18 muertos en Turquía tras las protestas por el asedio a Kobane

La violencia estalla en localidades kurdas en denuncia por la inacción del Gobierno

 Reuters Live!

Al menos 18 personas murieron el martes, y muchas más resultaron heridas, en una serie de violentas protestas en varias ciudades mayoritariamente kurdas en el sudeste de Turquía, según las cifras oficiales. Los manifestantes protestaban contra la actitud del Gobierno turco, al que acusan de no hacer nada para evitar que la ciudad siria de Kobane (conocido en árabe como Ayn el Arab), de población kurda y situada justo en la frontera con Turquía, acabe cayendo bajo el ataque de la milicia yihadista del llamado Estado Islámico (EI).

Aunque atrajeron a diferentes sectores de la sociedad, las manifestaciones del martes en varias ciudades turcas estuvieron protagonizadas por grupos prokurdos, incluyendo a seguidores del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, en kurdo), considerado un grupo terrorista en Turquía y cuya milicia es muy cercana a las Unidades de Protección Popular (YPG, en kurdo), el grupo kurdo sirio que está defendiendo Kobane frente a los yihadistas.

Las protestas se volvieron particularmente violentas en las ciudades del sudeste del país cuando también tomaron las calles supuestos miembros del llamado Hezbolá turco, un grupo islamista radical suní y también mayoritariamente kurdo, sin conexión con la organización libanesa chií del mismo nombre. De las 18 víctimas mortales, al menos 10 personas murieron en enfrentamientos entre presuntos miembros y seguidores de Hezbolá y del PKK.

A pesar de estar también enfrentado al Estado turco, durante los años 90 Hezbolá habría colaborado con el Gobierno en la detención y tortura de activistas y combatientes kurdos ligados al PKK, frente al que Hezbolá defendía una visión islamista para un hipotético y futuro Estado kurdo.

El martes, solo en la ciudad de Diyarbakir, considerada informalmente la capital kurda en Turquía, murieron al menos 10 personas tras una serie de combates que habrían incluido a supuestos miembros de Hezbolá disparando con armas automáticas contra los manifestantes, según informaciones en la prensa local. Lo mismo habría ocurrido en la ciudad de Mardin, donde dos personas murieron después de que presuntos miembros del ala política de Hezbolá, el Partido por una Causa Justa, hubieran disparado contra las manifestaciones, según algunas informaciones.

La policía turca respondió a las manifestaciones con grandes cantidades de gas lacrimógeno, cañones de agua y balas de goma, mientras que algunos protestantes lanzaron cócteles Molotov y atacaran en algunos lugares las sedes del gobernante Partido para la Justicia y el Desarrollo y de un partido político ultranacionalista turco. De las demás víctimas, al menos un joven de 17 años murió en la ciudad de Varto después de que una granada de gas lacrimógeno le golpeara en la cabeza, según la agencia semipública de noticias Anadolu, y también hubo decenas de detenidos.

Tras la violencia, el Gobierno ha declarado el toque de queda en varios distritos en al menos seis provincias del país, incluida la ciudad de Diyarbakir, donde el Ejército se ha desplegado en las calles, repitiendo escenas que no se veían desde los años 90, cuando se vivieron los peores momentos en la lucha entre el Estado y el PKK.

Actualmente, ambas partes se encuentran negociando en un frágil proceso de paz, iniciado en octubre de 2012 y que busca poner fin al conflicto iniciado en 1984, cuando el PKK se alzó en armas contra Turquía para exigir la independencia, aunque ya hace tiempo que sus demandas se limitan al reconocimiento de derechos políticos y sociales y a una mayor autonomía kurda. El conflicto ha provocado más de 40.000 muertes, la mayoría militantes kurdos y población civil, y también la Unión Europea y Estados Unidos consideran al PKK una organización terrorista. La semana pasada, Abdulá Ocalan, líder histórico del PKK y condenado a cadena perpetua en una prisión turca, advirtió en un comunicado que la caída de Kobane podría significar el fin del proceso de paz.

El establecimiento de la frontera moderna entre Turquía y Siria, después de la caída del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial, dividió a la población kurda de la zona y aún hoy muchos kurdos turcos y sirios consideran que la línea fronteriza no tiene mucho sentido. Durante las últimas semanas, unas 180.000 personas del lado sirio se han refugiado en Turquía huyendo del avance yihadista, mientras que miles de kurdos han intentado cruzar desde el lado turco a Siria para ayudar a sus “hermanos” en la lucha contra el EI. Las fuerzas de seguridad turcas no les permiten cruzar, lo que ya había provocado protestas en la frontera.