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El callado exilio de la oposición siria

Tres líderes de la revuelta contra el régimen de El Asad relatan desde su destierro cómo el yihadismo ha alejado la esperanza de una solución democrática en su país

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Michel Kilo (izquierda) y Faes Saara, en casa del primero en Damasco en 2011.

La oposición política laica siria, líderes religiosos y jóvenes activistas se volcaron en mantener una férrea oposición contra el régimen sirio en los meses que siguieron al 15 de marzo de 2011, cuando comenzaron las revueltas contra el régimen de Bachar el Asad en el sur de Siria. Se consumieron con la misma chispa que dio paso a las primeras manifestaciones pacíficas desatando una revolución hoy en decadencia tras más de tres años de guerra civil.

Michel Kilo, reconocido miembro del Partido Demócrata Sirio; Mouaz El Khatib , influyente jeque (autoridad religiosa) y ex presidente del Consejo Nacional Sirio (CNS-Coalición de grupos de oposición que han formado un Gobierno paralelo en el extranjero); y Shahin Mrawed, joven activista sirio, han compartido en los últimos tres años un mismo destino. Los tres pasaron por cárceles sirias. Hoy, los tres viven desperdigados en un exilio político. Sin conocerse, se han visto relegados a un segundo plano de una oposición descompuesta donde las armas han desterrado a las palabras y el radicalismo de grupos como el Estado Islámico (EI) ha copado el protagonismo mediático.

A sus 74 años, el reconocido intelectual y opositor sirio Michel Kilo lleva tres exiliado en Francia. En 2005 firmó la Declaración de Damasco, donde un grupo de opositores pedían la apertura del régimen. Su firma le valió tres años y seis días en las cárceles sirias. “Un general me invitó a tomar un café a pocos metros de mi casa. Se levantó y leyó un papel que decía: la institución de seguridad siria le arresta por trabajar contra el régimen. Fue muy cómico”, relataba a finales de marzo de 2011. Entonces una inusitada actividad reinaba en la casa de Kilo en Damasco. Rodeado de libros y acompañado del también opositor Faes Saara, el timbre no paraba de sonar. Entusiastas, decenas de opositores iban y venían, discutiendo los pasos a seguir, los apoyos a conseguir. “La revolución ha comenzado”, gritaban unos extasiados Kilo y Saara puño en alto. Pero el fervor se transformó en decepción con una rápida militarización de la oposición. Pocos meses después, un preocupado Kilo visitaba a la oposición laica libanesa en Beirut. “De seguir armándose la oposición, vendrá una guerra civil. La solución debe ser política. El régimen usa las armas para obligar al pueblo a responder por la vía armada, la que más conviene a su discurso”, advertía el demócrata.

Michel Kilo lideró el Comité de Mediación constituido por una veintena de personalidades religiosas, intelectuales y activistas para negociar las reformas con el régimen. Hoy, rechaza de pleno todo diálogo con Asad. “Sigo trabajando por derrocar al régimen, por la resistencia y por la libertad. Queremos crear una unión demócrata, negociar con el Ejército Libre Sirio y con aquellos dentro del régimen capaces de expulsar a Bachar”, aseguraba el sábado en una conversación telefónica desde París.

Kilo estima entre 250.000 y 300.000 los opositores políticos sirios en las cárceles del régimen. Otras fuentes consultadas consideran esas cifras bastante ajustadas a la realidad: los cálculos de diversas organizaciones oscilan entre los 100.000 y 500.000.

“Una compañera liberada hace un mes me ha dicho: ‘Michel, olvídate de los presos, están muertos”, relata Kilo. Su compañero Faes Saara vive hoy exiliado en Estambul tras haber perdido a su hijo, muerto entre rejas.

En diciembre de 2011, Mouaz El Khatib antiguo imán de la Mezquita Omeya de Damasco vivió una detención que cambió para siempre su vida personal y política. “Me encerraron en un cuarto durante dos días. Atado con esposas metálicas a la cama por la noche no podía parar de pensar en mi familia o en qué me harían. Durante el día me interrogaban. Al final gente influyente pujó por mi libertad”, relataba entonces un nervioso Mouaz. “Hoy los jeques tenemos un 70% de posibilidades de parar las revueltas, en dos semanas tendremos el 60% y tras un mes el 30%. Llegará un momento en el que será imposible parar los enfrentamientos”, admitía en Damasco El Khatib.

Un año más tarde, Mouaz presidía el CNS. Al poco dimitió. Exiliado en Qatar, el jeque prosigue su labor de negociación pero a título personal y sin diálogo con el régimen. “Dimití del CNS porque pensamos diferente”, aseguraba el sábado en una conversación telefónica. “El sirio no es radical, pero tras la brutal represión del régimen muchos han aceptado al EI como la mejor opción para preservar su seguridad y la de sus familias. Hoy la situación es muy complicada”, concluye Mouaz.

Las protestas de marzo de 2011 vieron nacer una generación de jóvenes activistas que proponían un nuevo lenguaje de oposición. A finales de abril de ese año, Shahin Mrawed, en la treintena, escapó de milagro a una redada de los servicios secretos en Damasco. Al día siguiente cruzó la frontera rumbo al Líbano con una tarjeta de identidad y el miedo en el cuerpo como equipaje. “Después del libro rojo y del libro verde, tenemos el azul: Facebook”, aseguraba en plena efervescencia revolucionaria en un café de Beirut.

Los cafés de la capital libanesa siguen hoy repletos de activistas que sin posibilidad de regreso a Siria, intentan viajar a Europa. “Seguimos viviendo, o más bien sobreviviendo un sueño de cambio que cada día está más lejos e interesa a menos gente”, admitía un desmotivado Shahin tres años después, el pasado sábado, en el mismo café de Beirut.