Maduro acepta reunirse este martes con una delegación opositora

Los ministros de Exteriores de ocho países de América del Sur intentan mediar entre Gobierno y oposición

Una manifestante es rociada con gas pimienta en Caracas / C. G. Rawlins (REUTERS)

Tras reunirse con los ocho cancilleres enviados por Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) para interceder en el conflicto venezolano, el presidente Nicolás Maduro anunció públicamente en Caracas que había aceptado la propuesta de la misión para reunirse este martes con una delegación de los movimientos opositores. “Estoy listo y además deseoso de sentarme cara a cara con los factores de la oposición”, afirmó, en una declaración a las puertas del Palacio de Miraflores, sede del Poder Ejecutivo venezolano.

El anuncio representa un giro inesperado en la visita de dos días de los ministros de Relaciones Exteriores de Unasur. Hasta el momento, el gobierno venezolano se había encargado de aclarar que la delegación, conformada por representantes de ocho naciones, tenía como propósito principal el de tomar parte la oficialista Conferencia Nacional de Paz, iniciativa inaugurada por el propio Maduro el 18 de febrero como respuesta a la ola de protestas que surgió el 12 de febrero y que, con diversas intensidades, se mantiene hasta hoy. “Los cancilleres van a apoyar, acompañar, asesorar el diálogo en el marco de la Conferencia Nacional por la Paz para terminar de borrar esa corriente violenta, extremista, que tanto dolor y sufrimiento ha causado a nuestro pueblo”, aseguró el ministro del exterior venezolano, Elías Jaua.

Sin embargo, el defecto más grueso de esa conferencia estribaba en la renuencia de los sectores de oposición a comparecer. Analistas locales suponen que la nueva propuesta de Unasur para Maduro cuenta con una aceptación previa de la oposición. No obstante, al caer la noche del lunes en Caracas, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), alianza que aglutina a los principales adversarios del gobierno, todavía no se había pronunciado sobre si nombrará una delegación para la eventual reunión del martes.

Se desconoce el formato que seguirá la reunión, dónde tendrá lugar, y si se transmitirá por señal abierta de televisión

“Estoy seguro de que, si esa reunión termina de concretarse hoy en la tarde, va a ser un gran mensaje de paz, de democracia, de nuestro país a todo nuestro pueblo”, dijo Maduro, haciendo votos porque su contraparte se haga presente.

Inesperada y, hasta hace poco, improbable, la convocatoria representa un golpe de efecto para Maduro y una audacia de Unasur, una organización que cuenta con escaso beneplácito de la oposición venezolana. De llevarse a efecto, sin duda, resultará una oportunidad histórica, cuyo único antecedente habrá de encontrarse en la Mesa de Negociación y Acuerdos que en 2003 patrocinó la Organización de Estados Americanos (OEA), con la presencia personal de su entonces Secretario General, César Gaviria.

Maduro supone que la agenda de la reunión sería abierta. Se desconoce el formato que seguirá, dónde tendrá lugar, y si se transmitirá por señal abierta de televisión —como hasta ahora las partes venían demandando—. Aún más importante, nadie ha aclarado si esta iniciativa de paz suplanta o complementa los ofrecimientos de mediación que llegan desde el Vaticano para Venezuela.

Los sectores de oposición desconfían, en general, de Unasur, a la que consideran un aliado nato del chavismo. Su propia constitución fue alentada por Hugo Chávez, y sus principales miembros, como Brasil y Argentina, son percibidos como valedores del proceso bolivariano. El sector disidente de la oposición, casi escindido de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), todavía critica a Unasur su incapacidad de lograr una auditoría integral de las controvertidas elecciones de abril de 2013, en las que Maduro obtuvo la presidencia de la República con un margen de apenas un 1% y que sumó varias denuncias de irregularidades.

Si la oposición “oficial”, representada por la MUD, aceptar ir a la mesa de diálogo este martes, es casi seguro que causará una reacción de los sectores más críticos, agrupados en torno al movimiento de La Salida. Una de sus portavoces, María Corina Machado, ya había adelantado que para sentarse a negociar con el gobierno, este debía cumplir unas condiciones previas, que incluían la liberación de los presos políticos, el cese de la represión armada contra las protestas y la determinación de responsabilidades en las muertes registradas durante manifestaciones y las denuncias de abusos policiales.

Los directivos de la MUD se reunieron en marzo con los cancilleres de Unasur. Entonces se avinieron a consentir una mediación por parte de naciones miembros de Unasur, aprobadas por las partes, pero no de la propia organización. En consonancia con esa posición, el domingo el coordinador de la alianza, Ramón Guillermo Aveledo, había saludado la llegada de los ministros de Exteriores siempre y cuando consiguiera que “el Gobierno se comprometa sinceramente” con un diálogo que, desde su perspectiva, debería cumplir con estas condiciones: “Respetuoso, a la vista de todo el país, con una agenda acordada y con la presencia de un tercero de buena fe, nacional o internacional”.

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