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Bagdad y los kurdos alcanzan un preacuerdo en su disputa petrolera

Una delegación de la región autónoma viajará a la capital iraquí para desarrollar el pacto

Un trabajador en el oleoducto de Jurmala, a las afueras de Erbil, en 2013 Ampliar foto
Un trabajador en el oleoducto de Jurmala, a las afueras de Erbil, en 2013 REUTERS

El Gobierno de Irak y el de la región autónoma de Kurdistán alcanzaron este jueves un principio de acuerdo para solucionar la crisis desatada por las exportaciones kurdas de petróleo. Bagdad, que las considera inconstitucionales, suspendió el pasado enero las transferencias a Erbil de su parte correspondiente del presupuesto estatal, pero la elección de Haider al Abadi como primer ministro ha abierto las puertas a una salida negociada. La medida permitirá el pago de los salarios de los funcionarios kurdos. Aún así, queda pendiente el contencioso sobre la titularidad del petróleo que se extrae en Kurdistán.

El pacto fue anunciado en la televisión estatal, que no desarrollo su contenido. De acuerdo con el comunicado difundido por el Gobierno kurdo, Bagdad se ha comprometido a transferir 500 millones de dólares (400 millones de euros) al Ejecutivo regional, a cuenta de los atrasos de su cuota del presupuesto. Éste, por su parte, “pondrá a disposición” del Gobierno central 150.000 barriles de petróleo diarios, aproximadamente la mitad de su producción, aunque el texto no explica ni de qué forma ni con qué objetivo. Además, una delegación kurda, encabezada por su primer ministro, Nerchervan Barzani, viajará próximamente a la capital iraquí “para desarrollar una solución constitucional, justa y completa a todas las cuestiones pendientes”

Los 500 millones son apenas una fracción de los 12.000 millones que anualmente recibe Erbil de Bagdad (un 17% del presupuesto nacional, según lo acordado en la Constitución). Sin embargo, suponen un alivio siquiera momentáneo a sus dificultades para mantener las instituciones públicas en un momento en el que guerra con el grupo Estado Islámico (EI) y la consecuente emergencia humanitaria han aumentado la presión sobre unas arcas vacías. En ese contexto, no está claro qué sentido tiene la contraprestación de los 150.000 barriles diarios (12 millones de dólares al precio actual).

“Sólo es un gesto de buena voluntad que ahora hace falta ver cómo se pone en práctica, pero no es la solución al problema histórico”, interpreta Ruba Husari, directora de la publicación especializada Iraqi Oil Forum.

La analista recuerda que ya antes ha habido gestos similares que no han llegado a ninguna parte. En cualquier caso, se trata de un “acuerdo provisional”, cuyo desarrollo resultará mucho más complejo. El meollo del asunto es la titularidad del crudo que se extrae en la región autónoma. Mientras los gobernantes kurdos interpretan que la Constitución les permite su explotación y exportación, las autoridades de Bagdad siempre han defendido que se trata de un recurso iraquí y que por lo tanto debe venderse a través de la Organización Estatal de Comercialización del Petróleo (SOMO, en sus siglas inglesas).

De momento, el portavoz del Gobierno kurdo dijo este jueves que la región iba a continuar las exportaciones a través del oleoducto inaugurado en mayo. Los responsables kurdos también han rechazado que vayan a entregar el control de sus exportaciones a SOMO.

Sin embargo, ambas partes necesitan un arreglo de la situación. Por un lado, el Kurdistán iraquí se encuentra al borde de una crisis fiscal debido a su dependencia de las transferencias presupuestarias de Bagdad. Aunque dispone de unas reservas estimadas en 45.000 millones de barriles, la incertidumbre legal sobre su derecho a vender ese petróleo de forma independiente disuade a los potenciales compradores. El nuevo Gobierno de Al Abadi, por su parte, necesita el respaldo de los kurdos para estabilizar el país y hacer frente al EI. La víspera, el primer ministro destituyó a 26 altos mandos del Ejército y retiró a otros 10 en un intento por poner orden en una institución clave para la seguridad del país.

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