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elecciones presidenciales en Brasil

Los brasileños rechazan el aborto, el matrimonio gay y la marihuana

Un sondeo revela las tendencias conservadoras de la sociedad del país sudamericano

Una manifestación a favor de legalizar la marihuana en São Paulo, Brasil, el pasado 26 de abril Cordon Press

El 79% de los brasileños está en contra la despenalización de la marihuana, según una encuesta del Instituto Ibope divulgada el pasado jueves. Este mismo porcentaje de la población tampoco quiere que se legalice el aborto. El estudio revela, asimismo, que más de la mitad de los brasileños, el 53%, rechaza el matrimonio homosexual.

Pese a declararse conservadora, la sociedad actúa de otra manera. Se calcula, por ejemplo, que cada año, un millón de mujeres se someten a una interrupción del embarazo en el país. Es decir, una de cada cinco aborta, a pesar de que esta práctica está prohibida por ley brasileña, salvo en los casos de violación, malformación del feto o cuando existe peligro para la salud de la mujer. Cada dos días muere una brasileña tras realizar este procedimiento que, además de ilegal, no es seguro.

Pese a ser ilegal, un millón de mujeres interrumpe su embarazo cada año

Para Valter Silverio, sociólogo de la Universidad Federal de São Carlos, esa contradicción entre lo que se hace y lo que se declara en las encuestas se debe a que los ciudadanos buscan ser políticamente correctos. “Es muy probable que, entre las mujeres que aseguran estar en contra del aborto, algunas ya lo hayan hecho”, opina. “Lo mismo se aplica a los que están en contra del matrimonio homosexual: muchos de ellos ya tuvieron relaciones con personas del mismo sexo”, sostiene.

Por tratarse de un tema tabú, el aborto, que es un problema de sanidad pública, queda fuera de la agenda electoral. La mayoría de los candidatos presidenciables, como Dilma Rousseff (PT) y Aécio Neves (PSDB), evitan hablar sobre esos asuntos polémicos. La semana pasada, la candidata Marina Silva (PSB) cambió, en su programa de Gobierno, el párrafo en el que defendía impulsar en el Congreso la aprobación del matrimonio gay. Hoy por hoy está permitido por una resolución de 2013 del Consejo Nacional de Justicia de Brasil, que obliga a las notarías del país a celebrar el matrimonio de personas del mismo sexo, pero el Legislativo todavía no ha regularizado ni se ha posicionado sobre el tema.

Silverio cree que la postura de los candidatos tiene que ver con esa contradicción de la sociedad. Pero también con algo mucho peor: “La opinión pública”. Aunque algunos medios de comunicación suelen tratar esos temas, “hay cadenas de radio y televisión que impiden que la sociedad se enfrente” a ellos, argumenta. Al referirse a las emisoras evangélicas de Brasil, sostiene que “hay una predicación bíblica de varios medios”.

Los presidenciables eluden los temas que son tabús para la población

Los únicos candidatos que defienden públicamente la legalización del aborto y de la marihuana son Eduardo Jorge (PV) y Luciana Genro (PSOL). Sin embargo, cada uno tiene solo el 1% de las intenciones de voto.

Según la encuesta del Ibope, el 58% de los que están en contra del matrimonio homosexual son hombres. Entre las mujeres, el 49% es favorable, mientras el 44% lo rechaza. La despenalización de la marihuana y del aborto no la defienden ni siquiera los más jóvenes. Entre los que tienen de 16 a 24 años, el 74% está en contra de la legalización del cannabis y el 77% del aborto.

Sin embargo, Silverio opina que estos resultados no afectan la decisión del elector. “Si el 80% de las personas está en contra del aborto, ¿cómo se explica la recuperación de Dilma Rousseff en los sondeos? De alguna manera, ella representa 12 años de un Gobierno en el que esos temas han ganado algún espacio en el proceso de decisión”, argumenta el académico.

Otros temas polémicos planteados en la encuesta son la pena de muerte —el 46% de la población es favorable y el 49% está en contra—; y el programa Bolsa Familia —el principal programa social del Gobierno de Rousseff, que transfiere directamente dinero a familias pobres—, que tiene el apoyo del 75% de los brasileños. Entre los que tienen ingresos mensuales de hasta un sueldo mínimo (324 dólares), el apoyo al programa llega al 90%, según el estudio.