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Una ministra socialista italiana aspira a dirigir la diplomacia europea

Mogherini emerge como candidata a suceder a Catherine Ashto

Catherine Ashton habla con Federica Mogherini el pasado 15 de agosto. , AP

La crisis europea está en cuarto menguante, a la espera de un otoño que se adivina caliente, y es hora de aclarar los nombres de las figuras más importantes de la próxima cúpula de la Unión: la que deberá lidiar con Rusia, con el enésimo órdago euroescéptico británico y, sobre todo, con la alicaída economía continental. Los líderes de la UE se reúnen el sábado en Bruselas en una cumbre, y ya velan armas algunos de los cargos esenciales del próximo lustro. El conservador luxemburgués Jean-Claude Juncker presidirá la próxima Comisión Europea —el brazo ejecutivo de la UE—, eso es lo único seguro. Pero de entre la miríada de favoritos para los puestos clave emergen el polaco Donald Tusk para el Consejo Europeo, la italiana Federica Mogherini como alta representante para la política exterior, y el socialdemócrata francés —algo que empieza a convertirse en un oxímoron— Pierre Moscovici como comisario de Asuntos Económicos y Monetarios. El español Luis de Guindos sigue siendo el mejor colocado para presidir el Eurogrupo, la reunión de ministros de Finanzas de la eurozona.

Guindos es el mejor colocado para estar al frente del Eurogrupo

Nada de eso es seguro, con la única excepción de la presidencia de Juncker, ante la necesidad de cuadrar un sinnúmero de equilibrios en los puestos más relevantes: ideológicos, geográficos y de género. Pero Tusk tiene muchas posibilidades para suceder al belga Herman Van Rompuy al frente del Consejo. Proeuropeo y de centroderecha, el polaco —de 57 años— supondría una minirrevolución: sería el primer cargo de peso para el bloque del Este, tras la ampliación de hace 10 años, y una novedad en un sillón tradicionalmente ocupado por políticos del Benelux. Tusk cuenta con el aval de la canciller alemana Angela Merkel y con el del gran perdedor de las cumbres anteriores al verano, el británico David Cameron, necesitado de gestos por parte europea tras su vana oposición a Juncker. En la recámara suenan también el exprimer ministro letón Vladis Dombrovskis y el estonio Andrus Ansip, y fuera del ala Este la danesa Helle Thorning-Schmidt, el finlandés Jyrki Katainen y, sobre todo, el irlandés Enda Kenny, según señalan fuentes europeas.

Casi todos ellos responden a un mismo patrón: son norteños, moderadamente conservadores y hombres. Por ello ayer se daba como seguro en Bruselas el nombramiento de la italiana Federica Mogherini al frente de la diplomacia europea, en sustitución de la baronesa Catherine Ashton. Sureña y socialdemócrata, Mogherini es casi una recién llegada a la alta política, pero cuenta con el respaldo del primer ministro italiano, Matteo Renzi —la última esperanza del centroizquierda continental—, a pesar del sonoro fracaso que cosechó en la reunión de julio. Con la crisis ucrania planeando sobre los nombramiento europeos, Mogherini sería el contrapunto perfecto para Tusk ante la necesidad de tender puentes con Rusia: Italia ha sido unos de los países menos favorables a las sanciones a Moscú desde hace meses y Mogherini tiene buenas relaciones con el círculo del presidente Vladímir Putin. Gran conocedora de los problemas derivados de la presión migratoria en el Mediterráneo, su candidatura vuelve a sonar con fuerza tras sufrir el bloqueo anterior de los países del Este, que la consideran demasiado blanda con Rusia.

Van Rompuy ha hablado en los últimos días con la inmensa mayoría de los líderes de los Veintiocho, según fuentes de su equipo, y hoy tendrá una última reunión con Juncker para perfilar los puestos clave. España ha jugado sus bazas y ha hecho patente el apoyo de Alemania al nombramiento de Guindos al frente del Eurogrupo, aunque esa incógnita puede quedar para más adelante: el holandés Jeroen Dijsselbloem se resiste a dejar ese cargo antes de mediados de 2015. El exministro Miguel Arias Cañete tiene también el visto bueno de Juncker como comisario —aunque tendrá que conformarse con un puesto de segunda línea—, pero puede encontrarse con la férrea oposición del Parlamento Europeo, con ganas de dejar patente que ha ganado peso en la escena política europea, y que puede morder pese al acuerdo entre las dos grandes familias europeas.

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