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Crímenes macabros estremecen Caracas

Durante el último mes se han encontrado con alarmante frecuencia cuerpos desmembrados y personas ahorcadas en vías públicas de la capital venezolana

Los venezolanos se manifiestan contra la violencia en su país. EFE

Venezuela es, junto a Honduras, la nación con la tasa más alta de homicidios en el planeta. Según estimaciones de organizaciones no gubernamentales —a las que las autoridades oficiales tachan de exageradas—, en 2013 se cometieron 24.000 asesinatos en el país. Caracas, su capital, es el territorio más violento en toda su geografía.

Pero incluso para los estándares de una ciudad en la que el parte de bajas extraoficial por homicidios se convirtió en una rutina semanal, el último mes se ha vivido como una pesadilla de terror. Cuerpos desmembrados y personas ahorcadas se encuentran con alarmante frecuencia en plena vía pública. Los hallazgos tardan poco en difundirse a través de las redes sociales, dejando una estela ominosa de espanto y sembrando, a la vez, la duda de si se trata de un nuevo envilecimiento colectivo o solo una fase avanzada de las penurias cotidianas que padecen los caraqueños.

La temporada estival del horror adquirió niveles de tendencia el 22 de julio, cuando un vendedor de periódicos encontró junto a su quiosco del barrio de Bello Monte, al sureste de Caracas, tres sacos que contenían los miembros seccionados de Simón Perdomo, un trabajador de 22 años. Apenas unos días antes, se hallaron en la céntrica avenida San Martín los restos descuartizados de José Maia, un comerciante de origen portugués que había sido secuestrado.

No muy lejos de allí, en un contenedor de basura de la urbanización El Silencio, el 10 de agosto apareció el tronco de una mujer. Al cabo de unas horas, la policía judicial encontró las extremidades y determinó la identidad de la víctima, Yesenia Mujica, de 20 años, una estudiante de mercadotecnia a la que vieron por última vez en un local nocturno, de fiesta con compañeros de trabajo.

Para coronar los hallazgos macabros, el jueves y viernes de la semana anterior los automovilistas se toparon con los cadáveres de presuntos suicidas colgados de árboles en la entrada La Julia del Parque Nacional El Ávila, al noreste de Caracas, y en un recodo de jardinería junto a una autopista.

En una ciudad donde los homicidios son una rutina semanal, el último mes se ha vivido como una pesadilla 

La racha obligó al ministro del Interior y Justicia, general Miguel Rodríguez Torres, a referirse el lunes a la renovada saña de los crímenes en Venezuela. En medio de una rueda de prensa convocada para exhibir los logros de su plan Patria Segura, entre los que citó disminuciones de 21% en las cifras de homicidios y 52% en los secretos con respecto al año anterior, el ministro achacó a "importaciones", las modalidades de homicidio "que vienen prácticamente copiadas de otras latitudes". Citó casos de homicidios en los que los asesinos aplicaron la denominada corbata colombiana, un método de tortura en el que se degüella a la víctima y por el corte se le extrae la lengua.

De acuerdo con la prensa local, solo en Caracas se han reportado 14 casos de descuartizamiento en lo que va de año. La profusión de este tipo de crímenes abona las versiones de que un psicópata individual pudiera estar en acción, o de que los ajustes de cuentas entre bandas criminales hayan alcanzado un nuevo grado de sofisticación.

A esas hipótesis responde el sociólogo Miguel Ángel Campos: "Es parte de una postal costumbrista según la cual los venezolanos éramos buenos, parte de un pueblo de gente solidaria al que las malas mañas llegan de afuera". Campos, que reside en Maracaibo, la segunda metrópoli de Venezuela, advierte que la escalada en la saña del crimen obedece a una dinámica ya instalada en el país. Según ese académico de la Universidad del Zulia, para explicar por qué un delincuente venezolano antes mataba de un tiro y ahora mata con veinte, hay que ver a la sociedad. "En los últimos 20 años esta se ha desafiliado del pacto societario que, en lo formal, se vincula a la Constitución y a las leyes, pero que en el fondo orgánico tenía anclajes más reales, como el respeto a la propiedad o el derecho del otro, que se han perdido", aclara. "Además", señala Campos, "este desenfreno se ve retroalimentado todos los días con la impunidad y con el sistema de justicia, que está hecho pedazos".