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ANÁLISIS

Los conservadores árabes intervienen

Emiratíes y egipcios bombardearon el aeropuerto de Trípoli sin informar a Washington

Sin apoyo del Golfo puede desplomarse el frente de Bengasi

Columna de humo tras un ataque aéreo sobre Bengasi, el 1 de septiembre. AFP

Mientras se forma una coalición occidental para frenar la amenaza del Estado Islámico (EI), en Libia una coalición árabe compuesta por Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Egipto, probablemente con el apoyo tácito saudí, ya ha bombardeado a las milicias proislamistas durante las últimas semanas. Según altos cargos estadounidenses que decidieron filtrar la información, a lo largo de las últimas tres semanas EAU ha llevado a cabo en dos ocasiones ataques aéreos secretos en Libia utilizando bases en Egipto. Las bombas alcanzaron e hicieron saltar por los aires varios pequeños depósitos de armamento, entre otros objetivos, y las autoridades han declarado que en los bombardeos murieron seis personas.

Tanto Egipto como EAU son aliados y socios militares de EE UU. No obstante, actuaron sin informar a Washington. Posiblemente este secretismo obedezca al descontento egipcio, emiratí y saudí con la colaboración de Obama con Irán y con su aceptación de la Hermanos Musulmanes como un actor político legítimo en los países de la primavera árabe. Estos regímenes conservadores ya no confían en que su tradicional alianza con EE UU baste para proteger sus intereses regionales y mantener bajo control a los nuevos actores islamistas.

»La explicación del conflicto libio. El último conflicto de Libia tiene lugar entre dos vagas agrupaciones aglutinadoras de milicias, una calificada grosso modo de “islamista”, a pesar de que contiene varios elementos no ideológicos, y una alianza no islamista. La facción “islamista” está integrada por milicias ideológicas que cubren todo el espectro, desde las alineadas con la moderada Hermandad Musulmana, hasta las vinculadas con la salafista y yihadista Ansar al Sharia. Estas facciones ideológicas están asociadas con la milicia más poderosa de Libia, Escudo del Centro de Libia, de Misrata, que en gran medida no tiene carga ideológica pero apoya políticamente a los islamistas.

En el otro bando, las facciones no islamistas están encabezadas en la zona oriental por las Fuerzas de la Operación Dignidad de Jalifa Hafter, que incluyen unos 6.000 soldados, aviación de apoyo y armamento pesado procedentes en gran medida de las filas del Ejército y la aviación de Gadafi, así como de las alianzas tribales alrededor de Al Marj. En el oeste, la poderosa milicia Zintán y numerosos oficiales de la policía y el Ejército han jurado lealtad a la postura de Hafter. En el este, las Fuerzas Especiales del Ejército (Al Saiqa), radicadas en Bengasi, una base militar de Tobruk, y el líder separatista de la región oriental de Cirenaica, Ibrahim Jathran, también han declarado su apoyo a Hafter. Asimismo, Operación Dignidad está estrechamente vinculada a la Alianza de Fuerzas Nacionales, el partido que ha obtenido más votos tanto para el Congreso Nacional General como para la Cámara de Representantes.

»Consecuencias de los ataques aéreos. Los ataques a Trípoli son un episodio más de una lucha por el poder caracterizada por el enfrentamiento entre los autócratas árabes y los movimientos de resistencia islamista ayudados por Qatar y Turquía que intentan derrocarlos. Desde que el año pasado el Ejército depuso a Mohamed Morsi, el presidente egipcio de los Hermanos Musulmanes, el nuevo presidente Abdulfatá al Sisi y sus auspiciadores en Arabia Saudí y en EAU han lanzado una campaña por toda la región para frenar lo que consideran una amenaza mortal a su autoridad por parte de grupos islamistas como los Hermanos. Los ataques aéreos emiratíes contra los depósitos de armamento de Misrata han resultado contraproducentes. Han animado a los islamistas del oeste de Libia a tomar el control del país. Con unos 10.000 hombres y más potencia de fuego que sus homólogos de Zintán, los islamistas creen que la toma de Trípoli les asegurará su supervivencia en el proceso político. Esta última derrota militar de los no islamistas también ha acabado en parte con la credibilidad de la recientemente elegida Cámara de Representantes. Al ponerse de parte de Jalifa Hafter, que ha jurado aplastar a los grupos islamistas, la Casa de Representantes ha sido incapaz de persuadir ni siquiera a los islamistas moderados de que reconozcan a la recién elegida institución. En resumen, el apoyo emiratí, egipcio y saudí a Hafter ha resultado contraproducente, ya que ha animado a los islamistas a superar sus diferencias previas y ha alentado a la milicia de Misrata a conquistar Trípoli. Será interesante ver si los autócratas árabes dejarán ahora a Hafter en la estacada, permitiendo que pierda su dominio sobre Bengasi, o si intensificarán su apoyo para evitar que sus fuerzas se derrumben por completo.

Con diversas facciones controlando fragmentos del territorio, para que en Libia el Estado sea operativo será necesario que dichas facciones y las potencias extranjeras interesadas se pongan de acuerdo en un nuevo mapa político que permita la reconstrucción del país. Dada la gran riqueza de recursos naturales, todas las partes presentes en Libia tienen que reconocer el hecho de que la cooperación, y no el conflicto armado, es la estrategia común más útil.

Jason Pack es investigador de la Universidad de Cambridge y presidente de Libya-Analysis.com. Mohamed Maher es canadiense de origen libio e investigador jefe de Libya-Analysis.com.

Traducción de News Clips.