Italia rescata una cantidad récord de inmigrantes en el Mediterráneo

Los 100.000 sin papeles interceptados en el mar duplican ya los de todo 2013

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Inmigrantes atendidos este viernes en Nápoles por los servicios de rescate italianos tras su rescate en el Mediterráneo. EFE

“¿Cuántos hoy?”. La pregunta rebota entre los 920 militares de la Marina italiana que patrullan el Mediterráneo, barrera que separa África de Europa, avistan pateras y barcazas cargadas de inmigrantes y los trasladan en sus fragatas y corbetas a tierra. El cómputo crece a cada cambio de guardia: desde enero hasta el pasado miércoles habían llegado a Italia 100.047 extranjeros sin papeles, la mayoría de Eritrea, Siria, Pakistán, Senegal, Libia y Sudán del sur. En los dos últimos días llegaron otros 1.495. Dos de ellos fallecieron.

El Gobierno exige a la Unión Europea que asuma más responsabilidades

En todo 2013 fueron 42.000 los inmigrantes llegados a costas italianas, menos de la mitad que en los siete primeros meses de este año. Fue en octubre del año pasado, tras los naufragios de Lampedusa en los que murieron 366 personas (entre ellos decenas de niños), cuando se cambió la política migratoria. Las imágenes de cientos de ataúdes, muchos de ellos blancos, alineados en el puerto sacudió a Italia. Si con el Ejecutivo de Silvio Berlusconi se escoltaba a las pateras al país de donde habían partido y sólo se permitía rescatar a los pasajeros de las que se estaban hundiendo, desde hace nueve meses, con el programa Mare Nostrum, se ayuda a todas las embarcaciones que se acercan al canal de Sicilia.

Un drama creciente

• La agencia de Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR, cifró en julio pasado en 75.000 los inmigrantes llegados a Italia, Grecia, España y Malta en el primer semestre de 2014, un 25% más que los registrados en todo 2013 (60.000) y tres veces más que en 2012 (22.500). 

• Las muertes también han aumentado de manera muy acusada: según ACNUR este año han fallecido ya 800 inmigrantes que intentaban llegar a Europa, frente a los 600 de todo el año pasado y 500 en 2012. 

Las noticias de desembarcos continuos y masivos difunden en algunos sectores un recelo hostil al operativo de rescate.

Y muchos políticos no pierden ocasión para alimentar la psicosis. Los más activos son los miembros de la Liga Norte, que con un discurso xenófobo y antieuropeo lograron resurgir de sus cenizas en las europeas de mayo con el 6% de los votos. “Mare Nostrum es un seguro para los traficantes de clandestinos”, declaró el diputado Marco Rondini. “El Gobierno les garantiza ganancias de 150.000 euros por viaje, mientras gasta nueve millones de euros de dinero público al mes”. El Gobierno reconoce esta cifra.

Se sube al carro Forza Italia, que busca retomar la alianza con sus antiguos socios de Gobierno: “[el primer ministro, Matteo Renzi] tiene que admitir el fracaso de la misión e imponer a Europa que patrulle directamente el Mediterráneo con los [medios de la agencia de fronteras] Frontex”, dijo Vincenzo Gibiino, coordinador del partido de Berlusconi en Sicilia.

El ministro del Interior, Angelino Alfano, defiende la Mare Nostrum (“estamos orgullosos de haber salvado vidas”, dijo), pero este mismo viernes insistió en la necesidad de que la UE asuma el control de las fronteras y patrulle el mar con sus medios.

Los sirios y eritreos prefieren viajar a los países del norte para pedir asilo allí

“Lo que vemos en nuestras costas es la punta del iceberg”, afirma Andrea di Nicola, profesor de Criminología en la Universidad de Trento especializado en tráfico de personas. “Detrás de aquellos rostros asustados, existe un sistema criminal, una organización enorme con cientos de miembros. Cada una controla una etapa del trayecto hacia Europa. Están los que conducen las barcazas, los que corrompen a los funcionarios de los puertos de salida, los cajeros que guardan el dinero, los que consiguen documentos falsos y los jefes, que son verdaderos empresarios”.

En el libro Confesiones de un traficante de hombres, recién publicado en Italia, Di Nicola y Giampaolo Musumeci entrevistan a una decena de ellos. “Son hombres de negocios”, resume el profesor. “Preparados, estudiados, atentos a lo que pasa en el mundo. El que más nos llamó la atención lo encontramos en El Cairo, libre. Se le conoce como El Douly. Gestiona el tráfico de hombres desde las costas de África. Habla inglés con fluidez, tenía tres móviles y un manojo de periódicos de varias naciones encima de la mesa. Nos miraba a los ojos y se consideraba alguien que ayuda a realizar los sueños de la gente que busca un futuro mejor. Se preocupa de que los inmigrantes alcancen sanos y salvos su destino: en un sistema de boca en boca, es indispensable tener fama de cumplir lo que se promete. Piensa las 24 horas en cómo esquivar controles, qué rutas abrir, de qué leyes aprovecharse”.

Las llegadas se han disparado con la nueva política de salvamentos

Mientras algunas voces críticas argumentan que el dispositivo italiano facilita el trabajo a las mafias, otras opinan que Mare Nostrum ha destapado un fenómeno que antes estaba soterrado pero existía. Y que, si se suspende, los traficantes organizarán otras rutas. Los inmigrantes pueden llegar por tierra, aferrados a camiones o escondidos en asientos de coches.

Sí parece seguro que interrumpir los rescates en el mar volvería a la situación anterior a octubre. A tragedias como los naufragios de Lampedusa. ¿La solución? “Más instrumentos para magistrados y policía, una estructura de investigación internacional con que acechar a los peces gordos, no a los últimos de la cadena”, dice Di Nicola. Y se podría rastrear el dinero ilícito conseguido con el tráfico de personas. Naciones Unidas calcula que los pasadores que traen a Europa inmigrantes desde África ganan unos 112 millones de euros al año. “Somos nosotros los que abandonamos a los inmigrantes en manos de los traficantes. Si hubiera pasillos humanitarios no existirían clandestinos y Mare Nostrum sería superfluo”, sentencia el estudioso. ACNUR, la agencia para los refugiados de la ONU, insta a Europa a “proporcionar otras vías de acceso” a los sin papeles.

“¿Cuántos hoy?”. La misma pregunta de los militares que rescatan a los inmigrantes en el mar rebota en la boca de médicos, voluntarios y policías que les acogen en tierra. A los que llegan se les distribuye por centros de acogida, parroquias, antiguas escuelas, polideportivos cerrados... Desde Sicilia hasta Friuli, en el noreste del país.

La estación central de Milán, por ejemplo, es un gran centro de acogida para sirios y eritreos. Más de 23.000 pasaron por allí en siete meses. El Ayuntamiento, la Delegación de Gobierno y la sanidad regional montan y desmontan cada día una carpa donde dar una primera asistencia a los inmigrantes. Proporcionan comida, cuidados, sonrisas y les derivan a las 1.100 camas que tienen repartidas por la ciudad.

“Acabamos de censarlos y están ya ocupadas”, comentaba en la tarde del jueves Costantina Regazzo, directora de Progetto Arca Onlus. “Llegan con los trenes desde el Sur a las 9, a las 10.30, a las 14.40 y a las 19.30. Familias, hombres solos y muchos, cada vez más, menores sin acompañantes. No paran. Lo que vemos cada día es un éxodo”.

Liga Norte y Forza Italia critican el operativo de auxilio y piden que finalice

Habla con voz calma, el tono de quien ha tenido tiempo para decantar sus reflexiones: “Gracias a Mare Nostrum llegan vivos: con la piel abrasada por el sol y la sal, con moratones, con pulmonía... pero vivos. No ven la hora de retomar el viaje, esta vez hacia países del Norte para rehacer su vida”.

Ni siquiera solicitan asilo en Italia, aunque tienen derecho. Prefieren hacerlo en países donde tienen mayores opciones. ACNUR considera refugiados a los que huyen de las guerras y como tales considera al 29% de los desembarcados en 2014 que escaparon de Eritrea y al 18% que huyeron de Siria. “Italia es un largo pasillo humanitario”, resume Regazzo.