La muerte de un joven negro desata una ola de disturbios en San Luis

Un chico de 18 años desarmado fue tiroteado por un agente de policía en un humilde suburbio

La Policía bloquea, la tarde del lunes, a manifestantes en el centro de Ferguson. AFP

Dos años y medio después de que la muerte de Trayvon Martin desencadenara protestas masivas de la comunidad negra en Estados Unidos, el caso de otro joven negro desarmado fallecido por un disparo ha vuelto a encender los ánimos. Martin, de 17 años, pereció en 2012 en el Estado de Florida de un tiro en el corazón cuando un vigilante vecinal ejerció su derecho a la autodefensa, según certificó hace un año un jurado, lo que propició una marea de indignación en las calles. La víctima ahora es Michael Brown, de 18 años, que murió el sábado en un humilde suburbio de San Luis (Misuri) por varios disparos de un agente policial.

La muerte del joven ha desatado la ira en Ferguson, una localidad de 21.000 habitantes y ubicada 16 kilómetros al norte del centro de San Luis. El suburbio, poblado mayoritariamente por afroamericanos, vivió este martes el cuarto día consecutivo de protestas por la muerte del joven. Y en un reflejo de la preocupación del Gobierno por la escalada de la tensión, el presidente Barack Obama valoró por primera vez el suceso. En un comunicado, calificó de “desgarradora” la muerte de Brown e hizo una llamada a la calma. Urgió a “recordar” al joven mediante la “reflexión” y consolarse “en un modo que cure, no en uno que hiera”.

Alrededor de 250 personas se concentraron por la mañana frente a la sede del Departamento de Justicia del condado. Vigilados por un amplio dispositivo policial los manifestantes alzaron sus manos y pidieron "justicia" en lo que consideran un acto de discriminación racial de la Policía. La protesta se desarrolló sin incidentes, en contraste con los disturbios de las dos noches anteriores, por los que fueron detenidos una cincuentena de personas.

El tiroteo tuvo lugar a primera hora de la tarde del sábado. La Policía del condado asegura que un agente policial -cuya identidad no se ha revelado- mantuvo “un encuentro con dos individuos” y que Brown le empujó dentro de su vehículo, lo “atacó” y luchó por su pistola. El agente respondió con varios disparos mortales contra el joven, uno de ellos en el interior del coche policial.

La Policía asegura que el joven, que iba desarmado, atacó al agente que le disparó. La familia del fallecido lo niega y pide justicia

Sin embargo, la familia y vecinos del barrio cuestionan por completo esta versión. El amigo que acompañaba a Brown la noche fatídica explicó a varias cadenas de televisión que el joven, que iba desarmado, tenía las manos sobre la cabeza y que el agente abrió fuego contra él ante su negativa de moverse del medio de la calle a la acera.

Ante la creciente tensión en Ferguson y buscando evitar un nuevo caso Trayvon Martin, el Gobierno federal se ha apresurado a intervenir. El FBI anunció el lunes que ha abierto una investigación de los hechos y el fiscal general, Eric Holder, manifestó que el tiroteo “merece una completa revisión”. La división de respeto de los derechos civiles del Departamento de Justicia participará en las pesquisas, junto a la policía local y la federal.

“Perseguir agresivamente investigaciones como esta es fundamental para preservar la confianza entre los agentes del orden y las comunidades a las que sirven”, agregó Holder en un comunicado. El alcalde de Ferguson, James Knowles, aplaudió que el FBI vaya a supervisar la investigación por la muerte del joven para garantizar su imparcialidad, y arremetió contra los vándalos.

En los últimos años se ha acentuado la tensión entre la policía y la población de Ferguson. El componente racial es, sin duda, un factor clave. Alrededor de dos tercios de los habitantes de esta ciudad dormitorio de San Luis son de raza negra, según los datos del Censo. Mientras, solo tres de los 53 agentes de la Policía de Ferguson son negros. En paralelo, una cuarta parte de la población vive por debajo del nivel de pobreza federal.

Según un informe de 2013 del fiscal general de Misuri, la Policía de Ferguson detuvo y arrestó a los conductores negros casi el doble de veces más que a los blancos. La muerte de Brown ha liberado una ola de ira y resquemor, por la supuestamente frecuente discriminación racial de las fuerzas de seguridad, acumulados durante mucho tiempo.

“La Policía de Ferguson acaba de ejecutar a mi hijo”, se leía en la pancarta que portaba el domingo el padrastro del joven, que el lunes habría empezado su primer día de universidad. En una rueda de prensa, la madre de Brown dijo que era un chico "dulce, que no creaba problemas" y "no deseaba hacer daño a nadie". Su familia ha contratado al mismo abogado que representó a Trayvon Martin.

Desde el sábado, cientos de personas han protestado pacíficamente en Ferguson por la muerte del joven, coreando consignas como “Sin justicia no habrá paz” y “Fin de los policías asesinos”. La vigilia de oraciones y discursos del domingo en honor a Brown se acabó tornando violenta, desencadenado en numerosos saqueos a tiendas y choques con las fuerzas de seguridad. En la fachada de un comercio alguien escribió: “El único poli bueno es un poli muerto”.

La noche del lunes el amplio despliegue policial y el cierre de la mayoría de tiendas evitó nuevos saqueos, pero se volvieron a repetir los choques violentos entre Policía y manifestantes. Una multitud se concentró frente a una tienda de alimentación, que fue quemada el domingo, y trató de cortar la calle. La Policía cargó contra ellos disparando balas de goma y usando gases lacrimógenos, mientras algunos manifestantes les lanzaron piedras. Otros se aproximaron a los policías locales con las manos en alto mientras gritaban "No me dispares".

Más información