Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete

Un atentado terrorista deja 31 muertos en la región china de Xinjiang

Los atacantes han lanzado explosivos y han detonado sus vehículos en la capital de la región

Policías acordonan la zona del atentado en Urumqi. AP

La violencia terrorista se recrudece en China. 31 personas han muerto y 94 han resultado heridas en un ataque con explosivos esta mañana en un mercado callejero en Urumqi, capital de la región autónoma de Xinjiang, hogar de la minoría musulmana uigur, según la agencia oficial Xinhua. Se trata del incidente más grave registrado en Xinjiang desde 2009.

El atentado se ha producido a las 7.50 (seis horas menos en la España peninsular), cuando los asaltantes se abalanzaron en dos coches todoterreno sin matrícula contra los compradores que se encontraban en el lugar y lanzaron explosivos por las ventanillas, antes de estrellar los vehículos, uno de los cuales explotó. El Ministerio de Seguridad Pública ha calificado inmediatamente lo ocurrido de “grave incidente terrorista violento”. No está claro quiénes son los autores, pero el Gobierno ha culpado de los ataques con explosivos y cuchillos ocurridos en los últimos meses en distintos lugares del país a militantes separatistas de Xinjiang.

El presidente chino, Xi Jinping, que estuvo el mes pasado de gira de inspección en la región, ha respondido rápidamente y ha prometido “castigar con dureza a las terroristas y no escatimar esfuerzos para mantener la estabilidad”. Meng Jianzhu, jefe de seguridad interior del país, se ha comprometido a “destruir la arrogancia de los terroristas violentos”. La policía ha enviado un equipo de investigación de Pekín a Urumqi.

“Oí cuatro o cinco explosiones. Estaba muy asustado. Vi a tres o cuatro personas en el suelo”, ha contado Fang Shaoying, propietario de un pequeño supermercado cerca de donde se produjo el atentado, a la agencia Associated Press. Fotos en las que se ven cuerpos tendidos en el suelo y un gran fuego a lo lejos, gente sentada, cajas de verduras desparramadas y policías con vehículos blindados han circulado rápidamente en las redes sociales.

En los últimos meses, el Gobierno ha reforzado la seguridad en estaciones de trenes y otros núcleos de transporte por todo el país ante los crecientes atentados. Pero las medidas no han conseguido frenarlos.

Urumqi sufrió un ataque con explosivos el mes pasado en el cual murieron tres personas, incluidos los dos asaltantes, y 79 resultaron heridas. En 2009, alrededor de 200 personas fallecieron en enfrentamientos entre uigures y miembros de la etnia han, la mayoritaria en China. Muchos uigures sienten un gran resentimiento hacia el Gobierno por lo que consideran la represión de su religión y su cultura. Xinjiang es cuna de un fuerte movimiento separatista.

Asociaciones de uigures en el exilio y grupos de defensa de los derechos de esta minoría aseguran que la política de mano dura del Gobierno en la región ha sembrado la semilla de los brotes de violencia. Pero Pekín afirma que ha llevado el progreso a la región y ha mejorado el nivel de vida de la gente. Los uigures se quejan también de que el control político y económico de Xinjiang está en manos de los han.

El conflicto étnico y nacionalista que sufre Xinjiang ha entrado en una nueva fase en los últimos meses. Hasta el año pasado, los ataques armados que regularmente castigan a esta zona del noroeste de China ricas en recursos naturales se producían dentro de la región autónoma y se dirigían contra miembros de las fuerzas de seguridad y comisarías de policía. Esto cambió a partir de octubre pasado, cuando tres miembros de una familia de Xinjiang murieron al lanzar el coche en el que iban contra los turistas que cada día abarrotan la plaza Tiananmen, en Pekín. Incendiaron el vehículo. Mataron a una turista filipina y a un chino.

A este golpe de gran carga simbólica, ya que se produjo cerca de la Ciudad Prohibida y el Gran Palacio del Pueblo –sede del Parlamento chino-, se sumó otro contra civiles en el sur del país. El 1 de marzo, 29 personas que se encontraban en la estación de Kunming (capital de la provincia sureña de Yunnan) fallecieron y 143 resultaron heridas a causa de las cuchilladas asestadas durante un asalto llevado a cabo por “un grupo de separatistas de Xinjiang”, según los denominó el Gobierno. La policía respondió con disparos y mató a cuatro de los atacantes, entre ellos, una mujer.

La sofisticación de los atentados ha crecido con la frecuencia que se han producido, en medio de lo que lo que los expertos consideran como una creciente amenaza de la violencia islamista en el país. Según los expertos, los terroristas parecen ahora capaces de atacar en cualquier parte -golpean tanto dentro como fuera de Xinjiang-, y la población ve con nerviosismo la propagación de un fenómeno al que hasta hace muy poco se había sentido ajena.

El control que ejerce Pekín sobre los medios de comunicación estatales y la práctica imposibilidad para la prensa internacional de viajar de forma libre a Xinjiang hacen muy difícil verificar las informaciones oficiales y lo que está ocurriendo sobre el terreno. Durante su visita a Xinjiang a finales de abril, Xi Jinping ordenó a las fuerzas de seguridad seguir la estrategia de “golpear primero” para luchar contra el terrorismo. “La batalla para combatir la violencia y el terrorismo no permitirá ni un momento de descuido, y hay que emprender acciones tajantes para suprimir con firmeza el ímpetu desenfrenado de los terroristas”, dijo. Menos de un mes después, la violencia ha castigado aún con más fuerza a Urumqi.

Más información