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El suburbio también vota a Le Pen

En el departamento 93, la abandonada periferia de París, la abstención del 75% facilitó el triunfo histórico de la ultraderecha

Le Pen saluda a sus seguidores durante un mitin en Marsella, el 20 de mayo.
Le Pen saluda a sus seguidores durante un mitin en Marsella, el 20 de mayo. REUTERS

Hace siete días, el Frente Nacional ganó las elecciones europeas en Francia con 4,6 millones de votos, el 24,8%. La extrema derecha se impuso en 71 de los 101 departamentos (provincias). Sus resultados fueron espectaculares salvo en París, las provincias de Ultramar y el oeste del país. En la capital, Marine Le Pen obtuvo un 9,3%, y quedó relegada al quinto puesto. La alcaldesa, Anne Hidalgo, se felicitó por la “excepción parisiense” y la participación, 10 puntos superior a la media, que fue del 43,5%. El caracol parisiense, sin embargo, quedó rodeado por una gran baba bleu Marine. En la banlieue (los suburbios) de la capital hubo una abstención del 75%, y el partido xenófobo hizo estragos.

En Île de France, la región que incluye a la capital, el FN fue la segunda fuerza más votada con un 17,3%, cuatro puntos menos que los conservadores de la UMP. Le Pen cuadruplicó los resultados de las europeas 2009 y ganó por primera vez en el departamento 93 (Seine-Saint-Denis), viejo feudo comunista y socialista agitado por los disturbios raciales en 2005.

En el primer turno de las presidenciales de 2012, Le Pen había obtenido en esta provincia, de fuerte presencia africana y musulmana, un 13,55%. Ahora, con su mejora de siete puntos, superó al Frente de Izquierdas por menos de un punto y se impuso en 24 municipios de 40. Aunque el triunfador real fue la abstención —en el 93 solo votó el 25% del censo—, Le Pen ganó en sitios como Drancy (escenario de persecuciones antisemitas en la II Guerra Mundial), La Courneuve o Le Bourget, donde Hollande dio su mitin de campaña en 2012 y se declaró enemigo de las finanzas.

En Clichy-sous-Bois, el municipio donde en 2005 comenzaron los disturbios, la abstención superó el 78% y también ganó por primera vez el Frente Nacional. En las municipales de marzo pasado, los socialistas recibieron el 65% de los votos. El FN no se presentó.

Fabien Mariano Ortiz, cineasta de origen español que se crió en el 93, explica que “la victoria del FN en la banlieue se veía venir. En Saint-Denis solo han votado los pocos franceses que quedan. Los jóvenes están en la fractura, y la dinámica de izquierda es inexistente. Solo se mueven en las municipales, cuando la gente vota no por motivos políticos, sino porque conoce al candidato”.

"Muchos africanos y árabes pobres expresan así su hartazgo"

Elise Mbock, política de origen africano

“Nos han olvidado”, advertía hace dos años en un reportaje televisivo un habitante del 93 para explicar su apoyo a la ultraderecha en las presidenciales. A su alrededor se veía un paisaje desolador: buzones rotos, inmuebles insalubres... Un territorio abandonado. A 15 kilómetros de la Torre Eiffel, el cuarto mundo.

Nidhal Ben Salem, animador social de origen tunecino, de 32 años, que vive y trabaja en Saint-Denis, cuenta que la victoria del FN en el 93 ha sido “una triste sorpresa”, pero la achaca a la abstención. “En número de votos no han crecido, el problema es que los partidos no se movilizaron y no explicaron a los jóvenes por qué era importante votar”.

La banlieue de París sigue pareciéndose mucho a la de 2005. Siete de cada diez habitantes viven bajo el umbral de la pobreza; hay un 25% de paro y un 40% de desempleo juvenil. La mitad de la población es menor de 25 años.

Tras el batacazo de los socialistas, François Hollande pidió a los franceses que se reunieran “en torno a la República en esta hora grave”. Pero la República hace tiempo que no pasa por el 93, dice Ben Salem: “Los disturbios no fueron las revoluciones árabes. Aquí no ha cambiado nada y nada cambiará. Seguimos sufriendo discriminación y racismo. Si ponemos la tele, no nos sentimos representados. La población inmigrante nunca sale”.

Elise Mbock, una política de origen africano del 93, ha subrayado en su blog la gran paradoja: el FN, un partido racista, tiene cada vez más apoyo entre quienes sufren el racismo: “Muchos africanos y árabes pobres expresan así su hartazgo con el sistema. La ironía es que, si gobernara Le Pen, las ayudas a los inmigrantes se terminarían, y no habría regularizaciones. Y sin embargo…”.

Nidhal Ben Salem cuenta que “muchos jóvenes de los suburbios votaron por Hollande en 2012. Pero ven que el cambio no ha llegado, y que Manuel Valls se parece mucho a Sarkozy. Apoya a Israel contra Palestina y se mete con los gitanos para contentar a la derecha, porque su única ambición es ser presidente en 2017”.

El sociólogo Eric Fassin, profesor en la Universidad París VIII, atribuye el avance del FN a la “progresiva derechización del Partido Socialista en economía y seguridad. La derecha lleva años imitando a la extrema derecha, y los socialistas copia a la derecha. Primero Sarkozy y luego Valls han retomado el vocabulario y las ideas sobre inmigración e identidad de Le Pen”. “Si un presidente o un primer ministro abrazan tesis así, resulta imposible prohibirlas y decir que son diabólicas. Al revés, se legitiman. Y así, se cumple el teorema de Le Pen: la gente prefiere el original a la copia”.

El autor del ensayo Izquierda, el futuro de una desilusión subraya que “los socialistas creen que la realidad es de derechas. Hollande ha exacerbado esto al defender el tratado Merkozy [el pacto de estabilidad de la UE] y dar su giro neoliberal, aplaudido por los medios de izquierdas, y al nombrar a Valls. La única diferencia entre el PS y la UMP hoy es la política sexual. Y el mensaje del PS es el triunfo póstumo de Thatcher: ‘No hay alternativa”.

¿Dónde acabará el auge de la extrema derecha? Fassin vaticina que, en 2017, Le Pen se jugará el segundo turno de las presidenciales con el candidato de la UMP, y después entrará en el Gobierno. “Nos dirán que es un partido republicano como los demás y que es necesario para luchar contra la extrema derecha violenta”.