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CRISIS EN EL PARTIDO SOCIALISTA FRANCÉS

Valls pierde apoyos clave para las reformas en Francia

El primer ministro supera el voto de confianza, pero se queda sin mayoría absoluta

La abstención de 31 socialistas deja al Gobierno francés en situación inestable

Valls interviene en el debate en la Asamblea francesa. Atlas / AFP

El Gobierno socialista francés ha perdido el martes el apoyo de la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional con la que contaba desde que accedió al poder en junio de 2012. La división en las propias filas socialistas ha sido la clave. El primer ministro, Manuel Valls, ha superado en la Cámara la difícil prueba de la moción de confianza (269 votos a favor, 20 menos que la mayoría absoluta, 244 en contra y 53 abstenciones). Aún así, la abstención de 31 diputados del PS críticos con las reformas obliga a Valls a seguir gobernando con mayor inestabilidad, con una mayoría relativa, en plena crisis económica.

El primer ministro había decidido voluntariamente afrontar la prueba de la moción de confianza a su segundo Gobierno en cinco meses y, por tanto, había asumido la hipótesis de este nuevo y delicado escenario dada la creciente revuelta interna en su partido, donde los rebeldes han creado en agosto la corriente Vive la Gauche y han desoído las llamadas del jefe del Ejecutivo a “la responsabilidad”.

“Gobernar es resistir”

El primer ministro francés

“No es un voto banal, sino determinante”, había alertado Valls a la cámara en su discurso de política general previo a la votación, a la que se prestaba, comentó, tras el proceso de “clarificación” en el Ejecutivo, es decir, tras haber expulsado del mismo el 25 de agosto a los tres ministros díscolos (Arnaud Montebourg, Benoît Hamon y Aurélie Fillippeti).

En un último intento de contar con el apoyo de los rebeldes, Valls les lanzó varios guiños: anunció para 2015 una bajada de impuestos que favorecerá a seis millones de hogares y prometió que no modificará la ley que limita a 35 horas la semana laboral ni bajará el sueldo de los funcionarios.

Pero también dejó claro en su intervención que no hay marcha atrás en las reformas que prevén para las empresas unas rebajas fiscales de 41.000 millones en impuestos y cotizaciones. “Iremos hasta el final. Mi única misión es avanzar contra viento y marea”, trasladó a los diputados.

Valls justificó las ayudas a los empresarios, frente a los 5.000 millones previstos para los hogares, en la constante pérdida de competitividad de Francia desde hace una década. “Ayudar a nuestras empresas es una decisión estratégica para Francia”, afirmó. “Son las empresas las que crean riqueza y empleo”, insistió entre algunos abucheos de sus propias filas.

Su discurso no convenció tampoco a los ecologistas (17 diputados, que se abstuvieron en masa), pese a que al inicio de la actual legislatura apoyaban mayoritariamente al Gobierno.

Solo los 17 parlamentarios del Partido Radical de Izquierda siguen sumando sus votos a los de los socialistas leales, aún mayoritarios entre los 289 integrantes del grupo, exactamente la cifra mínima de la mayoría absoluta en la Cámara.

A los radicales y la izquierda en general, Valls les insistió que su política no es de austeridad porque incluye, por ejemplo, más de 60.000 nuevos empleos en Educación, policías y jueces. No convenció al portavoz de los Demócratas e Independientes (30 escaños), Philippe Vigier –“Nada es peor que mentir”, dijo en referencia a promesas electorales incumplidas-; la portavoz de los ecologistas (17), Barbara Pompili –“el nuevo Gobierno es menos plural”- , ni mucho menos al del principal partido de la oposición (la centrista Unión para un Movimiento Popular, 191 escaños), Christian Jacob –“sus días están contados, señor primer ministro”.

El pasado 8 de abril, cuando Valls sometió su primer Gobierno a la confianza de la Asamblea, la logro con 306 votos a favor, 239 en contra y 26 abstenciones, 11 de ellas también del PS.

Con el resultado de la votación del martes, por tanto, el Gobierno socialista sigue perdiendo votos por la izquierda, mientras por la derecha arrecia el mensaje catastrofista y por la extrema derecha velan armas para acceder al poder con la vista puesta en las encuestas. Consciente de las múltiples y complejas crisis que vive el país, y temeroso del preocupante resultado de la votación que se avecinaba, Valls había dicho en su discurso: “Gobernar es resistir”. A partir de ahora, más que nunca. 

El próximo pulso, los presupuestos

Lo ocurrido este martes en la Asamblea Nacional francesa hace prever que haya fuertes tensiones entre el Gobierno y la Cámara y, sobre todo, cruentas batallas en el interior del Partido Socialista francés. Por boca de su portavoz y ministro de Agricultura, Stéphan Le Foll, el Ejecutivo se declaró “satisfecho” con el resultado de la votación, puesto que “se trataba de obtener la confianza y se ha logrado”.

Con una mayoría tan ajustada como la registrada ahora, el Gobierno tiene que someter al Parlamento los próximos presupuestos generales para 2015. Llegarán a la Cámara a comienzos de octubre, con retraso por las obligadas correcciones derivadas de los últimos datos económicos, que nuevamente han puesto de relieve la imposibilidad de meter en vereda las cuentas públicas francesas en pleno estancamiento económico.

Los presupuestos contendrán las medidas reformistas más duras del Pacto de Responsabilidad, que prevé un recorte de 50.000 millones de gasto público de aquí a 2017. Para el año que viene, el recorte será de 21.000 millones. Resultará difícil que el Gobierno pueda contar con más apoyos. Lo previsible es lo contrario.

No obstante, y de acuerdo con la Constitución francesa, el Ejecutivo dispone de un arma nuclear: aprobar una ley sin someterla al voto parlamentario. En ese caso, sin embargo, Valls se enfrentaría automáticamente no a una moción de confianza, sino de censura.

El próximo día 28, se celebran elecciones parciales al Senado. El Partido Socialista puede perder el control de esta Cámara de escasas competencias.

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