Cameron, Miliband y Clegg viajan a Escocia para salvar la unidad británica

Los independentistas se afianzan en los sondeos

El primer ministro escocés, Alex Salmond, posa junto a seguidores del sí a la independencia, hoy en Edimburgo (Escocia). AFP

No hay nada ya que pueda ocultar el pánico que se ha apoderado de la clase política inglesa: en un gesto que busca precisamente parecer dramático además de serlo, David Cameron, Ed Miliband y Nick Clegg, los líderes de los tres grandes partidos unionistas británicos, viajan este miércoles a Escocia para hacer campaña en defensa de la unidad territorial de Reino Unido. Juntos, pero no revueltos: cada uno de ellos hará campaña por separado. El campo unionista recibió este lunes el apoyo implícito del banco de Inglaterra, cuyo Gobernador consideró incompatible la independencia escocesa con su aspiración de seguir en la libra esterlina.

La reacción del establishment de Westminster es consecuencia del auge del independentismo en los sondeos, confirmado por el empate que registran el sí y el no en una encuesta de la consultora TNS-BMRB una vez excluidos los indecisos. Si se tiene en cuenta a los indecisos, el no sigue por delante, aunque solo por un punto (39-38). Hace un mes, ese mismo sondeo daba a los unionistas una ventaja de 13 puntos frente a los independentistas (45-32).

El gesto de viajar a Escocia todos el mismo día busca el mayor eco posible. Por eso, los líderes han decidido presentarse allí este miércoles y dar así mayor visibilidad a su ausencia de Londres enviando a los suplentes a la tradicional sesión semanal de preguntas al primer ministro en la Cámara de los Comunes.

“Hay muchas cosas que nos dividen, pero hay una cosa en la que estamos apasionadamente de acuerdo: el Reino Unido es mejor si estamos todos juntos. Por eso nos hemos puesto todos de acuerdo en que el mejor sitio en el que podemos estar mañana es en Escocia, no en la sesión de preguntas al primer ministro en Westminster”, dijeron los tres líderes en una nota conjunta. “Queremos escuchar a los votantes y hablar con ellos sobre la enorme elección que van a afrontar. Nuestro mensaje a los escoceses es muy sencillo: queremos que os quedéis", añaden.

Fuente: TNS-BMRB.

En paralelo, miles de banderas escocesas ondearán en ayuntamientos gobernados por los laboristas en el conjunto del país y también en Downing Street. Los partidos han hecho también un llamamiento a los ciudadanos para que pidan a los escoceses que se queden haciendo hondear en sus propias casas el saltire, el aspa blanca con fondo azul de la bandera de Escocia.

El gesto de viajar a Escocia intenta ampliar el eco creado por la irrupción en campaña del ex primer ministro laborista y escocés de nacimiento, Gordon Brown, que salió el martes al rescate de la campaña del no a pesar de que se encuentra en estado de semihibernación política desde que los votantes le expulsaron de Downing Street en las elecciones generales de 2010. Brown hizo una apasionada defensa de la unión al tiempo que lanzó un calendario de la puesta en marcha de la oferta lanzada el domingo por el Gobierno de dar más poderes al Gobierno autónomo de Escocia si los votantes rechazan la independencia.

La maniobra, que fundamentalmente quiere pedir, casi rogar, a los escoceses que no se marchen, recuerda la que en 1995 consiguió en el segundo referéndum de independencia de Quebec derrotar a los independentistas por la mínima en el último minuto. Como ahora en Escocia, los unionistas llevaron durante meses una amplia ventaja hasta que una súbita subida del voto independentista hizo temer a última hora la partición de Canadá.

Precisamente ha sido un canadiense, Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, quien ha asestó este lunes un duro golpe a la campaña independentista. En un coloquio en Liverpool durante el congreso de los Trade Unions, los sindicatos británicos, Carney dejó muy claro que, a su juicio, la independencia y la unión monetaria que los independentistas escoceses quieren mantener con la libra esterlina son dos cosas "incompatibles".

Carney defendió la necesidad de que haya acuerdos muy firmes para limitar los déficit públicos junto a planes para rescatar a los bancos y los ahorradores en el escenario de un crash como condición previa a esa unión monetaria. "No hay más que mirar al continente para ver lo que pasa si no tienes esos componentes en marcha. Una unión monetaria es incompatible con la soberanía", sostuvo.

Carney ya había defendido esa tesis en el pasado, pero no de forma tan directa y tajante. Su intervención es importante porque llega en un momento de desconfianza en los mercados por el avance del sí en los sondeos. Y también porque entre los votantes independentistas está muy extendida la idea de que la oposición de Londres a compartir la libra es un farol táctico que busca asustar a los escoceses pero que desaparecerá si la independencia gana el referéndum del próximo día 18.

Las declaraciones del Gobierno británico y en especial del Tesoro, advirtiendo de que no se trata de un farol sino de una posición definitiva, no tienen el poder de convicción que puede tener el Gobernador, que mantiene en teoría una posición neutral en el debate sobre la independencia de Escocia.

Su posición coincide con los comentarios de la víspera del premio Nobel estadounidense Paul Krugman, que calificó de "alucinante" el proyecto de los independentistas de seguir en la libra. "Alguien puede pensar que Escocia se puede convertir en un nuevo Canadá, pero lo más probable es que se convierta en una nueva España, pero sin el sol", ironizó Krugman. Sin embargo, otro Nobel estadunidense, Joseph Stiglitz, defendió días atrás los planes independentistas y calificó de farol las resistencias de Londres.