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Crimea no es (exactamente) Kosovo

Pese a ciertas similitudes, la agresión serbia a los albanokosovares marca una clara diferencia entre los dos casos

Un guardia ucraniano en la región de Kherson, cerca de Crimea.
Un guardia ucraniano en la región de Kherson, cerca de Crimea. REUTERS

“Si Kosovo es un caso especial, entonces Crimea también es un caso especial. Igualmente especial”. Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores ruso, denunció así la semana pasada la que Moscú considera la actitud hipócrita de Occidente. Vladímir Putin también evocó el caso kosovar en la conversación telefónica mantenida el domingo con Barack Obama. Las potencias occidentales rechazan las equiparaciones y alegan diferencias sustanciales entre ambos episodios. ¿Quién tiene razón?

El asunto es complejo. En una primera aproximación, es fácil encontrar tanto similitudes como diferencias. Pero cada uno de esos elementos es susceptible de interpretaciones, en una equiparación que además se juega en varios planos: legal; político; moral.

Por un lado, ambos territorios eran provincias de un Estado del que decidieron unilateralmente separarse; en ambos casos la legalidad del procedimiento de separación es al menos discutible; ambos territorios cuentan con una mayoría étnica distinta de la dominante en el país al que pertenecían; en ambos hubo una intervención militar extranjera sin autorización de la ONU; ambos sufrieron un marcado deterioro del grado de autonomía que el Estado les había sido reconocido en épocas anteriores.

Los dos territorios habían sufrido un deterioro de su grado de autonomía

Por el otro, la operación militar serbia en Kosovo, que la mayoría de los historiadores no duda en calificar de limpieza étnica, representa una clara diferencia, ya que la población rusa en Crimea no ha sufrido ninguna agresión por parte de la autoridad central. (Occidente sostiene que esa violencia justificó la excepción al principio de integridad territorial). Además, Kosovo fue administrado por la ONU durante casi 9 años antes de la secesión.

A continuación, la opinión de algunos expertos ilustra la complejidad de los argumentos y esboza algunos elementos útiles para extraer conclusiones.

David L. Phillips, director del programa sobre Paz y Derechos de la Universidad de Columbia y autor de un libro sobre Kosovo, sostiene en conversación telefónica desde EE UU que la equiparación no tiene ninguna base. Phillips cree que las atrocidades cometidas por las fuerzas serbias en Kosovo borraron la legitimidad y la autoridad moral de Belgrado para gobernar ese territorio.

El experto cree que, a diferencia de la secesión de Crimea, la de Kosovo es legal. “La constitución yugoslava de 1974 otorgaba a Kosovo [entonces provincia de Serbia] un derecho a la secesión igual que el que ostentaban las repúblicas de la federación”, dice. Además, considera, “la disolución de Yugoslavia y la separación de Montenegro de Serbia liberaron a Kosovo de sus obligaciones legales con Belgrado”; por último, “la resolución 1244 de la ONU [que diseñó la administración de Kosovo después de la intervención de la OTAN] preveía que el pueblo kosovar fuera consultado acerca del estatus de su territorio”.

El dictamen pronunciado en 2010 por el Tribunal Internacional de Justicia sobre el caso kosovar, sin embargo, utilizó un lenguaje ambiguo. La corte consideró que “la declaración de independencia kosovar no es ilegal”. La corte no dijo explícitamente que la independencia es legal.

Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano, también cree que hay diferencias sustanciales entre Crimea y Kosovo, pero admite que pueden extrapolarse similitudes desde el punto de vista legal. Según Molina, ambos casos se hallan en una suerte de limbo jurídico de alegalidad. Ambas secesiones son contrarias al derecho del país de referencia; a falta de una condena del Consejo de Seguridad de la ONU, ninguna de las dos es abiertamente ilegal en el plano del derecho internacional; pero tampoco son claramente legales, como podría ser la autodeterminación de un pueblo colonizado. Pero, en conversación telefónica, Molina subraya que hay datos que marcan diferencias: la agresión de Belgrado; el estatus kosovar, desde 1999 bajo mandato internacional; la desaparición del Estado matriz; la no integración con el Estado de referencia, Albania.

Antonio Remiro, catedrático de Derecho Internacional de la Universidad Autónoma de Madrid, sí cree en cambio que los rusos tienen argumentos válidos para rechazar las críticas occidentales. “Occidente cosecha lo que ha sembrado”, comenta. “Preparó y perpetró una independencia de Kosovo que es ilegal. Por supuesto la violencia constituye una diferencia entre ambos casos. Pero la agresión ocurrió casi una década antes de la declaración de independencia, que se pronunció cuando el territorio kosovar se hallaba seguro bajo el mandato de la ONU, y cuando ya había otros gobernantes en Belgrado. Occidente no se puede permitir reproches a Putin”, concluye.

Jos Boonstra, investigador del think tank FRIDE, se decanta por marcar las diferencias entre los dos casos, y destaca el gran esfuerzo internacional acometido a lo largo de años para intentar una convivencia común de Kosovo y Serbia. Desde su punto de vista, la secesión fue el final de un proceso en el que quedó evidente que esa convivencia ya no era posible, y no es correcto compararlo con la secesión de Crimea, "consumada en pocos días".

Las autoridades occidentales han definido el referéndum de Crimea como “ilegal e ilegítimo”. Según un interesante comentario escrito por el profesor de Harvard Jack Goldsmith, la referencia pretende subrayar que Kosovo pudo ser ilegal, pero que tenía una legitimidad moral que el caso de Crimea no tiene.

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