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10.000 palestinos huyen ante la amenaza de Israel

Los habitantes del norte de Gaza evacuan sus casas tras el ultimátum del Ejército ante una intervención terrestre

Al menos 10.000 palestinos habían abandonado ayer sus casas en el norte de Gaza, horas después de que terminara el ultimátum dado por Israel a los habitantes de esa zona de la Franja. Según las advertencias que enviaron a los palestinos, las Fuerzas Armadas se estaban preparando para bombardear intensamente la zona a partir del domingo a mediodía. Los portavoces de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) explicaban anoche que ya se habían llenado tres de los ocho colegios habilitados como refugios. Muchos móviles del norte de Gaza habían recibido por la mañana llamadas y mensajes de texto con advertencias, anunciando un ataque inminente e instando a los palestinos del norte a abandonar sus casas ante “una operación militar breve”.

En la localidad norteña de Beit Lahia se escuchaban desde mediodía impactos regulares de fuego naval, que suena particularmente duro. Al caer la tarde llegaron los F16 de la Fuerza Aérea israelí, que tiraron bombas de considerable potencia. Los ataques no aumentaron hasta el punto de sugerir el inmediato envío de infantería, pero muchos en la Franja se temen que la evacuación responda a una inminente invasión israelí por tierra. Sería la primera desde finales de 2008. Los constantes bombardeos de Israel ya habían costado anoche, tras seis días de ofensiva al menos 170 vidas palestinas, según las autoridades sanitarias de Gaza, y 34 de los muertos eran niños. También son niños entre el 25% y el 30% de los heridos que llegan a los hospitales.

Las calles del norte de la Franja no habían tenido tanto tráfico desde el lunes pasado, víspera de la masiva operación militar israelí. Las caravanas marchaban hacia la capital de Gaza. Saher al Jabar, un hombre de mediana edad que no quería irse, rió al explicar que los mensajes de los israelíes “terminan con una amenaza mafiosa: ‘Os hemos avisado”. El mecánico palestino sonreía: “Nos matarán en nuestras propias casas y dirán que éramos escudos humanos”.

No pasa un minuto en Gaza sin el traqueteo de los aviones no tripulados (drones) israelíes que, a las 10 de la mañana, revoloteaban con llamativa proximidad e insistencia sobre la playa de Sudaniya. De madrugada se habían enfrentado allí soldados israelíes con militantes del brazo armado del grupo islamista Hamás.

Quedan huellas de explosiones de distinta potencia, quemaduras en el suelo y casquillos de lo que fue la primera escaramuza terrestre de la que hay constancia desde que comenzó la masiva operación militar israelí contra Gaza, el lunes por la noche. Cuatro soldados israelíes resultaron heridos por milicianos palestinos que, según el testimonio de vecinos, localizaron a los soldados israelíes cuando se acercaban a la playa y repelieron su desembarco. Contaba Saad Dawla, empleado de un hotel de primera línea de playa llamado El Mathaf.

El sábado por la noche, 22 palestinos murieron en el bombardeo más agresivo desde que empezaron los ataques israelíes hace casi una semana. Fue en el barrio de Tuffah, donde por la mañana seguían buscando los restos de cinco desaparecidos. Dos explosiones de gran potencia reventaron un bloque de vecinos y dañaron varios edificios adyacentes, en su mayoría habitados por familiares de Taisir el Batsh, jefe de la policía de la Franja. Él resultó herido y permanece estable en el hospital de Al Shifa. Su sobrino Mohamed, estudiante de ingeniería civil de 20 años, contaba el domingo como las explosiones sacudieron las calles inmediatas “como un terremoto” cuando él salía de la mezquita. Hubo decenas de heridos. Una excavadora hurgaba el domingo en busca de los desaparecidos. Cuando, a decenas de metros de lo que quedaba de edificio, encontraron un brazo de mujer achicharrado, los presentes repitieron a media voz el rezo musulmán: “No hay más dios que Alá”.

Los drones someten a los habitantes de Gaza a la supervisión constante de soldados israelíes que, sentados en una base a varios kilómetros, manejan unos aparatos hechos para vigilar. El ataque de uno de ellos dejó cojo y malherido a Usamah el sábado. Está entubado en una cama del hospital de Al Shifa, donde el cirujano noruego Erik Fosse explicaba el domingo que casi lo mata un proyectil de dron, que son “precisos y teledirigidos”. Llevan su propia cámara y están hechos de materiales muy ligeros. Apenas dejan rastro sobre las aceras o los edificios que golpean. Su onda expansiva, en cambio, mata todo lo que haya en un radio de entre 10 y 15 metros. La explosión despide gotas de metal caliente que provocan quemaduras pequeñas como las que presenta el cuerpo casi desnudo de Usmah en su cama de la UCI de Al Shifa. Dice Fosse que “la efectividad de los drones es enorme”.

El catedrático de cirugía de la Universidad de Oslo explica con la frialdad del experto que “casi nadie sobrevive a estos ataques” teledirigidos. Desde que comenzaron los bombardeos israelíes hace menos de una semana, el noruego ha visto “dos niños muertos por sendos proyectiles de dron”. El martes pasado, uno de ellos mató a seis miembros de la familia Hamad. ¿El soldado israelí ve por la pantalla contra quién dirige la bomba? El profesor Fosse asiente: “Es un asesinato”.