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La UE aprueba medidas para aliviar el aislamiento energético de España

Madrid anuncia un acuerdo que mejora las interconexiones con el resto de Europa

Los nietos de Van Rompuy acompañaron al presidente del Consejo en la foto de familia de su última cumbre. Atlas / AFP

España cantó este jueves victoria en una de sus reivindicaciones europeas históricas: aliviar su situación de isla energética, sin apenas conexión con otros países para abastecerse. La UE aceptó anoche incluir medidas para mejorar la interconexión de la península Ibérica, que ahora no llega al 3% de su capacidad de producción eléctrica, entre los compromisos de la cumbre europea que arrancó en Bruselas. Así figura en el documento de conclusiones cerrado anoche, aunque distintas fuentes diplomáticas advertían de que la redacción final es lo suficientemente ambigua como para que todo el mundo pueda darse por satisfecho.

El Gobierno español anunció un acuerdo político: Francia da por primera vez su visto bueno a la puesta en marcha de varios proyectos de interconexión, y la Comisión Europea examinará todo el proceso. Está por ver cómo, cuándo y quién financiará esos planes, con el objetivo de alcanzar un 10% de interconexión en 2020 y un 15% en 2030, explicaron fuentes francesas. Pero Francia ha quedado muy señalada en esta cumbre, según el Ejecutivo español. La falta de conexiones a través de los Pirineos ha alimentado durante años una batalla política con París, que finalmente acepta que esa frontera vaya siendo más permeable. El aislamiento geográfico de España obliga a tener en marcha un dispositivo permanente muy costoso para evitar los apagones: “Ese sistema encarece un 5% la producción de energía”, según fuentes españolas.

Para aliviar el problema, las conclusiones del Consejo Europeo reconocen por primera vez que se trata de un problema europeo, no solo intergubernamental, y recogen la necesidad de dar prioridad a esos proyectos de interconexiones en la planificación comunitaria. España apunta que París ya no podrá oponerse a los cinco proyectos de interconexión con Francia —cuatro por los Pirineos y uno por mar—, aunque está por ver cómo se sustancia ese acuerdo.

“Vamos a acordar los proyectos que hagan que la interconexión energética sea posible”, señaló el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, a primera hora de la madrugada de este jueves en una comparecencia en la que detalló lo tratado. “La Comisión Europea garantizará que el acuerdo se cumple”, añadió. “La Comisión examinará los progresos y reportará regularmente al Consejo con el objetivo de llegar a la meta del 15% de interconexión en 2030, en particular para los países que todavía no han alcanzado un grado mínimo de integración en el mercado energético, como Portugal, España y los bálticos”, apunta el texto.

El proyecto permitirá a España recurrir más rápidamente a otras fuentes de energía cuando detecte un pico de consumo y también vender al exterior la sobreproducción que ahora tiene —por las renovables— y que no puede almacenar.

Los líderes acudieron a Bruselas a hablar principalmente de clima y energía, la doble cartera que asumirá en unos días el español Miguel Arias Cañete. La pérdida de confianza en Rusia a raíz de la crisis ucrania ha alertado a los países miembros de que deben mejorar su eficiencia energética, reducir las emisiones contaminantes y, sobre todo, depender menos de Moscú para calentarse. Los líderes comunitarios pactaron tres objetivos: recortar un 40% las emisiones hasta 2030, en comparación con el nivel de 1990; fijar un volumen de renovables equivalente al 27% de la energía consumida y un porcentaje idéntico en eficiencia energética.

Ese no fue el único pulso de la cumbre. El primer ministro italiano, Matteo Renzi, hizo público por la mañana un documento confidencial en el que Bruselas presiona a su país para que apruebe un presupuesto más austero. Cartas secretas, golpes bajos y malas artes en el debate fundamental de la política europea: Renzi criticó abiertamente las maneras de la Comisión y advirtió que “el tiempo de las cartas secretas acabó”. No se quedó ahí: ninguneó las diferencias entre Roma y Bruselas, que limitó a “1.000 o 2.000 millones” que Italia “puede poner mañana” sin problemas. Y defendió, junto a la Francia de François Hollande, que recortes adicionales pueden ser contraproducentes por la frágil recuperación. 

Italia y Francia abogan por incumplir sus compromisos con el déficit. Ambos Gobiernos están dispuestos a hacer alguna concesión para evitar un choque, pero no van a meter la tijera con la intensidad que reclama Bruselas. Pese a que es poco probable que la sangre llegue al río, esa bronca sobrevuela todas las reuniones de líderes europeos: la canciller Angela Merkel anunció a su llegada que el crecimiento debe ser la prioridad, pero advirtió de que a la vez “hay que respetar las reglas fiscales si queremos tener credibilidad”. Hollande y Renzi usaron casi las mismas palabras, pero con un matiz bien distinto: “Respetaremos las normas, pero con el máximo de flexibilidad”.