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La tregua en Gaza llega al ecuador sin violencia y con desescombros

El apoyo de los gazatíes al movimiento islamista Hamás se enfriará, pronostica un analista

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Una mujer palestina camina entre los escombros de las casas en Gaza. AFP

La tregua de tres días acordada por Israel y las facciones palestinas para la franja de Gaza cruzó el miércoles su ecuador sin episodios violentos. Mientras los gazatíes proseguían con el difícil desescombro de las zonas arrasadas por los masivos bombardeos israelíes, sus representantes debatían en Egipto con los mediadores internacionales en busca de un alto el fuego permanente aceptable para Israel y el nuevo Gobierno de unidad palestino. Los grupos palestinos en Gaza evaluaban, entre tanto, las consecuencias políticas de una operación militar que destruyó más de 3.500 edificios en la Franja, mató a casi 1.900 palestinos —tres cuartas partes de ellos eran civiles, según la ONU— y destruyó las ya precarias infraestructuras públicas y privadas del enclave costero.

Hamásconsiderado una organización terrorista por la UE y EE UU y que ganó las elecciones palestinas en 2006— ha controlado la franja de Gaza desde 2007. Fue el principal actor político y militar palestino en esta contienda. Su brazo militar perdió cientos de milicianos, pero a ninguno de sus principales líderes, y obtuvo éxitos señalados en combate, como la infiltración en la que mataron a cinco soldados de Israel que operaban junto a la frontera. Las 64 bajas en un Ejército que invadió Gaza con tanques, cazabombarderos y helicópteros se perciben entre los gazatíes como prueba de la audacia bélica de sus milicianos. Pero si los negociadores de El Cairo logran el alto el fuego, el silencio de las armas permitirá que se escuchen las voces críticas al altísimo precio que han pagado los civiles en el tercer ataque militar israelí en seis años.

El politólogo Jaimar Abusada, de la universidad gazatí de Al Azhar, se preguntaba el miércoles “qué pasará con las decenas de miles” de palestinos que siguen en los refugios de la ONU “porque se han encontrado sus barrios devastados” por las bombas de Israel. La disidencia no es del todo fácil, pero existe aunque Hamás “controla Gaza con métodos totalitarios”. La invasión israelí, explicó Abusada, “ha unido a los gazatíes en torno al Gobierno” de Hamás. Es una reacción común en tiempos de guerra, que sin embargo “se enfriará con la calma”. Tras la invasión de 2008 y 2009, “tardaron dos años en dar techo a todos los desplazados”, aunque los daños fueron menores que ahora y el bloqueo de Israel y Egipto era menos eficiente. Entonces “funcionaban los túneles de contrabando”. Como líder y actor principal, Hamás se enfrenta a una crisis sin precedentes.

Durante esta operación militar, Hamás anunció la ejecución secreta y sumaria de un número indeterminado de presuntos espías de Israel. No dan nombres, según el politólogo Abusada porque “la muerte de un confidente se convierte en un estigma para su familia”.

La sociedad gazatí, tutelada por Hamás, es mayoritariamente conservadora y religiosa, pero está lejos de ser un hervidero de fanáticos. Abusada sostiene: “Hamás acepta la fundación de un Estado palestino en las fronteras de 1967”, lo que implícitamente admitiría la solución de dos Estados. Según Abusada, no reconocen explícitamente la existencia del Estado de Israel “por principios religiosos”. Los islamistas coinciden con los cada día más influyentes ultraortodoxos judíos israelíes en que tienen derecho divino a controlar toda Israel y los territorios palestinos.

La joven Meera al Baba, que tiene 22 años y quiere irse a Londres a completar sus estudios de economía con un máster de moda, explica que “en otros lugares musulmanes, los jóvenes se enfrentan a la sociedad para defender los derechos de las mujeres o la igualdad de los homosexuales”. Pero en Gaza, lamenta, “es imposible organizarse o luchar por eso, porque la ocupación y el bloqueo de Israel lo ahogan todo”. “Cómo vamos a exigir estos derechos si Israel nos roba los más básicos”, se pregunta. Desde el derecho a salir de Gaza hasta, en esta operación, “el derecho a la vida” de más de mil civiles. Otro joven palestino, que prefiere que no se publique su nombre, resumía el miércoles la situación de los nacidos con el cambio de milenio en “la gran cárcel” de Gaza: “Hamás no nos deja vivir como queremos, luego viene Israel y nos mata”.