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La UE advierte de que el freno a la inmigración daña la economía europea

La Comisión desmonta en un informe clichés sobre los extranjeros

Inmigrantes rescatados por la Marina italiana cerca de Lampedusa, en noviembre.

El debate sobre la inmigración en Europa se ha poblado de mitos. Los extranjeros roban los trabajos a los oriundos, colapsan los servicios sociales, drenan recursos de las arcas públicas… La Comisión Europea rebate ocho clichés como estos en un trabajo sobre el impacto que han tenido los inmigrantes en el continente. El estudio, presentado este viernes en Bruselas, aporta cifras para contrarrestar el discurso que fortalece a las fuerzas extremistas y eurófobas en un buen número de países comunitarios.

El discurso antiinmigración preocupa en las instituciones europeas. “Es muy importante conocer los hechos. Culpar de todo a los inmigrantes lleva a adoptar medidas restrictivas que crean efectos políticos indeseables y además afectan a nuestras economías”, alertó la comisaria de Interior, Cecilia Malmström, una de las voces institucionales más críticas con el viraje que han adoptado los Estados miembros en cuestiones migratorias.

“Hace un tiempo, la inmigración era un debate entre defensores y contrarios. Hoy solo hay contrarios, la mayoría de los políticos la percibe como un problema”, lamentó Philippe Fargues, director del Migration Policy Centre, el instituto que ha realizado el trabajo y que recibe financiación comunitaria. El documento comienza negando una de las afirmaciones más extendidas en el continente: que la inmigración es excesiva. Para ello, compara el peso actual de la población europea en el mundo con el de hace casi 70 años: a finales de la II Guerra Mundial el continente aportaba el 14,5% de la población mundial, mientras que hoy representa la mitad, el 7%. Malmström argumenta que, más allá de reformar los sistemas de bienestar, hacen falta inmigrantes para sostenerlos.

El informe niega también que quienes vienen de fuera se queden con el trabajo de los ciudadanos del país. En los años de bonanza, los extranjeros asumieron principalmente trabajos para los que faltaba mano de obra. Incluso desde que ha arrancado la crisis sigue habiendo demanda de trabajadores poco cualificados, aunque en este y otros aspectos la investigación carece de datos recientes. Además, los países con más proporción de extranjeros suelen tener tasas moderadas de desempleo.

Un buen ejemplo es Alemania, con casi el 10% de población foránea y solo un 5% de paro. El motivo es que quienes buscan trabajo suelen emigrar a los lugares donde creen que pueden encontrarlo más fácilmente, argumentan los autores del estudio, aunque España conserva tasas algo superiores a las germanas con un 26% de desempleo.

Frente al prejuicio de que los extranjeros consumen demasiados recursos sociales, los datos muestran que en casi todos los Estados (salvo siete, entre ellos España) la contribución neta que realiza este colectivo supera la de los nacidos en el país.

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