necesariamente que están obteniendo el aprendizaje necesario que les sirva para su desarrollo en el futuro. Sus padres tampoco lo saben, y no tienen forma de medir si sus maestros están haciéndolo bien o mal.

No es un asunto de cantidad sino de calidad, según afirman.

Hace ya más de una década los gobiernos latinoamericanos se lanzaron a la conquista de una promesa que, quizás por ambiciosa, no ha logrado alcanzar en su plenitud: consolidar una educación pública eficiente y de calidad.

Y a juzgar por los resultados del último informe PISA –que relega a los países de la región a los últimos puestos del ránking educativo mundial, solo por encima de África subsahariana-, esta promesa puede haber derivado en una especie de sueño inalcanzable en un futuro cercano.

Para entender este escenario, según los expertos, es necesario sumar dos factores determinantes: políticas educativas poco eficientes e insuficiente formación de gran parte de los 7 millones de docentes que existen en la región.

Según el estudio Mejores profesores para América Latina y el Caribe, ningún país latinoamericano –exceptuando a Cuba-, cuenta con un cuerpo de docentes públicos que pueda considerarse de alta calidad, y en los últimos 20 años no se han incrementado las habilidades laborales del profesorado.

De hecho, se calcula que los estudiantes latinoamericanos están dos años escolares por detrás de la media de la OCDE.

De todas formas, algunos países de la región han adoptado políticas innovadoras para incrementar el nivel educativo de sus docentes y, paralelamente han aumentado la inversión pública en educación. En promedio, el gasto en educación por latinoamericano aumentó de 86 dólares por persona en 1990, a 119 dólares en 2000 y a 171 dólares en 2008, según la ONU.

Chile, un alumno aventajado, elaboró unos estándares de conocimiento básico que debe cumplir el profesorado, un sistema de evaluación vinculado a bonos para incentivar su formación continuada y, paralelamente, ofreció subvenciones a la educación pública para incluir a los sectores más vulnerables de la sociedad.

En este sentido, el nuevo gobierno de Michelle Bachelet ha identificado la mejora de la educación pública como uno de los retos más importantes de su mandato.

Otros países de la región como México, Colombia, Ecuador o Perú, han tratado de encauzar la situación intentando implantar evaluaciones periódicas a profesores, que en muchos casos han terminado en enfrentamientos entre sindicatos de profesores y gobiernos. En Perú, por ejemplo, el gobierno desarrolla un programa estratégico para evaluar y monitorear el aprendizaje de los estudiantes de educación básica, así como la gestión pedagógica de las escuelas.

¿Aprender de memoria?

En un mundo donde las tendencias educativas se están alejando de la memorización tradicional para enfocarse cada vez más en la resolución de problemas o en aprendizaje duradero, la necesidad de contar con profesores capacitados es más apremiante que nunca.

Se calcula que en Latinoamérica aproximadamente el 85% de los alumnos en educación primaria y secundaria acuden a centros públicos, hecho que otorga aún más importancia al papel de los docentes en la formación de la fuerza laboral del futuro. Según un estudio del Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL), organismo vinculado a la OEI y la UNESCO publicado el año pasado, más del 97% de todos los niños de 7 a 12 años de la región van al colegio (dos puntos más que en 2000), y más del 83% de los adolescentes de 13 a 17 (seis puntos más).

Entre las medidas más efectivas que pueden ayudar a mejorar el nivel de los profesores están “hacer más selectivo el proceso de reclutamiento de profesores, crear sistemas de evaluación y de formación continuada y personalizada o asignar profesores a escuelas con necesidades especiales”, explica Barbara Bruns, experta en educación del Banco Mundial.

En cuanto a la educación superior, si bien el nivel educativo promedio de los latinoamericanos aumentó en aproximadamente tres años en la última década en parte gracias al mayor acceso a la universidad, los sistemas educativos siguen incidiendo en recursos educativos tradicionales y descartando, por ejemplo, las habilidades socioemocionales o el uso de nuevas herramientas didácticas.

Esto está provocando que en algunos sectores -como el de las nuevas tecnologías- en ocasiones tengan dificultades para encontrar a profesionales recién salidos de la universidad capacitados para desarrollar una determinada tarea.

Esta realidad evidencia que docentes, funcionarios y los propios alumnos, no siempre están al corriente del tipo de habilidades que demanda el mercado, y eso provoca que la educación se enfoque casi exclusivamente en criterios académicos.

Robert Valls es productor online del Banco Mundial

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