Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
ANÁLISIS

Populismo, 57; Vida Real, 36

El eurófobo Farage se impone al europeísta Clegg en el primer debate de las elecciones europeas en Reino Unido

Los políticos británicos Nick Clegg (der) y Nigel Farage durante el debate de este miércoles. Ampliar foto
Los políticos británicos Nick Clegg (der) y Nigel Farage durante el debate de este miércoles. Getty Images

El miércoles por la noche se celebró en Londres un debate sobre las relaciones entre Reino Unido y la Unión Europea que describe muy bien la situación política por la que atraviesa el país. Los contertulios eran, por un lado, el vice primer ministro y líder del alicaído Partido de los Liberales Demócratas, Nick Clegg; por el otro, el líder del Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP), Nigel Farage, una formación que detesta la inmigración y que cree que la culpa de todo lo malo que le pasa a los británicos es de la Unión Europea y que la mejor manera de reverdecer el marchito pasado imperial británico es abandonar la UE y navegar en solitario por los océanos globales sin más compañía que acuerdos bilaterales con el mundo anglosajón, más China.

Era el primero de los dos debates previstos de cara a las elecciones europeas y lo organizaba la emisora de radio LBC pero se transmitía por televisión a través de la cadena Sky. El segundo debate, el 2 de abril, lo retransmitirá la BBC.

Lo primero que llama la atención es que no participaran los líderes de los dos grandes partidos de Westminster: conservadores y laboristas. La explicación es muy sencilla: porque a pesar de que el debate era sobre Europa, en realidad se trataba de una cuestión de política doméstica. Lo que está en juego no son las elecciones europeas de mayo próximo, sino las generales de mayo de 2015. Y ni a David Cameron ni a Ed Miliband les interesa meterse en harina europea.

Al primero, porque los conservadores están profundamente divididos entre quienes creen que Europa es el demonio y conviene alejarse lo más posible y quienes creen que es algo bastante parecido al demonio pero es mejor llevarse bien con él que ignorar su existencia.

A Miliband, porque los laboristas son en teoría pro europeos pero creen que los votantes no lo son y que lo mejor es no hacer nada porque si dicen lo que piensan sobre la UE pueden perder votos y si dicen lo que no piensan pueden quedar en evidencia. Además, el partido no está tan unido en torno a la cuestión europea como pretende.

A quienes sí les interesa participar en un debate sobre Europa es a Farage y a Clegg. Al primero porque es un partido inexistente en la política nacional, sin un solo diputado en Westminster, pero se ha convertido en el partido protesta y saca buenos resultados en las votaciones que los británicos utilizan a menudo para protestar: europeas, locales y las llamadas “by-elections” para cubrir vacantes en los Comunes. Al segundo, porque los liberales están tan hundidos que cualquier oportunidad de salir en los medios nacionales y de diferenciarse de sus compañeros de coalición es agua de mayo para ellos. No les da vergüenza hablar bien de la UE y a fin de cuentas lo que buscan ahora no es conseguir conversos para su causa sino convencer a los suyos de que les vuelvan a votar a pesar del pecado mortal de meterse en la cama de Downing Street con los tories.

¿El debate de anoche? Para los medios, lo que se dijo es lo de menos. Lo de más es el resultado de una encuesta de urgencia realizada por YouGov y que dio la victoria a Nigel Farage por un amplio margen: 57% a 36%, con un 7% de indecisos. Un resultado que dejaría perplejo a cualquier observador neutral que no conociera la política británica: Farage era el que sudaba, el que no daba datos, el que apelaba a los mensajes retóricos y más extremos, aunque también el más dinámico; Clegg era el que mantenía la calma, el que contestaba con datos, el que intentaba explicar las diferencias en la vida real entre estar dentro o estar fuera de la UE.

Que los espectadores concluyeran que Farage fue superior a Clegg es significativo porque indica que les gustó el mensaje que más se acercaba a lo que querían oír, no el que les explicaba cómo es la vida real. Y eso es quizás lo más triste. Porque el mensaje central de Farage sigue siendo que hay cientos de millones de europeos dispuestos a invadir Reino Unido y hay que cerrarles las puertas como sea. Populismo, 57; Vida Real, 36.