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París prohibirá los vehículos de diésel

El 84% de los ciudadanos ve prioritaria la lucha contra la contaminación

El tubo de escape de un vehículo en una calle de Madrid en 2012.

Los motores diésel van a ser en unos años una especie rara en París. La alcaldesa Anne Hidalgo ha confirmado este domingo su determinación de ponerles coto. Las emisiones de este carburante, según dictaminó hace un año la Organización Mundial de la Salud, causan cáncer de pulmón. “Quiero el final del diésel para 2020”, ha declarado Hidalgo a Le Journal du Dimanche (JDD). Es la medida más drástica para reducir la alta contaminación atmosférica de la capital francesa, pero no la única. Con la ayuda del Estado, que prepara su ley de transición energética y la próxima Cumbre del Clima, la alcaldesa cree que París podrá incluso interceptar el paso a los vehículos más contaminantes, gracias a la identificación que próximamente será obligatoria.

La política de movilidad del Ayuntamiento parisino ha disuadido a muchos de circular en coche por la ciudad. Hace trece años, el 40% de los residentes no disponía de automóvil. Ahora son ya el 60%. Apenas hay aparcamientos, además de ser cada vez más caros, y las multas son elevadas. El nuevo paquete contra la contaminación, que se debatirá el 9 de febrero, dificultará aún más el uso del vehículo privado al limitar también la circulación en el centro y grandes ejes, como Campos Elíseos y Rivoli.

Los motores diésel han estado tradicionalmente subvencionados por el Estado dada su menor emisión de dióxido de carbono. El primer ministro, Manuel Valls, reconoció la semana pasada que tal política, que también se ha llevado a cabo en otros países, como España, ha sido un error. El diésel emite dióxido de nitrógeno y, en ciertas condiciones, micropartículas, especialmente perjudiciales para la salud porque penetran fácilmente en los pulmones y la sangre.

Hace dos semanas se conoció el resultado del análisis del pico de contaminación sufrido en París el 13 de diciembre del pasado año: en las calles de la ciudad se respiraba el mismo aire que generan ocho fumadores en una habitación de 20 metros cuadrados. El problema alarma a los ciudadanos. El 84%, según la encuesta del JDD publicada también este domingo, cree que luchar contra la contaminación es una prioridad. El 47% de los que tienen un coche de diésel se dicen dispuestos a cambiarlo por ciertas ayudas para el coche eléctrico o el transporte público.

El Frente Nacional atacó ayer a la alcaldesa por su “ciego dogmatismo” y defendió a aquellas clases trabajadoras que no pueden cambiar su viejo diésel por otro vehículo más eficiente. Desde las asociaciones de automovilistas se asegura que en el metro hay cuatro veces más de micropartículas que en la calle. “En parte es cierto”, explica a EL PAÍS el experto en contaminación del Centro Nacional de Investigación (CNRS) Jean-Baptiste Renard, “porque por los respiraderos del metro entra el aire ya contaminado de la calle”.

 

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