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Oportunidad para emprender

Jóvenes emprendedores latinoamericanos cruzan el Atlántico para expandirse

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El mexicano Max Oliva en el espacio de 'coworking' que emprendió en 2007.

Europa es un mercado apetecible para los empresarios latinoamericanos y, gracias al idioma común, España es un camino natural. Esta premisa se aplica, sobre todo, al caso de las startups, empresas jóvenes apoyadas en la tecnología y diseñadas para tener un rápido crecimiento en el mercado global. Por estar en una etapa inicial de desarrollo, cuentan con el apoyo de las aceleradoras de startups, instituciones que les aportan una inversión semilla y les ayudan a conseguir financiación adicional para sus proyectos, además de ofrecerles una formación intensiva.

Las startups se insertan en un nuevo modelo de hacer negocios, en el que el emprendedor tiene la oportunidad de expandir su proyecto sin desplazarse necesariamente. Muchas empresas consiguen comercializar sus productos en varios países desde una única oficina física. Esto es posible debido a, en parte, la propia naturaleza inmaterial de lo que ofrecen, como aplicaciones de móvil o plataformas digitales. Por otro lado, las aceleradoras les facilitan una red de contactos que les permite transitar por diferentes mercados.

Uno de los principales puntos de contacto entre España y Latinoamérica es Wayra, la aceleradora de Telefónica que tiene centros en 13 países de los dos continentes. Según Yamil Salinas, un portavoz de la empresa, las startups son compañías en plena fase de crecimiento, de modo que les resulta difícil en menos de tres años poder instalarse formalmente en otras regiones. Atendiendo a ese punto, Wayra les ofrece espacios de trabajo en sus países de origen, de modo que los emprendedores pueden gestionar sus operaciones desde allí. “No hace falta estar físicamente en España para conquistar su mercado. Ofrecemos un modelo que les permite moverse de manera más liviana en una etapa temprana”, señala Salinas.

Las 'aceleradoras' ayudan a las 'startups' a conseguir financiación y les ofrecen una formación intensiva

Social Tools, una startup acelerada por Wayra, es una compañía online que ayuda a empresas a mejorar su actividad en las redes sociales. Dos años después de que empezaran, ya cuentan con 80.000 mil clientes en 25 países, y esperan llegar a más de cien al final del año. Aunque de momento solo tienen sede en Argentina, España es hoy el país que más facturación les genera, y por ello van a Madrid el mes que viene para negociar su desembarco en el país. Lucas Emma, cofundador de Social Tools, cree que hay que desmitificar el tema de la crisis: “No es que no exista, sino que hay oportunidades que se pueden aprovechar. España tiene un mercado muy grande, están creciendo en social media y tienen la facilidad técnica y económica para emprender”.

Emma señala algunas de las dificultades que ha encontrado para emprender en su continente: “En Brasil necesitas tener un socio local que sea brasileño, en Venezuela y Argentina no se puede cobrar en dólares. Un gran problema a nivel técnico son los sistemas de pago electrónico, que son muy deficientes en Latinoamérica. En España en este sentido es mucho más sencillo”.

El emprendedor de 'startups' tiene la oportunidad de expandir su proyecto al mercado global sin desplazarse necesariamente

España es también uno de los países donde tiene más usuarios la aplicación Qranio, un juego de contenido educacional en el que se acumulan monedas virtuales y luego se las puede cambiar por premios. Creada por el brasileño Samir de Oliveira en 2011, Qranio ya tiene usuarios en 137 países y cinco oficinas alrededor del mundo. Para Oliveira, es importante establecerse físicamente para ofrecer un producto de calidad: “No hay manera de construir un contenido relevante capaz de tornar el aprendizaje divertido si no lo hacemos desde dentro de la propia cultura del país. Así que siempre que empezamos una negociación, como estamos haciendo ahora en España, el objetivo es tener una oficina allí”.

Las startups también encuentran una oportunidad de crecimiento en los espacios de coworking. El Hub es una red global con centros en 65 países que ofrece espacios de trabajo en el que profesionales de diversos ámbitos pueden interactuar, de modo a generar un “entorno de aprendizaje”, como define Max Oliva, director del Hub Madrid. Entre las ventajas que ofrece, está la posibilidad de empezar un negocio alquilando una oficina en su espacio “a precios competitivos” y tener acceso a los contactos de toda la comunidad Hub. Oliva, mexicano de 37 años, fue él mismo un emprendedor de startup cuando creó el Hub Madrid, hace siete años. “Aquí en España el contexto no es el mejor para nada, ha habido crisis desde que empezamos. Fue difícil pero, para bien o para mal, yo desde niño he vivido en crisis, en México siempre ha habido inestabilidad política y económica, y aprendías a vivir. No sé si somos más resilientes, pero hay un componente en el que te sabes mover. El inmigrante se busca la vida”, sentencia.

Los sistemas de pago electrónico suelen ser deficientes en Latinoamérica, afirma un emprendedor 

Los latinoamericanos conforman el mayor colectivo inmigrante de España, con cerca de 1,5 millones de residentes según datos publicados en junio de 2013 por la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración. La cifra se incrementó un 65% desde enero de 2004, pese a la crisis. Al mismo tiempo, el número de aceleradoras de startups ha aumentado un 600% en España desde 2007, lo que la posiciona como uno de los países europeos con más iniciativas de emprendimiento, según un informe de 2013 de Telefónica. Actualmente hay 1.742 startups y 179 aceleradoras en el país, según Startupxplore, una comunidad que conecta a emprendedores e inversores.

“Los latinoamericanos, por su sentido emprendedor, han contribuido a la economía productiva de nuestro país”, afirma Tomás Poveda, director general de Casa América, institución cuyos ciclos fomentan el conocimiento de la realidad emprendedora de Latinoamérica. “España les atrae por la cercanía cultural, el idioma y por nuestra posición geográfica. Somos el país adecuado para que las multilatinas se expandan hacia Europa, Oriente Medio y África”, señala.

“Nunca me he encontrado a nadie que se quejase de trabas burocráticas por ser extranjero. Otra cosa es que se quejen de las dificultades con las que se encuentra cualquiera que desee construir una empresa en España”, afirma Alberto Fernández Terricabras, director de Finaves, unos fondos de IESE Escuela de Negocios que invierten en proyectos de exalumnos, de los que el 85% son inmigrantes. Según el profesor, los principales problemas con los que uno se encuentra son las desventajas fiscales y los tiempos de respuesta lentos de la Administración.

Fernández afirma que hay fondos de ayuda públicos a los que los que aspiran a crear una startup pueden acceder, sean extranjeros o españoles, puesto que “al final, quien te proporciona el dinero se fija en el proyecto y la viabilidad de la empresa, no en las personas”. Además de los programas por Comunidades Autónomas, hay varios a nivel estatal, de los que destaca el ENISA, del Ministerio de Industria, que concede préstamos participativos de hasta un millón y medio de euros a empresas en etapas iniciales.

“Desde que abrimos nunca dimos perdidas”

Lily Dueñas enseña una de sus tartas.

Lily Dueñas, propietaria de la pastelería Delicias Lily

La peruana Lily Dueñas (Lima, 1962) llegó a Madrid en 1990. Después de trabajar 14 años como técnica informática en su país, le ofrecieron incentivos para renunciar. Familiares le informaron de que en España se podía conseguir trabajo y con 29 años se estableció en Madrid. Distintas empresas le ofrecieron empleo en su campo, pero debía tener un visado de trabajo y homologar sus estudios. Estos trámites podrían tardar hasta dos años, así que comenzó a lavar platos en un restaurante mexicano. “Fui escalando hasta llegar a jefa de comedor” afirma con voz dulce y acento marcado. Al mismo tiempo, y como consecuencia de la nostalgia de sus compatriotas, comenzó a cocinar tartas artesanales con el sabor de su país natal.

Lo que empezó como un pasatiempo se convirtió en una fuente extra de dinero y continuó como un impulso para construir su propia pastelería. Dueñas decidió inscribirse en los programas de La Mujer Mejor y Mujer Emprendedora de la Comunidad de Madrid. Así nació la idea de Delicias Lily, una empresa donde se prepararan tartas artísticas personalizadas. Abrió sus puertas en junio de 2004. “Iniciar fue complicado, la normativa para vender alimentos no es sencilla. Pero desde que abrimos nunca dimos perdidas”, confiesa sentada en su local cerca de la madrileña plaza de España, un sitio pequeño, pero muy acogedor. Hace un par de semanas se publicó un libro titulado 51 peruanas (apoyado por Casa América), en el cual aparece Dueñas como un ejemplo de inmigrante emprendedora. “De mis tartas me gusta más que me digan que está rica a que está bonita” afirma.

“En España hablar de I+D es siempre bienvenido”

Arturo Cervantes en un Evento de ProMéxico.

Arturo Cervantes, jefe de la empresa BSD

Con un banco, un portátil y 50.000 pesos (3.844 dólares) comenzó el mexicano Arturo Cervantes (Tamaulipas, 1973) a construir su empresa. Hoy, después de 11 años, su compañía alcanza una facturación anual de 102 millones de dólares, con más de 1.400 empleados, y presencia en México, Estados Unidos, Chile, Costa Rica y España. Su negocio ofrece servicios en tecnología de la Información: BSD Enterprise, Business Solutions Developers. Sus ascensos y expansiones han sido, casi siempre, por el triunfo en distintos concursos que grandes empresas organizaban buscando ayuda en sus departamentos de tecnología. Desembarcar en España tuvo sus obstáculos, sobre todo, por el papeleo burocrático. “Conseguir el visado de trabajo para los 40 mexicanos que venían a capacitar españoles fue un trámite muy largo que nos retrasó el trabajo. Al final solo vinieron 10”, explica Cervantes vía telefónica desde México. Sin embargo, se topó con una alegría: “Hay una conciencia muy fuerte en la sociedad y en las empresas españolas sobre la importancia de generar innovación. Hablar de I+D siempre es bienvenido”. 

Este ingeniero en sistemas aconseja a los emprendedores focalizar su oferta de valor: “¿Qué valor agregado va a llevar y ofrecer en el mercado que le haga diferente?”. Cervantes asegura que acertar en esta pregunta es la clave del éxito. Sus oficinas en Madrid están en la planta 21 de la moderna Torre de Cristal, un rascacielos de 90 metros de altura. Desde aquí enlazan la llamada con el director mexicano que ha conseguido que su empresa sea un referente tecnológico a nivel mundial.

“Trabajar en hostelería es duro. Yo valgo para esto”

Juliana Aguiar en su restaurante.

Juliana Aguiar, dueña del restaurante Santo

Juliana Aguiar (Brasilia, 1974) viajó a Madrid en 2000 para tomar un curso de castellano por tres meses. Pero se enamoró de un español y los planes cambiaron. En los siguientes cuatro años se dedicó a dar clases de portugués, comenzó a trabajar de camarera y en distintos catering. “Siempre me ha gustado la gastronomía, pero mi aprendizaje es empírico, nunca lo estudié”, subraya esta brasileña que no se corta al hablar.

En 2004 decidió volver por tres años a Brasil. Ahí su experiencia en hostelería cogió fuerza. Fue jefa de producción y más tarde de control de calidad de una cadena de siete restaurantes. Sin embargo, le faltaba aprender más: “Quería trabajar con productos que no podía conseguir en Brasil porque, a pesar de la diversidad de materias primas que hay, son muy difícil de trasladar en un país tan grande”, explica Aguiar mientras deja ver el tatuaje que tiene en el antebrazo, un cuchillo con un tenedor.

Regresó a España en 2007. Después de trabajar en distintos restaurantes de alta gastronomía, decidió montar su propio local de comida. Así surgió Santo, ubicado en el centro de Madrid. Es un lugar muy agradable, muy bien decorado y que sirve comida mediterránea con toques de su país de nacimiento. “Mi restaurante se está convirtiendo en brasileño porque la gente lo pide y la prensa así me ha etiquetado”, confiesa entre risas. “Mucha gente piensa que si estás sin trabajo sirves para trabajar en hostelería, pero no es cierto, es muy duro. Hay gente que vale y gente que no. Yo valgo para esto”, asegura.

“Un emprendedor tiene a diario algo que hacer”

Enrique Cayul, emprendedor de Todos TV.

Enrique Cayul, director de la cadena Todos TV

Enrique Cayul (Valdivia, 1966) había estudiado economía y tenía un trabajo estable en una productora, pero quería cambiar de aires. “Buscaba un desafío en una sociedad diferente”, afirma este chileno. Llegó a España en 2001 y, al mismo tiempo en que estudiaba guión, televisión, fotografía y cámara, comenzó a tutorizar cursos formativos que ofrecía el Servicio Público de Empleo, sobre todo en nuevas tecnologías. “Me di cuenta de que muchos españoles al terminar el taller salían felices no solo por lo aprendido, sino también por la convivencia con algún latinoamericano. ‘No sabía que los colombianos eran así’, me decían. Supe que había que comunicar. Si existe el racismo es por una carencia de información”, asegura Cayul vía telefónica y con voz pausada.

Todos Televisión nace como proyecto en el 2006, y comienza a funcionar en 2008. El objetivo de esta cadena de televisión es dar visibilidad en los cinco continentes y a través de Internet a la población inmigrante en España. Sus vídeos, reportajes y documentales son atemporales. “Un espacio para aquellas personas u organizaciones sociales que no pueden tener un micrófono”, puntualiza. Su meta inicial era conseguir 5.000 visitas al año; en estos momentos tienen dos millones de espectadores. El principio no fue fácil. “No es común que un latino abra una televisión en España. Las comunicaciones son un sector muy cerrado”, explica. Su equipo lo forman seis personas. Casi no tienen vacaciones, su trabajo es diario: “Ser emprendedor es distinto de ser empresario. El emprendedor debe tener una visión de que todos los días hay algo que hacer”.

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