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El Ejército vuelve a las favelas de Río a cuatro meses del Mundial

Tras una ola de ataques orquestados por el narcotráfico, la presidenta envía militares para apuntalar la pacificación

Despliegue policial en la zona oeste de Río el pasado 13 de marzo.
Despliegue policial en la zona oeste de Río el pasado 13 de marzo. EFE

Río se prepara para revivir en los próximos días escenas que parecían haber quedado ancladas en el pasado. Ante la escalada de tensión por la ola de ataques orquestados por el narcotráfico carioca a Unidades de Policía Pacificadora (UPP) en varias favelas de la ciudad a tan solo cuatro meses del inicio de la Copa del Mundo, la presidenta Dilma Rousseff ha autorizado el envío del Ejército a la capital más turística de Brasil con la misión de apuntalar operaciones de reocupación de favelas que se presumían pacificadas. A la vista de las innumerables y virulentas embestidas de células del narcotráfico que han permanecido en letargo durante los últimos años y la sensación generalizada de que la seguridad pública y el proceso pacificador en Río están en jaque, el Gobierno regional de Sergio Cabral ha admitido por primera vez que necesita la ayuda del Ejército para que la situación no degenere aun más. Según diversos expertos en seguridad, el proceso pacificador ha avanzado demasiado rápido, sin consolidar los territorios ocupados y dejando áreas de alto riesgo en manos de jóvenes agentes sin experiencia. La consecuencia, según los mismos analistas, es que las facciones del narco se han reorganizado y han decidido volver al ataque en un momento crucial para Brasil.

Durante la madrugada del viernes, tres policías militares resultaron heridos en tiroteos con narcotraficantes en la favela de Manguinhos y en el Complexo do Alemão, ambos en la zona norte de la ciudad. Dos vehículos y cinco bases de la Policía también fueron incendiadas por elementos ligados al Comando Vermelho (CV), la principal facción criminal carioca en activo, junto a los denominados Amigos Dos Amigos (ADA). Según informaciones de inteligencia, los ataques fueron ordenados desde el interior de varios presidios federales y llevados a la práctica por lugartenientes del segundo escalafón que están en libertad. Según el Gobierno de Río de Janeiro, se trata de una nueva tentativa del narco local de amedrentar y desmoralizar a la tropa pacificadora, que ya sufre el rechazo frontal de la población local de algunas favelas.

Tras reunirse de urgencia en Brasilia con la presidenta brasileña durante más de dos horas, Cabral no quiso explicar en qué consistirá la respuesta a la oleada de ataques lanzada por el narcotráfico en las últimas semanas, que ya se han cobrado la vida de once agentes desde 2012. A juzgar por la contundente bendición de Rousseff al envío de tropas y la participación del Jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerzas Armadas, General José Carlos de Nardi, en el diseño de la estrategia a seguir, parece seguro que Río revivirá en los próximos días operaciones militares de tintes cinematográficos, con destacamentos de fusileros navales penetrando en las favelas del Complexo do Alemão (una de las áreas más críticas que, previsiblemente, serán reocupadas) para dar obertura a las operaciones del Batallón de Operaciones Especiales de la Policía Militar (BOPE), Batallón de Choque y diversas unidades de las Policías Civil, Militar y Federal. La idea, según confirman fuentes de la Secretaría de Seguridad Pública de Río, es lanzar una gran contraofensiva que neutralice por completo cualquier tentativa de las facciones narco de volver a las andadas, al menos en el corto y medio plazo. La siempre controvertida decisión de mandar el Ejercito a las favelas también responde claramente a un mensaje de confianza y tranquilidad que el Gobierno de Brasil pretende lanzarle al resto del planeta y a su propia población ante la inminente llegada de la Copa del Mundo.

No obstante, el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, negó cualquier conexión de las operaciones en ciernes con el Mundial. “Ya tenemos un excelente plan para hacer frente a determinadas situaciones durante la Copa del Mundo y nos sentimos muy seguros. Tendremos una excelente Copa con unos excelentes niveles de seguridad”, declaró.

Según el sociólogo especialista en violencia policial Ignacio Cano, “la decisión de mandar al Ejército es una señal clara de retroceso. Con ella se está reconociendo que estamos en una situación de emergencia y descontrol, y que se necesita una respuesta inmediata. Esta medida no va a cambiar nada, ya que es de carácter cortoplacista y está motivada por la llegada de la Copa del Mundo. No cabe duda de que la política de pacificación está en crisis y ha perdido parte de su legitimidad”.

El Complexo do Alemão ya vivió una espectacular ocupación militar en noviembre de 2010, protagonizada por 11.000 efectivos, entre ellos fusileros navales, comandos de operaciones especiales, tanques y carros blindados. Las imágenes dieron la vuelta al mundo, pues resulta llamativo que las tropas que Brasil nunca usa en intervenciones militares en el ámbito internacional comienzan a resulta familiares en algunas favelas de Río.