EE UU pone un mes de plazo a Putin para cambiar su política en Ucrania

El G 7 amenaza a Rusia con ampliar sanciones

La crisis ucrania muestra la escasa cohesión de los aliados atlánticos

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Obama (d), presidente de EE UU, y Cameron, primer ministro británico, este jueves en una rueda de prensa conjunta en Bruselas. AFP

La conmemoración del desembarco en Normandía, en la que este viernes participarán los líderes de los países aliados, incluida Rusia, y de la potencia derrotada, Alemania, debía ser una celebración de la unidad transatlántica. Pero el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pisará en las playas donde hace setenta años miles de jóvenes dejaron la vida por la liberación del continente con un regusto amargo.

Acosado en Washington por el canje de un soldado prisionero por cinco talibanes, Obama concluye una gira de una semana en la que ha tropezado de nuevo con la complejidad de Europa.

Hollande ha cenado dos veces este jueves: con el líder ruso y con el estadounidense

Las iniciativas del presidente, durante el viaje a Varsovia, Bruselas y Francia, para reforzar la presencia militar en el flanco oriental de la OTAN o para aumentar la presión sobre el presidente ruso, Vladímir Putin, han topado con la incomprensión en el oeste y el este de la Unión Europea.

En una rueda de prensa en Bruselas, el presidente de EE UU y el primer ministro británico, David Cameron, han buscado proyectar este jueves una imagen de unidad. Ambos han concedido un mes a Putin para reconocer al nuevo presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, impedir el paso de armamento por la frontera rusoucrania y dejar de apoyar a los milicianos prorrusos en el este del país.

“Veremos lo que hará el señor Putin en las próximas dos, tres, cuatro semanas. Si adopta estas medidas, entonces es posible que empecemos a reconstruir la confianza entre Rusia y sus vecinos y Europa”, ha dicho Obama. En caso contrario, ha añadido, llegará la hora de imponer sanciones a sectores clave de la economía.

Para los países de Europa central y oriental, inquietos por el nuevo nacionalismo ruso que se ha puesto de manifiesto en Ucrania, las propuestas de Obama son demasiado tímidas. Los socios de Europa occidental, que no sienten la amenaza directa de Moscú, se desentienden de las peticiones de EE UU para incrementar el gasto de defensa, contribuir a la mayor presencia militar aliada en Polonia y los países bálticos y prepararse para reforzar las sanciones a Putin si, como sostienen europeos y norteamericanos, persiste en la “interferencia inaceptable” en los asuntos internos de Ucrania.

La complejidad europea se ha escenificado esta noche en París y sobrevuela el encuentro de jefes de Estado y de Gobierno aliados (aliados de la Segunda Guerra Mundial) este viernes en Normandía. Este jueves y el miércoles, en Bruselas, el G 7 —el grupo de los países más industrializados del mundo— ha organizado una cumbre de la que, por primera vez en 17 años, se ha excluido a Putin.

Pero en las horas siguientes, en París y en Normandía, algunos de los mismos líderes del G 7 —Cameron, la canciller Angela Merkel y el presidente francés François Hollande— se han reunido cara a cara con Putin. Hollande lo ha recibido este jueves por la noche en el Palacio del Elíseo, en la misma noche en la que ha tenido que hacer equilibrios con su agenda para verse con Obama en un restaurante de París.

La noche de las dos cenas tiene algo de vodevil o de comedia de enredo, pero también sirve al presidente de EE UU de lección práctica sobre el rompecabezas europeo y las ambigüedades de los países más influyentes de la UE, aliados de EE UU a la hora de imponer sanciones a Putin, pero a la vez con fuertes intereses económicos y financieros con Rusia.

Francia ha vendido barcos de guerra a Moscú y entrenará a 400 marinos

En la cena con Hollande en París, Obama tenía previsto expresar su disconformidad con la venta a Rusia de barcos de guerra franceses Mistral, y el entrenamiento de 400 marinos rusos. Hollande replica que las actuales sanciones no afectan a este contrato y presiona a Obama para que frene la investigación del Departamento de Justicia de EE UU al banco BNP Paribas por violar sanciones de EE UU a países como Irán, Sudán y Cuba.

La multa a BNP Paribas, de hasta 10.000 millones de dólares, “podría tener consecuencias económicas y financieras por toda la eurozona”, según el presidente francés. El ministro galo de Finanzas, Michel Sapin, ha avisado de que la disputa afectará las negociaciones sobre el tratado de libre comercio, que afronta resistencias en la UE y en el Congreso de EE UU.

La gira de Obama por Europa ha coincidido con el anuncio de que la fiscalía federal de Alemania investigará las escuchas que la NSA (la agencia de espionaje electrónico de EE UU) ha realizado a la canciller Merkel, un asunto que ha complicado la relación bilateral y ha dañado la confianza entre Obama y Merkel, según ha admitido el primero.

Nada es fácil para Obama en un club de 28 socios, en un continente dividido hasta hace 25 años, en una ciudad, Bruselas, donde los presidentes de EE UU nunca se han sentido cómodos. “A veces me confundo con la Comisión Europea, el Consejo y el Parlamento”, ha confesado en una rueda de prensa junto a Cameron. “Bienvenido al club”, ha sonreído el británico.