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Demasiado pronto para sumergirse

La búsqueda de las ‘cajas negras’ empezará cuando se acote la zona del siniestro

Fotografía facilitada por la Marina Malasia el 18 de marzo que muestra un buque durante las labores de búsqueda del avión B777 en el Índico.
Fotografía facilitada por la Marina Malasia el 18 de marzo que muestra un buque durante las labores de búsqueda del avión B777 en el Índico. EFE

La confirmación de que el MH370 se estrelló en el Índico sur es un gran paso para que las familias puedan comenzar a digerir la tragedia pero un avance mínimo en la revelación del misterio que rodea al avión desaparecido. Los restos del avión (cuando se tengan y se analicen) permitirán revalidar la hipótesis de que el B-777 se precipitó al mar y quizá puedan dar alguna pista sobre lo que sucedió. Sólo si se recuperan las cajas negras se podrá saber qué se dijo en la cabina en las últimas dos horas de vuelo y los datos registrados sobre el comportamiento del aparato (hasta 25 horas de información).

Los investigadores trabajan con la hipótesis de que alguien desconectó a propósito las comunicaciones del avión (se puede hacer con la desactivación de un disyuntor situado en el panel sobre la cabeza del piloto) al no haber encontrado una explicación técnica que explique el silencio de los sistemas del avión. Un fallo eléctrico masivo o un incendio a bordo explicarían el cambio de rumbo del aparato para intentar aterrizar pero no que pudiese seguir volando durante horas, según varios expertos consultados. Así que las cajas negras son imprescindibles para tratar de devolver la confianza a una industria que aborrece la incertidumbre.

Pero para ello hay que determinar antes dónde se estrelló el avión. El hallazgo de restos tantos días después del siniestro implica que los objetos flotantes habrán sido esparcidos por los vientos y las corrientes, pero se pueden utilizar herramientas informáticas para determinar su deriva y por tanto el lugar del que proceden. Pero la labor no será sencilla por las durísimas condiciones del mar en la zona, con enormes olas y fuertes vientos, por no hablar de la lejanía de la zona de búsqueda de la costa. Y todo ello cuando ya ha empezado el otoño austral.

Por eso, la Oficina de Investigación y Análisis francesa (BEA), que ha puesto a disposición de Malasia toda su experiencia en la localización del Airbus de Air France que se estrelló en el Atlántico en 2009, considera prematuro comenzar a buscar las cajas negras “con medios submarinos en tanto no se defina una zona de búsqueda más restringida que las actuales”.

Según explica Boeing, los dispositivos anexos a las cajas negras instaladas en la popa del B-777 que emiten señales de radio para permitir su localización bajo el agua envían señales acústicas en la frecuencia de 37.5 kiloherzios “durante un mínimo de 30 días” desde que se activan al sumergirse, a 160,5 decibelios cada 0,9 segundos. Eso implica que la detección desde la superficie es complicada cuando la profundidad del mar es superior a 1.500 metros, según un estudio elaborado por la Agencia Europea de Seguridad Aérea. La profundidad del océano en esta parte del mundo oscila entre 1.150 y 7.000 metros.

Por eso el centro de mando de Estados Unidos en el Pacífico ha enviado un buque dotado de un sistema TPL (Towed Pinger Locator) que consiste en un hidrófono sumergido en el agua que es remolcado por un barco a baja velocidad. En el caso del AF477 y pese a que se tenía localizada la zona del siniestro con bastante precsión se tardó casi dos años en encontrar y recuperar las cajas negras a 4.000 metros de profundidad, con un submarino autónomo.

 

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