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La negociación nuclear con Irán se prorroga hasta el 30 de junio de 2015

El régimen iraní considera un éxito la extensión en el diálogo sobre su programa nuclear

 reuters-live

La fiesta tendrá que esperar. La extensión este lunes de las negociaciones nucleares hasta el 30 de junio de 2015 frustró los planes de los iraníes que se habían movilizado a través de las redes sociales para celebrar un eventual acuerdo. Aun así, nadie quiere perder la esperanza. El presidente iraní, Hasan Rohaní, encomió la continuación de las conversaciones. “No dudo de que vamos a tener éxito y que tarde o temprano alcanzaremos un acuerdo”, aseguró tras subrayar que su apuesta por la interacción con el resto del mundo ha logrado que se respeten los derechos de Irán.

“Aunque aún no tenemos un acuerdo final, hemos logrado una gran victoria”, manifestó Rohaní en la televisión estatal. “Hoy nadie cuestiona el derecho de Irán a enriquecer en su territorio, ni la necesidad de acabar con las sanciones”, defendió.

El presidente iraní, que se ha jugado parte de su credibilidad en la negociación, minimizó las concesiones de Irán y también las diferencias que persisten. Pero sobre todo quiso dejar claro que había cumplido los dos objetivos que se propuso cuando inició el diálogo: proteger la tecnología nuclear de su país y levantar las sanciones.

“Las centrifugadoras siguen girando y no van a dejar de hacerlo nunca, pero a la vez no podemos permitir que deje de girar la vida de la gente”, dijo con un juego de palabras en persa.

Su doble mensaje buscaba tranquilizar a esa mayoría de iraníes que ansía el final de las penurias y el aislamiento, pero también acallar a los reaccionarios que recelan del trato con los extranjeros, en especial con EE UU. Tanto general Mohamed Ali Yafari, jefe de los Pasdarán —los Guardianes de la Revolución—, como el general Mohamed Reza Nagdi, jefe de los basiyíes—una milicia antidisidentes— volvieron a criticar este lunes las negociaciones.

Es la segunda vez que los representantes de Irán y las seis grandes potencias (EE UU, China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania) fracasan en cumplir su calendario. De acuerdo con el Plan de Acción acordado en Ginebra en noviembre de 2013, las negociaciones deberían haber concluido el pasado julio, pero en ausencia de resultados decidieron prolongarlas cuatro meses más.

“La extensión no lo va a hacer más fácil”, reconoció el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, en una comparecencia ante la prensa en Viena, transmitida en directo por el canal 6 de la televisión iraní. Kerry subrayó que se habían logrado “avances reales y sólidos” y que habían surgido “nuevas ideas” que justificaban el nuevo plazo de siete meses.

El secretario de Estado también expuso que el objetivo es alcanzar un entendimiento político para el 1 de marzo. “Si no logramos pactar sobre los principales puntos y establecer un camino claro, podemos reconsiderar cómo seguir”, admitió. Si todo va bien, los cuatro meses restantes se dedicarán a las cuestiones técnicas. De momento, los negociadores volverán a reunirse el próximo mes aunque no se ha decidido dónde.

“El mundo es más seguro que hace un año”, aseguró Kerry en referencia a lo que ha conseguido el Plan de Acción firmado entonces. Entre los avances mencionó que Irán ha frenado su programa nuclear, ha dado marcha atrás por primera vez en una década en su avance hacia la obtención de plutonio de grado militar, ha diluido o reconvertido todas sus existencias de uranio enriquecido por encima del 20%, ha congelado los trabajos en la planta de Arak y ha permitido el acceso diario a sus instalaciones de los inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Esas condiciones se extenderán todo lo que duren las negociaciones. Del mismo modo, se mantendrá el alivio de las sanciones acordadas en contrapartida y que suponen el desbloqueo de activos iraníes por valor de 700 millones de dólares (unos 565 millones de euros) mensuales.

“No se trata de un objetivo político o ideológico, sino práctico, de sentido común y alcanzable, y que cuenta con el respaldo unánime de las seis potencias” señaló Kerry, en un claro mensaje a Irán. El secretario de Estado detalló que se trata de “cerrar todas las vías para que Irán se dote de un arma nuclear, conseguir un nivel reforzado de inspecciones y levantar las sanciones relacionadas con el programa atómico”. Sin embargo, se negó a comentar dónde estaban los obstáculos para “preservar el espacio de negociación”.

“Desde julio los iraníes se han puesto más duros con el levantamiento inmediato de las sanciones de la ONU”, manifiestan fuentes diplomáticas europeas en Teherán. Otros puntos de contención parecen ser el número de centrifugadoras y el destino de las reservas de uranio enriquecido.

Algunos observadores dudan de que una extensión consiga que los iraníes muestren más flexibilidad para desbloquear el punto muerto al que se ha llegado. Los más escépticos cuestionan que el liderazgo iraní tenga verdadera voluntad de alcanzar un compromiso.

A ellos, Kerry les recordó que Irán había respetado el Plan de Acción, algo confirmado este lunes por un informe del OIEA al que tuvo acceso Reuters. También trató de tranquilizar a sus aliados en la región. “Estamos más cerca de lograr un acuerdo que hará más seguros a nuestros socios, Israel y [los países árabes] del Golfo”, dijo antes de añadir que no negociarán eternamente y que se medirá el progreso.

No estaba claro que lo lograra. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, expresó su satisfacción con la falta de avances antes incluso de que se anunciara la extensión.

“Nuestro futuro depende del acuerdo”

Ángeles Espinosa

“Queremos tener relaciones con otros países; un país aislado y cerrado no es fuerte”, declara Aziza, que estudia para convertirse en analista clínica en la Universidad de Teherán. Ella y otras dos compañeras que la acompañan muestran todo su apoyo al equipo negociador iraní. “Si el resultado es justo y Occidente no nos impone algo que no sea equilibrado”, apostilla Roya.

Para la mayoría de los estudiantes entrevistados, el principal beneficio de un acuerdo será económico. “Mejorará nuestra divisa. Se reducirá el coste de las importaciones y bajarán los precios de muchos productos, incluidos los aparatos que necesitamos para investigar”, señala Nima, un estudiante de ingeniería química.

Otros esperan la posibilidad de ampliar estudios en el extranjero, becas, acceso a fuentes de información ahora vetadas. Normalidad, al fin y al cabo. “Nuestro futuro, el que encontremos trabajo, depende de los resultados de las negociaciones”, asegura Negar, una arquitecta que prepara su máster.

“Lo más importante será el efecto social”, defiende Fereydun un profesor de instituto que estudia un máster de Historia de Irán. “Si no tenemos buenas relaciones con el resto del mundo, seguirán diciéndonos que somos un pueblo oprimido”, dice.

La desconfianza hacia Occidente, después de tres décadas largas de aislamiento del mundo, más el efecto de una década de consignas afirmando que “la energía nuclear es un derecho inalienable” no han logrado sin embargo anular el sentido crítico de los estudiantes. “La energía nuclear no es muy necesaria, se trata de un debate político. Si hay que pagar tanto por ella, no merece la pena”, afirma Fereydun. “No, no la necesitamos; los jóvenes y sus necesidades son más importantes”, concurre Negar.

“Realmente, la energía nuclear es algo del pasado porque plantea el problema de los residuos. Ahora es el momento de las renovables, por ejemplo aquí deberíamos aprovechar la geotérmica”, apunta por su parte Hamid Reza, que cursa un máster en química. En su opinión, el principal uso de la tecnología nuclear es la medicina. “Y para eso nos vale con enriquecer al 5%”, afirma. “El número de centrifugadoras no es importante; no sé porque el Gobierno se empecina en ello”, añade.

“Es una cuestión de orgullo nacional; a estas alturas no podemos echarnos para atrás y renunciar”, resume Yusef, un estudiante de arquitectura.

Aún así, si no se logra, muchos opinan que no será el fin del mundo. “Nos han debilitado, pero seguimos adelante; nos hemos acostumbrado, ya no puede ser peor”, concluye Kimia, que cursa primero de ingeniería química.

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