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Una mafia local depredadora

Guerreros Unidos ejemplifica el nuevo tipo de bandas criminales en México

Un soldado hace guardia en las calles de Iguala, México. AP

En vísperas de las Navidades de 2009, miembros de la Marina entraron en casa de Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, y en la refriega el capo murió acribillado por fuerzas especiales. Era el número uno del cártel de los Beltrán. A su muerte empezó la lucha intestina por el poder. De ahí salió la facción Guerreros Unidos —liderada por Mario El Sapo Guapo Casarrubias, arrestado en primavera—, que se hizo fuerte en el Estado de Guerrero y a la que se acusa de la matanza de Iguala.

Guerreros Unidos es un ejemplo de la tipología de un nuevo crimen organizado en auge en México y de sus causas. Al desmembramiento de carteles hegemónicos por la presión del aparato federal le sucede una disgregación del monopolio del crimen. Aparecen, entonces, grupos menos potentes pero dañinos, explica el especialista en seguridad Alejandro Hope. No tienen la capacidad para el narcotráfico internacional de los grandes carteles y, por lo tanto, combinan el negocio de la droga con actividades “predadoras” del territorio: extorsión, secuestro e infiltración en municipios y policías locales; un esquema delictivo que asfixia a la gente común que vive en sus zonas.

En Iguala, en los últimos tiempos, la extorsión se había agudizado como nunca, cuenta un reportero que pide anonimato. “Últimamente, el cobro de piso era espantoso. Le cobraban a todos los negocios, desde los de joyería, porque está en un entorno minero, hasta los comercios chiquitos”.

En cuanto a su grado de penetración institucional en Iguala, la masacre de los estudiantes da una respuesta contundente. Según han confesado agentes involucrados, los encargados de la ejecución colectiva fueron policías municipales. Actualmente, el alcalde, José Luis Abarca, y su secretario de Seguridad, Felipe Flores, permanecen prófugos desde lo ocurrido. La orden, según los testimonios, la dio Guerreros Unidos y el Ayuntamiento la ejecutó. En la región, a esta banda se le atribuye una gran capacidad de corromper a los poderes locales. “Se ha destacado por su violencia y por sus claros vínculos con autoridades estatales y municipales”, explica Javier Monroy, de la ONG Taller para el Desarrollo Comunitario en Guerrero.

El Estado de Guerrero, controlado por los Beltrán de una manera más o menos homogénea hasta 2009, es un escenario de batallas por el territorio entre Guerreros Unidos y otros grupos, fundamentalmente Los Rojos y la Familia Michocana, según Samuel González, extitular de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO).