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El presidente Abbas plantea la creación unilateral de un Estado palestino

La nación, con capital en Jerusalén, se alzaría sobre las fronteras previas a 1967

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El presidente Abbas, en el centro, lee el Corán antes de una reunión en Ramala, Cisjordania, el 26 de agosto REUTERS

Desde los Acuerdos de Paz de Madrid en 1991 ha llovido mucho pero se ha avanzado poco en la construcción de una vecindad segura —no sólo hermosamente escrita en un papel— entre dos Estados, el israelí y el palestino. Así que, cansado de fracasos y al calor de la ofensiva sobre Gaza a la que anoche puso fin una tregua indefinida, el presidente palestino Mahmud Abbas apuesta ahora por iniciar un nuevo camino. Anoche, en su Mukata de Ramala, propuso al liderazgo palestino un plan que contempla un calendario para la creación de un Estado palestino de pleno derecho —ya fue reconocido como observador en Naciones Unidas en noviembre de 2012— con ayuda de la comunidad internacional, sin pasar por otro proceso negociador como el que, el pasado 29 de abril, se hundió otra vez tras nueve meses de contactos.

 Según informan fuentes de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), la propuesta de Abbas plantea “poner fecha al fin de la ocupación”, aunque anoche el debate aún seguía y las posibles fechas no habían trascendido. Eso llevaría a crear un país, llamado Palestina, sobre las fronteras previas a 1967, esto es, con Gaza y Cisjordania más Jerusalén Este como capital, pero sin los casi 600.000 colonos judíos que ahora residen en estos dos últimos territorios. En 2011, el presidente norteamericano Barack Obama aceptó estas lindes para el nuevo Estado, algo que también hace la Unión Europea. La situación de Jerusalén es demasiado delicada para que Occidente se haya pronunciado en firme, sin embargo.

Ofir Akunis, viceministro en la oficina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, replica que “ninguna nación renuncia a su patria nativa”, que “Judea y Samaria [como denomina Israel a Cisjordania] son la cuna del pueblo judío” y que retirarse a esas fronteras de hace 47 años equivaldría a un “suicidio nacional”. “Los resultados de la retirada de Gaza en 2005 no trajeron la paz, trajeron la guerra”, advierte. La propuesta llega cuando Netanyahu está cercado por las críticas de dos de sus principales aliados de Gobierno por haber negociado con Hamás y con sólo el 50% de la población satisfecho con su gestión de la ofensiva en Gaza, según un sondeo del Canal 2, cuando su popularidad llegó a superar el 85% cuando mostró su rostro más belicoso con la ofensiva terrestre. Le toca mover ficha.

Abbas hace un “intenso” llamamiento a la comunidad internacional para que lo ayude en este proceso y apadrine su hoja de ruta. El calendario podría fijarse en una conferencia internacional o a través de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Allí puede toparse con EE UU, que suele ejercer su derecho de veto a favor de Israel. Si no prospera, fuentes palestinas confirman la intención “firme” del Gobierno palestino de firmar el Tratado de Roma y reconocer así la Corte Penal Internacional de La Haya, en la que podrían ya denunciar a su adversario por supuestos crímenes de guerra, contra la humanidad y genocidio, una amenaza que preocupa a Netanyahu y a Obama.

Lo que Abbas no desea, explican varios asistentes a la reunión de Ramala, es volver al escenario resultante de la Operación Pilar Defensivo de otoño de 2012, cuando también se logró un alto el fuego entre Hamás e Israel que supuestamente iba a aliviar parcialmente el cerco sobre Gaza y no se cumplió, con violaciones mutuas desde pocas horas después de la firma en El Cairo, y que ha dejado otro año y medio de aislamiento en la zona. “Hace falta una solución definitiva que no nos tenga pendientes de una crisis cada dos años. Igual que hay casas en Gaza que ya no se pueden arreglar, igualmente no podemos poner un parche a una situación de derrumbe político”, resumía un diputado de Al Fatah, el partido de Abbas.

El presidente palestino ya dijo el fin de semana a la televisión egipcia que sabía que su propuesta sería “poco ortodoxa” y que podría no gustar en exceso a EE UU, pero que ya contaba con el apoyo de los países árabes. A finales de esta semana o principios de la próxima, se lo explicará en persona al secretario de Estado norteamericano, John Kerry, que tiene previsto visitar Oriente Próximo.

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