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Giro político en China

China da un giro a su política exterior en África

Pekín impulsa la estabilidad y la seguridad en el continente para proteger su economía

El primer ministro, Li Keqiang, viaja a Etiopía, Nigeria, Angola y Kenia

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Li Keqiang, con el presidente de Etiopía, Hailemariam Desalegn. AP

Desde que la nueva generación de dirigentes chinos liderada por el hoy presidente, Xi Jinping, asumió el poder del Estado en marzo de 2013, no solo ha puesto en marcha importantes reformas económicas y sociales sino que ha multiplicado los esfuerzos en política exterior, con la vista puesta en la estabilidad, la seguridad y la economía de China.

En este plan, juega un papel crucial la creación de las condiciones que permitan abrir mercados para los productos manufacturados chinos -cada vez de mayor valor añadido- y garantizar los recursos minerales y energéticos que precisa el país para continuar el proceso de desarrollo.

China ha entrado en una nueva etapa en lo que respecta a la seguridad en África

Liu Hongwu, director del Instituto de Estudios Africanos en la Universidad Normal de Zhejiang

Esto supone incrementar las relaciones con naciones ricas en materias primas y en crecimiento como las africanas. De ahí, que Pekín haya dado un giro a su política en África, tradicionalmente centrada en el aspecto económico, para impulsar la estabilidad y la seguridad en el continente.

“En el pasado, China, principalmente, ayudó a los países africanos a que se desarrollaran, mejoraran su crecimiento económico, ampliaran sus infraestructuras e incrementaran el comercio con China. Pero ahora China se ha dado cuenta de que la estabilidad política y la seguridad son tan importantes como el desarrollo de sus economías, así que está prestando más atención a esto. Es el caso en Sudán del Sur. China ha entrado en una nueva etapa en lo que respecta a la seguridad en África”, explica Liu Hongwu, director del Instituto de Estudios Africanos en la Universidad Normal de la provincia costera de Zhejiang.

El primer ministro, Li Keqiang, inició ayer en Etiopía una gira de una semana por África, que le llevará también a Nigeria, Angola y Kenia. Li participará en Abuja (capital de Nigeria) en el Foro Económico Mundial sobre África, que comienza el miércoles y dura tres días. El dirigente chino busca reforzar los intercambios económicos con el continente, que en 2013 superaron por primera vez en un año 200.000 millones de dólares (144.000 millones de euros), y disipar las críticas sobre la existencia de un colonialismo chino. “Se trata de una importante visita orientada a todo el continente”, con objeto de renovar la “tradicional amistad” entre China y África y hacer avanzar “un nuevo tipo de asociación estratégica”, aseguró Zhang Ming, viceministro de Exteriores, en vísperas del viaje de Li.

China superó a Estados Unidos y se convirtió en el mayor socio comercial de África en 2009, con una cuota del 13,5%, según datos de la OCDE. El comercio bilateral ha pasado de 10.000 millones de dólares (7.200 millones de euros) en 2000 a 210.000 millones de dólares (151.000 millones de euros) en 2013. Unas 2.500 empresas chinas operan en el continente.

Interés renovado de Japón y Estados Unidos

J. R, Pekín

El cortejo chino a África ha tenido como consecuencia un interés renovado en el continente por parte de otras potencias. El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, visitó en enero Costa de Marfil, Mozambique y Etiopía, y ofreció financiación por valor de 320 millones de dólares (230 millones de euros) para impulsar la paz y la seguridad en África, incluidos 25 millones de dólares (18 millones de euros) para afrontar la crisis en Sudán del Sur.

El viaje fue recibido con el rechazo de Pekín, que acusó a Abe de retratar a China como una amenaza durante su gira africana. Pekín atacó a Tokio por medio de su embajador en la Unión Africana y Etiopía, Xie Xiaoyan, quien denunció en una rueda de prensa a Japón por su pasado imperialista y dijo que Abe intentaba sembrar la discordia en la región. Xie no se anduvo con miramientos, y mostró fotografías de torturados y cadáveres de ciudadanos chinos durante la invasión japonesa de China en la Segunda Guerra Mundial.

Estados Unidos también quiere recuperar el tiempo perdido. El presidente Barack Obama ha invitado a 47 líderes africanos a Washington los próximos 5 y 6 de agosto para celebrar la primera cumbre de dirigentes de ambas partes, con objeto de reforzar el comercio y los lazos de seguridad con África, que, según afirmó Abe en la capital etíope, Addis Abeba, “se ha convertido ahora en el continente que alberga las esperanzas del mundo mediante el potencial latente de sus recursos y su dinámico crecimiento económico”.

Para Liu Hongwu, director del Instituto de Estudios Africanos en la Universidad Normal de la provincia de Zhejiang, no se trata de una competición. “La estrategia de China hacia África es el resultado de su propia comprensión de lo que África necesita, y no está dirigida contra ningún otro país como Japón o Estados Unidos. Pero hay gente en estos países que piensa con el viejo espíritu de confrontación. Especialmente en Japón, el Gobierno (del primer ministro) Shinzo Abe ha adoptado una estrategia global de contención de China”, dice Liu. “Muchas de las políticas de Japón en África tienen este objetivo. Puede elegir la estrategia que quiera para contener a China, pero no creo que África tome partido (por Pekín o Tokio) como Japón desea, y, además, creo que es innecesario que intente frenar a China en África”.

Angola es uno de los principales suministradores de petróleo a China, mientras que, en Kenia, empresas chinas tienen importantes proyectos energéticos y están construyendo una nueva línea férrea desde la costa en el océano Índico hasta la frontera occidental con Uganda. La inversión directa china acumulada en África alcanzó 25.000 millones de dólares (18.000 millones de euros) a finales del año pasado.

La política exterior de Pekín sigue el ritmo de sus intereses económicos en el mundo. Algo que se ha puesto aún más de manifiesto recientemente en África. Zhong Jianhua, representante especial para asuntos africanos, participó en enero en las negociaciones de paz que condujeron a un delicado alto el fuego entre el Gobierno del presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir, y los rebeldes leales a quien fue su número dos y vicepresidente, Riek Machar. “China debería implicarse más en la búsqueda de soluciones para la paz y la seguridad en cualquier conflicto allí”, aseguró Zhong a la agencia Reuters. “Esto es un desafío para China (…) Es un nuevo capítulo para la política exterior de China”.

Aunque el alto el fuego en Sudán del Sur no duró mucho, puso de manifiesto el papel nuevo y activo que ha jugado Pekín en el conflicto. “China tiene intereses energéticos en Sudán del Sur, así que esperamos, incluso aún más, que este país pueda mantener la paz y la estabilidad”, dijo Qin Gang, portavoz de Exteriores, el mes pasado.

Miles de personas han muerto en Sudán del Sur, y más de medio millón han tenido que huir de sus hogares desde mediados de diciembre, en el peor estallido de violencia desde que logró la independencia de Sudán en 2011. La comunidad internacional teme que la inestabilidad en este país rico en petróleo se extienda en una región ya bastante volátil. Zhong, que posee gran experiencia en Sudán del Sur, ha afirmado que este problema es su prioridad número uno.

Las relaciones de Pekín con África se intensificaron a partir de la década de 1950, cuando China respaldó los movimientos africanos de liberación del colonialismo occidental. En las dos últimas décadas, ha construido y financiado carreteras, aeropuertos, líneas de ferrocarril, estadios, puertos, hospitales o escuelas, al tiempo que accedía a los recursos minerales, madereros y energéticos en un continente rico en ellos.

El avance de la política exterior de China, basada tradicionalmente en la no injerencia en los asuntos internos de otros países, no había seguido el mismo ritmo. Pero su continuo ascenso económico y la necesidad de proteger sus intereses le han otorgado –u obligado a asumir- nuevas responsabilidades internacionales. Pekín importó 3,5 millones de toneladas de crudo de Sudán del Sur el año pasado. Es su mayor cliente de petróleo.

Pekín ha asegurado que actuará con precaución, y ha defendido que la solución al conflicto sudanés debe respetar la propuesta de las naciones de África, donde algunos dirigentes consideran a China un contrapeso a Occidente y han agradecido los créditos baratos que les ha otorgado, pero al mismo tiempo ven con inquietud la forma en que se está llevando sus recursos naturales y la poca aportación tecnológica que ha hecho a las industrias locales. El 85% de las exportaciones africanas a China son materias primas, como petróleo y minerales.

Las suspicacias por el papel jugado por China han sido mostradas incluso por la experta en primates y antropóloga británica Jane Goodall, quien ha asegurado que China está explotando los recursos de África como hicieron los europeos, con consecuencias desastrosas para el medio ambiente, e incluso peores que las provocadas por la colonización europea, dados el tamaño de China y los avances de la tecnología.

Los nuevos líderes chinos están intentando cambiar esta percepción. Antes de emprender el domingo su gira africana, Li Keqiang aseguró que las disputas y las críticas que han surgido sobre algunas inversiones chinas son tan solo “dolores del crecimiento” y “casos aislados”, pero instó a las empresas chinas en África a que cumplan de forma estricta las leyes locales. “Deseo garantizar con toda seriedad a nuestros amigos de África que China nunca seguirá la senda del colonialismo como hicieron algunos países, o permitirá que el colonialismo, que pertenece al pasado, reaparezca en África”, dijo en comentarios recogidos por la agencia oficial Xinhua. “El destino de China y África está íntimamente ligado. Nos apoyamos durante la lucha por la independencia, y en el curso del desarrollo nacional siempre nos hemos tratado como iguales”, afirmó ya una vez en Addis Abeba (capital de Etiopía), informa Associated Press.

El mismo mensaje había enviado un año antes Xi Jinping. El primer viaje que efectuó al extranjero, en marzo de 2013, nada más asumir la presidencia del país le condujo a Tanzania, Suráfrica y la República del Congo. “África pertenece a los africanos (…) Al desarrollar relaciones con África, todos los países deberían respetar su independencia y su dignidad”, dijo en Dar es Salam, la mayor ciudad y capital económica de Tanzania, en un intento de calmar las inquietudes de quienes piden en el continente unas relaciones más equilibradas con la segunda potencia económica del mundo. Xi prometió transferencias de tecnología y formación para edificar industrias locales.

Las empresas chinas han invertido grandes sumas en proyectos de infraestructuras, minería y energéticos en el continente; pero algunas han sido acusadas de tratar de forma injusta a los empleados africanos, llevar a cabo obras de mala calidad e incumplir las leyes laborales locales, entre otras. Además, Pekín ha sido acusado de neocolonialismo y de no favorecer el desarrollo económico de África, al centrarse principalmente en la búsqueda de materias primas más que crear puestos de trabajo.

El año pasado, el Gobierno de Zambia tomó el control de una mina de carbón gestionada por una compañía china por no cumplir las normas de seguridad, salud y medioambientales. En 2012, los trabajadores de la mina mataron a un gerente chino durante unos disturbios originados por las condiciones laborales.