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Identificado uno de los 43 estudiantes entre los restos de un basurero

Los peritos argentinos identifican a uno de los jóvenes desaparecidos en México

Identificado uno de los 43 estudiantes entre los restos de un basurero

Uno de los 43 estudiantes de magisterio desaparecidos en el sur de México ha sido identificado entre los restos encontrados en un río y un basurero de Cocula (Guerrero), el lugar donde los sicarios detenidos declararon haber asesinado y calcinado a los muchachos. El anuncio lo hizo en redes sociales la escuela de maestros rurales en la que estudiaban los jóvenes y más tarde lo confirmó a EL PAÍS Felipe de la Cruz, el portavoz de los familiares. Se llamaba Alexander Mora Venancio y tenía 19 años.

Los forenses argentinos, peritos independientes encargados de fiscalizar la investigación mexicana, rescataron 17 restos humanos de dos bolsas de basura encontradas en el río cercano al lugar del secuestro, según explicó una fuente de seguridad. Uno de esos restos pertenece a Mora Venancio, detenido por la policía local de Iguala el 26 de septiembre junto a otros 42 compañeros y entregado, de acuerdo con la reconstrucción del crimen que ha hecho la fiscalía general, a unos pistoleros del cartel llamado Guerreros Unidos que le dieron muerte.

Alexander Mora, de 19 años, uno de los 43 desaparecidos y el único identificado en los restos de un basurero.
Alexander Mora, de 19 años, uno de los 43 desaparecidos y el único identificado en los restos de un basurero. Twitter

La identificación de los restos, en teoría, iba a prolongarse durante dos meses. Las autoridades mexicanas enviaron lo hallado a un laboratorio de Innsbruck, en Austria. El centro especializado en pruebas forenses de ADN tenía que dar una respuesta en un plazo de unos 60 días que todavía no se ha cumplido. Los forenses argentinos, en paralelo, han continuado con su labor de identificación. El viernes se reunieron con los familiares y les anunciaron que la prueba realizada a un hueso coincidía con el ADN de Alexander Mora. No está claro si la identificación corrió a cargo de los propios argentinos o estos fueron avisados por los expertos europeos. Ahora quedan por identificar otros 42 estudiantes.

Sobre las 14.00 horas del sábado, la escuela Rural de Ayotzinapa, el contestatario centro de estudios en el que se formaban los futuros profesores de las montañas, hacía el anuncio en Facebook recurriendo a la voz del propio estudiante hallado muerto: “Soy Alexander Mora Venancio. A través de esta voz les hablo: soy uno de los 43 caídos a manos del narcogobierno. Hoy 6 de diciembre le confirmaron los peritos argentinos a mi padre que uno de los fragmentos de mis huesos encontrados me corresponden. Me siento orgulloso de ustedes que han levantado mi voz, el coraje y mi espíritu libertario”.

La noticia coincidió con una marcha que los padres de los desaparecidos habían convocado en la Ciudad de México. “Los forenses argentinos, de los únicos que nos fiamos, nos reunieron a todos los padres para informarnos directamente”, cuenta el portavoz Felipe de la Cruz, quien critica que después de más de dos meses de investigación solo se haya identificado a un chico y apunta a que el paradero del resto sigue siendo una incógnita: “Seguiremos luchando porque tenemos esperanzas de que los demás sigan con vida. No vamos a permitir que cierren el caso así nomás”.

Un funcionario de la fiscalía general no desmintió la noticia y aseguró que el domingo las autoridades convocarán una rueda de prensa para dar más detalles. Los acontecimientos de Iguala, donde quedó de relieve la complicidad entre el narco y los políticos mexicanos, ha sumido a México en una profunda crisis institucional.

Alexander tenía 19 años. Estudiaba el primero de los cuatro cursos necesarios para convertirse en maestro de aldeas remotas. La escuela de Ayotzinapa es pública, gratuita y selecciona preferentemente a miembros de familias pobres. Era del municipio de El Pericón, en lo que se conoce como la Costa Chica, un lugar multiétnico donde hay poblaciones indígenas y descendientes de los africanos traídos aquí como esclavos. Hijo de campesinos, quiso buscar entre los libros una salida a la pobreza rural.