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Seis meses de cárcel y 91 latigazos para los jóvenes iraníes del videoclip ‘Happy’

Una de las participantes también recibe otros seis meses por subir la grabación a YouTube y tener alcohol en casa. Las penas quedan suspendidas.

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La Justicia iraní ha condenado a seis meses de cárcel y 91 latigazos a los seis jóvenes que el pasado mayo fueron detenidos por emular el videoclip Happy de Pharrell Williams y al acusado dede dirigir la grabación, según informa la web de la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán. Los siete, que fueron juzgados la semana pasada, han sido declarados culpables de “participar en la producción de un vídeo vulgar” y “mantener relaciones ilícitas”. No obstante, la aplicación de las penas ha sido suspendida durante tres años, por lo que no serán privados de libertad ni sufrirán  el castigo físico. La sentencia se conoce justo en vísperas de la visita del presidente Hasan Rohani a Nueva York para participar en la Asamblea General de la ONU.

De acuerdo con las fuentes de esa ONG con sede en Washington, los abogados defensores presentaron quejas al tratamiento policial y los registros en sus casas durante su detención. También objetaron la acusación de “relaciones ilícitas”, que en Irán significa cualquier contacto entre personas de distinto sexo sin relación familiar directa. Los ahora condenados, tres chicas y cuatro chicos, bailaban juntos en el vídeo que tuvo un gran éxito de visitas en internet y que causó el escándalo de las puritanas autoridades iraníes. Además, las muchachas aparecían sin el velo sobre la cabeza que es obligatorio para todas las mujeres dentro del país.

La suspensión de la condena por tres años supone que no se les aplicaran las penas siempre y cuando no se vean implicados en ninguna "fechoría" durante ese tiempo. Amnistía Internacional ha criticado etas sentencias porque "violan flagrantemente la obligación de Irán de respetar la libertad de expresión". Para esa organización de defensa de los derechos humanos, si llegaran a aplicarse, los afectados serían "presos de conciencia". Aunque no suele ser el caso en las condenas suspendidas, aún pesa sobre ellos el riesgo de ir a la cárcel.

La detención de los jóvenes en mayo provocó un gran revuelo internacional. Su puesta en libertad, tras el pago de cuantiosas fianzas, reveló que habían sido maltratados durante su paso por comisaría. Además, la televisión estatal difundió una grabación en la que “confesaban” el supuesto delito y expresaban remordimiento, una práctica habitual en Irán y que ha sido repetidamente condenada por las organizaciones de derechos humanos.

Se da la circunstancia de que el acusado de dirigir el vídeo, Sasan Soleimani, realizó las fotos de la campaña presidencial de Rohani en 2013 y fue quien sugirió a sus responsables el color morado para identificar al candidato, según contó él mismo a la revista Zendegui. Un tuit del presidente poco después de la detención de los jóvenes se interpretó como un gesto de apoyo.

“La #Felicidad es el derecho de nuestro pueblo. No debemos ser demasiado duros con los comportamientos causados por la alegría”, apareció en su cuenta de Twitter el 21 de mayo. Era un mensaje que ya había difundido durante un discurso en junio de 2013, apenas dos semanas después de haber ganado las elecciones.

La distancia entre esa actitud comprensiva y las condenas conocidas hoy (aunque todavía no se hayan anunciado oficialmente) revela las tensiones que existen entre los sectores moderados y más radicales dentro del régimen iraní. Tal vez sólo sea una coincidencia que la sentencia se produzca en vísperas de la visita de Rohani a la ONU, pero sin duda va a poner de relieve ante sus interlocutores la enorme distancia que existe en Irán entre la retórica y la situación de los derechos humanos.

Todos los acusados estuvieron presentes en el juicio que se celebró el pasado día 9. Además de Soleimani, los jóvenes condenados son Neda Motameni, Afshin Sohrabi, Bardia Moradi, Roaham Shamekhi, una muchacha identificada sólo como Sepideh y Reyhaneh Taravati. En el caso de esta última, que figuraba como directora artística de la grabación, la pena se eleva a un año de prisión, porque estaba también encausada por “subir y distribuir el vídeo en YouTube” y de “posesión de alcohol” en su domicilio.