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La OTAN se moviliza ante Rusia

La organización reorienta el foco hacia Europa tras años centrada en Afganistán

Los aliados debaten enviar tropas al Este y suspender la cooperación con Moscú

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Fuerzas mnilitares en la ciudad de Sebastopol, Crimea. afp

La OTAN despierta de su letargo. Después de muchos años volcada en conflictos exteriores como el de Afganistán, la organización se moviliza para hacer frente a lo que considera la mayor amenaza para la seguridad mundial desde la caída del Muro de Berlín: el desafío ruso. Nunca desde entonces habían sentido los países aliados la presión en sus propias fronteras, una situación que devuelve a la Alianza Atlántica a sus orígenes, cuando el adversario era Moscú. Ante este nuevo escenario, la OTAN muestra sus garras, aunque le pesan los profundos recortes en defensa aplicados durante años, especialmente en Europa. La reprimenda que el presidente estadounidense, Barack Obama, lanzó el miércoles en Bruselas sobre ese repliegue militar en el continente ha traído a primer plano un problema hasta ahora infravalorado.

Pese a la aparente calma desde la anexión de Crimea a Rusia, Occidente teme que el intento del presidente Vladímir Putin por ampliar su área de influencia no haya concluido. Descartada una intervención militar —Ucrania no es miembro de la Alianza Atlántica y Europa no tiene intención de embarcarse en una guerra—, los aliados engrasan la maquinaria para disuadir a Moscú de una nueva ofensiva a las puertas de la UE. Los ministros de Asuntos Exteriores de la organización se reunirán la próxima semana en Bruselas con una serie de propuestas sobre la mesa. “Van a tener que tomar muchas decisiones nuevas”, vaticina un portavoz de la organización. La subida de tono en la siempre medida retórica del secretario general de la Alianza, Anders Fogh Rasmussen, ofrece pistas sobre la nueva tesitura.

Los aliados no dejan de enviar aviones de combate a la región

La medida más relevante, aún por concretar, consistiría en desplegar tropas en los países del Este europeo, los más amenazados por cualquier ofensiva de Moscú. Además de su proximidad geográfica, algunos de esos Estados, en su día en la órbita soviética, cuentan con minorías rusófilas sobre las que Putin podría tratar de influir. Aunque la OTAN rehúsa concretar el volumen de esas hipotéticas tropas, sí aclara que se trataría de reasignar fuerzas desde los países más seguros hacia los más vulnerables.

Entretanto, los aliados no dejan de enviar aviones de combate para reforzar la seguridad de la región. Los seis F-16 aprobados ayer por Dinamarca se suman a otros ocho de Reino Unido y Francia, más casi una veintena estadounidenses. Desde hace dos semanas, varios aviones de vigilancia AWACS sobrevuelan Polonia y Rumanía para detectar cualquier anomalía. Las medidas resultan más cosméticas que eficaces, pero son una muestra del músculo que la OTAN está dispuesta a exhibir si atisba nuevos peligros. “Ya hemos hecho cosas en aviación; planeamos extenderlas al ámbito terrestre y al naval”, aseguró el miércoles Ben Rhodes, uno de los principales asesores de seguridad de Obama.

Esa nueva perspectiva supone una llamada de atención sobre el deterioro de las fuerzas militares aliadas en los últimos años. Los presupuestos de Defensa han experimentado importantes mermas, especialmente desde la crisis. La presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaite, urgió este jueves a su país a duplicar con creces el presupuesto militar, ahora en el 0,8% del producto interior bruto (PIB). Sus declaraciones reflejan el sentir de muchos socios, especialmente los más próximos a Rusia.

Los presupuestos de Defensa han experimentado fuertes mermas

Los datos globales de la OTAN apenas recogen esa caída presupuestaria, principalmente porque llegan hasta 2010, y entonces la partida destinada al Ejército aún estaba en 3,3% del PIB, aunque en Europa no superaba el 1,7%. La evolución de las fuerzas armadas, en cambio, muestra más claramente el deterioro. De contar con casi seis millones de militares en 1990, los países aliados han pasado a tener 3,6 millones en 2010. Si el personal militar y civil de Defensa suponía entonces un 2,5% de la población activa, hoy representa el 1,1%. “Es verdad que la caída de los presupuestos es una preocupación y hace perder eficacia, pero la OTAN sigue siendo la mayor potencia militar del mundo”, argumenta el portavoz.

Más que un alza inmediata de las partidas de Defensa, algunos expertos prevén mayor colaboración entre Estados. “En los países más cercanos se puede producir una ligera subida, pero lo que más veremos es cooperación entre los países de Europa central, los nórdicos o los bálticos”, abunda Vivien Pertusot, experto del laboratorio de ideas Ifri.

Junto a las medidas de refuerzo, los ministros analizarán la próxima semana el futuro de las relaciones entre la OTAN y Rusia. Desde que un tratado de 1997 certificó el fin de las hostilidades, ambos bloques cooperan en asuntos militares e incluso Moscú cuenta con un embajador ante la Alianza Atlántica. “Los ministros podrían decidir suspender el diálogo, pero a medio plazo, Rusia es un socio muy poderoso y lo mejor que se puede hacer no es aislarlo”, sugiere el analista de Ifri.